Kirchner y Scioli, otra vez distanciados

El Gobierno cree que el vicepresidente no hace campaña y que conduce el Senado con gestos a opositores
Mariano Obarrio
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25 de septiembre de 2005  

Los hombres más cercanos al presidente Kirchner renovaron sus reproches y reprimendas al vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, al que consideran poco involucrado en la campaña electoral de la Casa Rosada. Cuestionan su manejo del Senado, su inasistencia a los actos proselitistas del Frente para la Victoria y su concurrencia a otros encuentros con opositores.

No habrá castigos en público de Kirchner hacia Scioli porque no serían convenientes para la estrategia oficial con miras a las elecciones del 23 de octubre próximo. Pero lo cierto es que el nuevo distanciamiento entre Kirchner y Scioli es palpable.

El miércoles último por la noche, Scioli fue visitado por el senador kirchnerista Marcelo Guinle, que le recriminó el manejo de la sesión de ese día: extendió más de la cuenta el debate sobre la ley de un fondo algodonero, que al Gobierno no le interesa tratar.

"¿Por qué le das la palabra tanto tiempo a la oposición para que ataque al Gobierno? Vos conocés el reglamento. ¿Para quién estás jugando?", le reprochó Guinle, que es presidente provisional del Senado, patagónico y responde ciegamente a Kirchner.

"Yo soy el presidente del Senado y les doy la palabra a todos los bloques. Todos deben hablar. Que no se metan en mi atribución institucional", lo cortó Scioli, según cuentan algunos allegados.

Presiones

Una versión lanzada a rodar por el kirchnerismo indicó que tres senadores que responden a la Casa Rosada presionan a Scioli para delegar en Guinle la conducción de sesiones delicadas. Los hombres del vicepresidente lo niegan. "Sólo vinieron Guinle y el secretario parlamentario, Juan Estrada", dijeron. "Y Scioli no delegará en nadie la conducción de las sesiones", agregaron.

La senadora Cristina Kirchner, nada menos, y Miguel Pichetto buscarían recortarle esas facultades.

Otro cortocircuito con la Casa Rosada se desató cuando los kirchneristas culparon a Scioli de permitir que senadores opositores se despacharan contra el Gobierno. Eduardo Menem, del PJ; Mario Losada, de la UCR, y Rubén Giustiniani, del socialismo, reclamaron desde sus bancas que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, fuera al Congreso a dar su informe mensual, en medio del conflicto por la salida de la empresa francesa Suez de Aguas Argentinas.

La respuesta de la Casa Rosada será distanciarlo cada vez más del poder real. Esta situación no es nueva: en los albores del mandato de Kirchner, Scioli criticó la política oficial de derechos humanos y de tarifas. El Presidente lo despojó de todos los cargos que le había dejado para su gente en la Secretaría de Turismo de la Nación.

La reconciliación vino unos meses más tarde. Pero ahora aseguran que se volvieron a debilitar los contactos entre Scioli y los funcionarios, que saben que cayó en desgracia ante Kirchner. De hecho, el vicepresidente no se reúne con el Presidente desde que participaron del lanzamiento de la campaña del Frente para la Victoria, en Rosario, el 24 de agosto último.

Contacto protocolar

Sólo se vieron las caras de manera protocolar cuando Kirchner partió a Nueva York a la asamblea anual de la ONU, hace quince días, y delegó el mando en su vicepresidente.

"Notamos que hay mucho nerviosismo y paranoia en la Casa Rosada", retrucan cerca de Scioli, y sostienen: el vicepresidente sigue siendo el mismo de siempre y busca imprimirle un valor propio al cargo.

Antes del encuentro en Rosario, había estallado la crisis cuando Scioli reclamó, en una entrevista que concedió a LA NACION, que la campaña transcurriera "sin agravios y con propuestas". Kirchner, por entonces, atacaba todos los días a Eduardo Duhalde y lo acusaba de conformar un "pacto de desestabilización" junto con Carlos Menem y Luis Patti.

Con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, Scioli conversa sólo lo imprescindible. Casi ni se hablaron cuando el vicepresidente reemplazó hace días a Kirchner en la Casa Rosada.

Sí habló con Aníbal Fernández, ministro del Interior, para acordar el operativo de control de una marcha piquetera. Scioli y Alberto Fernández están enfrentados por sus aspiraciones políticas: pretenden la jefatura del gobierno porteño en 2007.

En las proximidades del jefe de Gabinete le reprocharon al vicepresidente su elocuente ausencia en una cena del Frente para la Victoria porteño que organizó el miércoles último, en La Rural, el sindicalista Víctor Santamaría, hombre de extrema confianza de Alberto Fernández.

Se promovía allí la candidatura a diputado de Rafael Bielsa. Y el apoyo de Scioli, de buena imagen pública, podría haberle arrimado algunos votos al canciller, que marcha tercero en las encuestas.

En cambio, Scioli aceptó una invitación a disertar en un seminario en Rosario, anteayer, donde también participó el candidato a diputado socialista de Santa Fe Hermes Binner. La Casa Rosada le recriminó que el encuentro estaba "organizado para Binner". El candidato del PJ, Agustín Rossi, no fue invitado, pero dijo a LA NACION que era sólo "institucional".

Tras la tensión, Scioli prometió futuras actividades con Rossi y dijo que a él lo había invitado el gobernador, el peronista Jorge Obeid.

Molestias

  • “Todo esto no lo hace de ingenuo. Está construyendo un perfil propio y eso no gusta al Presidente. No admite no ser el número uno”, dijo un funcionario de Néstor Kirchner. Otro deslizó que la Casa Rosada teme que Daniel Scioli sea en 2007 candidato a jefe de gobierno porteño, apoyado por Eduardo Duhalde. Causan recelos sus actos en el Senado para entregar medallas a celebridades y sus reuniones con embajadores.
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