Kirchner y Scioli definieron la convivencia

Fue durante un desayuno que compartieron en Río Gallegos; el vicepresidente reclamó mayor poder y el presidente aceptó El secretario de Turismo quiere ser el enlace con las provincias y participar en el plano internacional Apoyo del jefe del Estado Cómo es la relación entre ambos
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22 de mayo de 2003  

Néstor Kirchner y Daniel Scioli definieron en un desayuno a solas cómo será su convivencia en el poder. Por primera vez desde que decidieron competir por la presidencia hablaron de un tema que evitaron durante toda la campaña. Fue hace 48 horas, en la residencia del gobernador, en Río Gallegos, y duró casi una hora.

"Vos sabés que yo soy un hombre leal y vas a tener en mí el que mejor venda la acción del gobierno. Pero quiero hacer cosas", dijo el vicepresidente electo, según confió a LA NACION una fuente calificada. Faltaba una hora para que el presidente electo anunciara su gabinete, que le anticipó cuando tenía todo decidido.

Kirchner tiene un estilo bien definido para ejercer el poder: no le gusta delegar y se encierra en sí mismo y en su grupo de confianza, su esposa, la senadora Cristina Fernández, y el futuro jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para tomar decisiones. El último gesto en el que se evidenció ese estilo fue en cómo armó su gabinete.

"Necesito que vengas, que hoy a la noche hay un acto y quiero que estés conmigo cuando anuncie el gabinete", le dijo Kirchner a Scioli el lunes último. El vicepresidente electo se tomó un avión y fue a Río Gallegos, compartió con Kirchner una comida íntima en su residencia y cuando se habló del gabinete Kirchner sólo dijo: "Mejor hablamos mañana porque todavía no lo tengo cerrado".

Esa mañana Kirchner le contó los nombres y hablaron de cómo será su relación desde que asuman el poder.

"Moderno y con presencia"

Scioli había puesto una sola condición cuando un operador de Kirchner le ofreció la candidatura a vicepresidente y él estaba a 24 horas de convalidar su candidatura a jefe de gobierno porteño: no ser un vicepresidente "pintado".

Hace 48 horas volvieron a hablar de ese tema. Scioli pretende ser un vicepresidente "moderno" y con presencia. Eso es, y se lo dijo a Kirchner, no quedarse sólo en el papel institucional de la presidencia del Senado. Por eso, pidió al presidente electo funcionar como enlace entre las provincias y el gobierno (viajará todos los días a algún distrito) y participar en la política internacional con el canciller designado, Rafael Bielsa, y el ministro de Economía, Roberto Lavagna.

La retención del manejo de la Secretaría de Turismo y Deportes ya estaba acordada desde el principio.

"Yo no soy un tipo jodido, pero a mí dame laburo", dijo Scioli en el desayuno con Kirchner. El presidente electo, según contó otra fuente, aceptó que su vicepresidente desempeñe un papel activo en el gobierno. Después de acordar las bases de la futura convivencia, Scioli tomó un avión y volvió a la Capital y Kirchner se quedó en Santa Cruz con sus íntimos preparando cómo serán sus primeros días en la presidencia, y postergó otro día más el encuentro con sus ministros.

La relación Kirchner-Scioli fue, hasta que el ex presidente Carlos Menem renunció al ballottage, algo distante, aunque siempre en buenos términos. No tuvieron nunca una discusión, por lo menos cara a cara.

Por el ritmo que imponía la campaña y obligaba a cada uno a hacer su estrategia y aparecer juntos sólo para los actos. Hablaban por teléfono, pero no acordaban la estrategia. La campaña siempre estuvo en manos de Kirchner, tal como afirmaba en ese momento Alberto Fernández, jefe de Gabinete designado.

Pero la distancia también tuvo que ver con que Kirchner no abría el juego a su compañero de fórmula y Scioli se encargó de hacer sus propias jugadas. Un funcionario de Duhalde dijo a LA NACION que durante la campaña tuvo que hacer de "mediador" entre Scioli y Kirchner en algunos momentos de cierta tensión.

Uno fue cuando Kirchner dijo que no había que reunirse con empresarios y partió a visitar al presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, y Scioli se reunió con empresarios, banqueros y con dirigentes gremiales, algo que habría molestado al entonces candidato a presidente. "Siempre hice todo porque creía que era lo mejor para la fórmula y ahora lo único que importa es que llegamos", dijo el vicepresidente electo a sus colaboradores.

Nunca discutieron por espacios durante la campaña y tampoco lo hicieron en el desayuno en el que hablaron cómo convivirán desde la semana próxima. Scioli no quiere dejar espacios libres y por eso está decidido también a ocupar un despacho en la Casa Rosada, además del que tendrá en el Senado, algo que le habría pedido el presidente pese a que Scioli no es una persona de su extrema confianza.

"Vos sabés que soy leal y voy a laburar mucho. Lo acompañé a Menem hasta la cárcel y a Rodríguez Saá hasta San Luis cuando renunció -Scioli fue el que viajó en el Tango 01 con la carta de la dimisión y el edecán presidencial para llevar la misiva al Congreso-. Con Duhalde estuve desde el principio y va a ser lo mismo con vos. Podés contar conmigo", dijo Scioli a Kirchner en Río Gallegos.

Cuando llegó a Buenos Aires les contó a los suyos que se sentía "muy agradecido" porque el presidente se había mostrado de acuerdo con cómo será su papel en la vicepresidencia.

El primer contacto personal que tuvieron Kirchner y Scioli fue en febrero de 2002, cuando el secretario de Turismo visitó El Calafate y el matrimonio Kirchner lo invitó a comer para festejar el cumpleaños del entonces gobernador de Santa Cruz.

Pasó un año, pese a que afianzaron su relación, hasta que acordaron la fórmula presidencial y comenzó la campaña. Tienen estilos totalmente diferentes pero los que conocen a ambos aseguraron a LA NACION que eso no implicará ninguna fisura entre ellos en el próximo gobierno.

Kirchner está decidido, y lo dice desde que es presidente electo, a mantenerse igual que antes de asumir el poder: lo dice por sus convicciones, su forma de ejercer el poder, pero también por su estilo de vestir.

Scioli promete ser un hombre de acción y un fiel seguidor de su jefe político. No quiere limitar su función institucional al Senado, donde también pretende ponerse al frente de las negociaciones con los bloques.

El acuerdo es que cada uno mantenga su espacio. El esquema será igual que hasta ahora: Kirchner decide y Scioli lo respalda.

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