Kirchner, distendido, mesurado y receptivo

Los esfuerzos se dirigen a mostrar una imagen presidencial
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3 de mayo de 2003  

A Néstor Kirchner no se le escuchó más levantar el tono de voz desde las elecciones que lo llevaron al ballottage frente a Carlos Menem. Habla pausado, casi en el mismo tono, está siempre de traje, no se altera ante las jugadas y desafíos de Menem, y comenzó en las últimas horas a definir en profundidad sus primeras medidas de gobierno.

Es casi la contracara del candidato que antes del domingo último se exaltaba en los actos políticos de la campaña, que casi no aparecía en los medios de comunicación y que tenía un discurso concentrado casi exclusivamente en atacar al "viejo fantasma", por el ex presidente, con quien el 18 del actual se medirá en las urnas.

Fue en cuestión de horas que se produjo esta especie de metamorfosis en el perfil del gobernador de Santa Cruz. El resultado de las elecciones fue determinante para que Kirchner ya se sintiera presidente, aunque intenta controlar que esa certeza no se le note demasiado.

Con la sensación de triunfo encima, su imagen y su discurso comenzaron a ir en esa dirección: quiere mostrar una imagen de presidente.

A diferencia de su rival, Carlos Menem, Kirchner no contrató asesores externos -al menos hasta ayer no lo había hecho- y siguió los consejos de los que siempre escucha: su esposa, la senadora Cristina Fernández, su jefe de campaña y mano derecha, Alberto Fernández, y hasta de su compañero de fórmula, Daniel Scioli, que poco a poco durante la campaña se fue ganando un lugar y el respeto del candidato.

Desde que consiguió en las urnas quedar a menos de tres puntos del ex presidente, y con un pronóstico de triunfo asegurado, según los encuestadores y analistas políticos, Kirchner se distendió, dejó a un lado la tensión que lo había invadido en las últimas semanas por la paridad que marcaban las encuestas y el repentino repunte de Ricardo López Murphy, que no llegó a concretarse.

Cambios sobre la marcha

La primera reacción de Kirchner ante los resultados marcó lo que será un eje de campaña: la mesura. Con eso también tuvo que ver su decisión de quedarse tres días en Río Gallegos, sólo acompañado por su esposa, además de sus inseparables secretarios privados, que estaban desbordados por las más de 400 llamadas que recibió el gobernador en un solo día.

Scioli fue uno de los que más insistieron en cambiar de actitud en esta campaña para el ballottage y mostrarse por encima de la disputa personal con Menem, algo que no había conseguido que el candidato hiciera durante la campaña.

Kirchner siempre estuvo convencido de que debía marcar fuertemente la diferencia personal con Menem; por eso llegó a hablar de que "un hombre que no quiere a sus hijos" no podía ser presidente. Nadie lo admitirá en público, pero esa frase fue por el ex presidente, que hace dos años que no se habla con su hija Zulema María Eva Menem, a la que todos llaman Zulemita.

El gobernador de Santa Cruz consideró que debía empezar de nuevo ahora que tenía asegurado su lugar en el ballottage. Por eso, sin dejar de marcar su diferencia con Menem (ya dijo que no debatirá con él porque Menem les debe primero explicaciones a la gente y a la Justicia), planteará su disputa en términos de modelo de país y de seriedad para gobernar en la Argentina.

Se escuchará al candidato en los próximos días hablar todo el tiempo de un modelo productivo, racional y progresista, y de cambiar la cultura política en el país. En los últimos días, ya en Buenos Aires, donde mantuvo diversos contactos y analizó con Roberto Lavagna el futuro económico, se entusiasmó, en reuniones privadas, con la idea de que su presidencia cambiará la Argentina.

No está dispuesto a asumir ningún riesgo en el camino que tiene que recorrer de aquí al 18. Eso se lo deja a Menem, a quien califica de "desesperado porque sabe que va a perder". Su estrategia apunta, a diferencia de la anterior campaña, a tener mayor presencia en los medios de comunicación, tomar contacto con distintos sectores para explicar su plan de gobierno, reforzar su presencia en las provincias donde perdió y no hacer actos políticos.

La imagen del Kirchner del ballottage será la de un hombre tranquilo, sin alteraciones, que no planteará fuertes disputas porque quiere instalar la idea de unidad y paz para la Argentina, y la de un político que intenta captar la voluntad de los independientes.

Busca un contacto con la gente que la falta de carisma se lo dificulta. Por eso, recurrirá al discurso. La estrategia apunta a mostrarse ya como un presidente que prometerá gobernar para todos los argentinos, lejos de los condicionamientos políticos que muchos creen que tendrá por el apoyo clave para su candidatura que le dio el presidente Eduardo Duhalde, con el poderoso aparato del PJ bonaerense detrás.

Kirchner jura que el Presidente, con quien se reunió, no le pidió ni siquiera un ministerio para sus hombres y que no tienen una negociación de cargos a cambio de apoyos parlamentarios (ya que Duhalde manejará el nutrido bloque de diputados del PJ bonaerense).

Su próximo desafío es mostrarse como un hombre con independencia de acción frente al apoyo de Duhalde, que es uno de los hombres con más poder en el PJ, y con quien ayer definió la estrategia de la campaña que podría terminar uniéndolos, por primera vez, en un triunfo.

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