Kirchner quiere privilegiar la obra pública

El gobernador de Santa Cruz también promoverá el crédito para las Pyme; complejo escenario de negociaciones con el FMI
Mariano Obarrio
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13 de mayo de 2003  

Si Néstor Kirchner gana en la segunda vuelta del domingo próximo, como pronostican todas las encuestas, deberá asumir la presidencia una semana después, y es por ello que anticipó una decisión política clave: intentar que crezca el superávit fiscal para volcar una masa apreciable de recursos públicos al plan de obras públicas y a créditos para las pequeñas y medianas empresas.

El interrogante que hay en el Gobierno reside en la viabilidad del proyecto. Cualquiera que asuma el 25 de este mes deberá negociar el acuerdo definitivo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y ese acuerdo está atado al pago de deudas.

La Argentina debe cancelar o renegociar vencimientos con los organismos internacionales de crédito: son 3000 millones de dólares en septiembre y 6000 hasta diciembre.

Por ello, la gran incógnita, incluso para el presidente Eduardo Duhalde, según dos de sus ministros, reside en si el FMI permitirá utilizar el superávit, de unos 8000 millones de pesos para 2003, en otra cosa que no sea el pago de deudas con organismos y con tenedores privados en default.

Ese sobrante fiscal equivale al 2,5% del PBI, tal como se pautó en la meta del acuerdo provisional con el FMI.

"El Fondo va a pedir que paguemos todo. Ya hemos agotado el recurso de patear para adelante", dijo un ministro cercano a Duhalde.

Pero en los últimos días Kirchner maduró dos decisiones de hierro, junto con Daniel Scioli, su eventual vicepresidente, y Roberto Lavagna, que seguirá como ministro de Economía.

Según dijo a LA NACION un allegado a éstos, se resolvió: primero, intentar que crezca el superávit por encima del 2,5% con mecanismos de aumento de ingresos; segundo, en la opción entre pagar deuda o hacer obras, se asignará la prioridad política a encarar el plan de obras y estímulo a las Pyme.

"Con el FMI hay un año de tranquilidad", habría sugerido Lavagna en el equipo de Kirchner. Por ello decidieron avanzar con el programa de obras, que, además, estiman, tendrá otras líneas de financiamiento de organismos de crédito, como el Banco Mundial.

Según miembros del equipo económico de Kirchner, el candidato sabe que en esta determinación se definen el éxito o el fracaso de su programa de gobierno y el cumplimiento de sus promesas de campaña o de una nueva frustración del electorado.

Resultados

Kirchner, además, necesita lograr resultados exitosos en su política de pleno empleo y de crecimiento económico. Sólo así podría contrapesar, según sus allegados, las medidas duras que deberá tomar en virtud de las exigencias que impondrá el acuerdo con el FMI y que comprometerán permanentemente la gobernabilidad.

El Fondo exigirá renegociar los contratos y aumentar las tarifas de servicios públicos privatizados; reestructurar la deuda pública; la reforma tributaria, de coparticipación, del sistema financiero, de la banca pública, aumentos en los combustibles y la compensación a los bancos por la pesificación asimétrica. Todas medidas antipáticas cualquiera sea el próximo presidente.

"La fuerte inversión pública no sólo es para crear empleo, sino la infraestructura necesaria para revertir el cuello de botella del proceso productivo y lograr el despegue, el desarrollo económico y un plan estratégico para consolidar un programa sustentable como el que exige el FMI", dijo a LA NACION una fuente del equipo económico de Kirchner.

Cerca de Scioli aseguraron a LA NACION que para generar más ingresos se aplicarán mecanismos de lucha contra la evasión fiscal y el contrabando, mediante fuertes reformas en la AFIP. "Hay voluntad política para ir a fondo en este tema", aseguran.

Además, Lavagna y Scioli diseñan proyectos de ley de reforma tributaria y de modificación de la ley de entidades financieras, en este caso para estimular el crédito.

La misma disyuntiva de Kirchner tuvieron que enfrentar los últimos gobiernos. En 1995, Carlos Menem ganó las elecciones con la promesa de un plan quinquenal para "pulverizar" el desempleo; en 1999, Fernando de la Rúa llegó al poder con el proyecto de un gran plan de infraestructura.

Una vez en el gobierno, la prioridad siempre fue el ajuste fiscal para generar recursos y así pagar la deuda pública. De allí que siempre las obras quedaron para otro momento. ¿Cuál será la prioridad de Kirchner? "Hay absoluta decisión de privilegiar las obras. Una parte del superávit se canalizará al pago de las deudas, pero además se negociará una postergación de pagos para volcar recursos a un plan de desarrollo", dijo a LA NACION un allegado al candidato.

Sin ajustes

"No más programas de ajuste. Asumiremos sólo compromisos que son posibles de cumplir", añadió. Aunque admitió que "algo el FMI va a pedir".

Esa fuente subrayó que todos los organismos de crédito "advirtieron las consecuencias que tuvieron las restricciones". Y se esperanzan en que habrá margen para nuevas recetas en virtud de recientes elogios del gobierno de los Estados Unidos y del FMI al crecimiento del PBI.

"Ahora es el tiempo de hablar de estrategia de desarrollo y visión de largo plazo", dijo un hombre de Lavagna.

Todo el secreto, dijo, consistirá en encontrar el punto de equilibrio entre la negociación con los organismos internacionales y con los tenedores de deuda pública y la generación de capacidad de crear riqueza para darle solidez al programa.

En el Banco Central (BCRA) no son tan optimistas. "En el FMI no lo tienen claro, todavía. No está definida la agenda del Fondo para la Argentina", dijo un importante funcionario. Más aún, en la Casa Rosada aseguran que altos directivos del BCRA recibieron señales de técnicos del Fondo que no serían tan alentadoras: el FMI exigiría el pago impostergable de buena parte de las obligaciones con los organismos.

Según sus allegados, Scioli dijo que el Fondo no obstaculizará el plan de obras. "Los ajustes no van más; hasta en el FMI se dieron cuenta de que con aquellas recetas fuimos a parar al abismo", afirmó.

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