Kirchner ordenó expulsar a D’Elía del Gobierno

El subsecretario y ex piquetero respaldó ayer a Irán en el conflicto por la causa AMIA
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14 de noviembre de 2006  

Néstor Kirchner estalló de bronca. “¡Este muchacho se volvió loco!”, le dijo por teléfono desde Santa Cruz a uno de sus ministros de máxima confianza. “Lo quiero afuera ya mismo”, soltó luego, fulminante.

El blanco de la ira era Luis D’Elía: el Presidente ordenó ayer expulsar del Gobierno al subsecretario de Tierras para el Hábitat Social y ex líder piquetero, que ayer respaldó abiertamente a Irán en el conflicto que se abrió con la Justicia argentina por los pedidos de captura internacional contra nueve ex funcionarios iraníes acusados de haber provocado el atentado a la AMIA.

La medida se instrumentaría en las próximas horas, cuando Kirchner regrese de la Patagonia, donde pasó el fin de semana, confió a LA NACION uno de los hombres más importantes del Gobierno. “La decisión de que se vaya está tomada: D’Elía no seguirá un minuto más como funcionario de este gobierno”, completó la fuente, de acceso cotidiano al despacho presidencial.

El alejamiento de D’Elía fue resuelto después de que éste se reuniera ayer con el encargado de negocios iraní en Buenos Aires, Mohsen Baharvand, y manifestara ante él y en un comunicado difundido a la prensa que “el dictamen judicial que acusa a la República de Irán por el tema AMIA está profundamente contaminado por circunstancias mundiales ajenas a la búsqueda de la verdad”.

El ex dirigente piquetero –responsable de la toma y el destrozo de una comisaría en La Boca, de intromisión en una estancia privada en Corrientes y de sistemáticos ataques verbales a la oposición, entre otros hechos– habló y actuó en momentos en que la relación diplomática con Irán atraviesa un pico de tensión tras la orden de captura contra el ex presidente Al Di Akbar Hahsemi Rafsanjani y otros ocho ex funcionarios y diplomáticos de Teherán que firmó la semana pasada el juez federal Rodolfo Canicoba Corral.

Esos roces internacionales preocupan al Gobierno. Ocurre que, a modo de respuesta a la iniciativa judicial, Irán había anunciado por medio del fiscal Qorbanali Dorri-Najafabadi que reclamaría a Interpol el arresto y la extradición del fiscal Alberto Nisman y del ex juez de la causa AMIA, hoy destituido, Juan José Galeano.

En medio de la controversia suscitada por D’ Elía, la Cancillería citó ayer a Baharvand para reclamarle explicaciones. El director general de Política Exterior, Luis Cappagli, le requirió en nombre del gobierno argentino que "ratificara o rectificara" las declaraciones de Qorbanali Dorri-Najafabadi.

Vanamente, D’ Elía sostuvo ayer que había concurrido a la representación diplomática de Irán en carácter de dirigente social y no como funcionario con el fin de "reivindicar la independencia de la justicia argentina" para proseguir las investigaciones sobre el atentado contra la AMIA.

Además, en un comunicado de prensa, el funcionario desmintió "terminantemente un supuesto pedido de renuncia" a su cargo.

En el Gobierno, sin embargo, no dejaron margen para dobles interpretaciones sobre su futuro. Altas fuentes oficiales revelaron que el Presidente dispuso su desplazamiento del cargo.

"Cruzó una línea infranqueable: nunca, jamás, un funcionario del Gobierno debe abrir juicios sobre causas judiciales abiertas, y menos si atañen a un tema tan sensible como la voladura de la AMIA", advirtió anoche un encumbrado ministro de Kirchner a LA NACION.

Desgaste

En rigor, el caso iraní fue la gota que rebasó el vaso: la relación entre el piquetero devenido funcionario y la Casa Rosada estaba desgastada desde hacía ya varios meses, producto, principalmente, de la decisión de la primera línea del Gobierno de aislar y marginar del poder al siempre controvertido ex piquetero.

En el último tiempo, sobre todo después de la irrupción de D’ Elía en los campos del empresario norteamericano Douglas Tompkins en Corrientes, tras la promoción parlamentaria de las expropiaciones y luego de la contramarcha contra Juan Carlos Blumberg, en el Gobierno se percibió un impacto negativo de sus apariciones en la opinión pública.

Las repercusiones no se limitaban a la imagen de D’ Elía: también salpicaban al Gobierno, del que, inexorablemente, el subsecretario de Tierras era hasta ayer un integrante activo.

Kirchner, entonces, ordenó mandar a callar al ex piquetero y dispuso limitar su margen de acción en el Ministerio de Planificación Federal, del que dependía su área.

La repartición fue creada por medio de un decreto presidencial con el fin de abocarse a la regularización de los dominios de las tierras fiscales existentes en todo el país, con el propósito de facilitar áreas para la edificación de unidades habitacionales.

Para llevar adelante su labor, D’ Elía necesitaba de vastos recursos para la compra de terrenos y el pago de costas legales. Pero la Subsecretaría de Tierras para el Hábitat Social no dispuso de un presupuesto definido en los nueve meses en que estuvo en funciones su único titular. La Secretaría de Obras Públicas, que, según lo asignado en el presupuesto 2006, cuenta con recursos por 3000 millones de pesos, no le transfirió fondos para actuar en todo ese tiempo.

La reacción de D’ Elía al vacío del oficialismo fue radical: hace veinte días presentó su renuncia ante el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, pero éste lo convenció de que permaneciera en el cargo.

¿Por qué hizo eso Parrilli? Porque algunos sectores del Gobierno interpretaban entonces -y algunos aún lo hacen- que D’ Elía podría convertirse en un problema si se ubicara en la vereda de enfrente al oficialismo.

Pocos se olvidan de cuando dijo que "defendería a los tiros al Gobierno" si eso fuera necesario. ¿Haría todo lo contrario si se convirtiera en un opositor despechado?

Incluso, varios funcionarios se preguntaban ayer si, con su respaldo a Irán, D’ Elía había buscado su salida del Gobierno, molesto, incómodo y dispuesto a vengarse por el llamado a silencio y por el vacío de poder al que fue sometido por el oficialismo.

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