Kirchner ya piensa en cómo gobernar

Por Martín Rodríguez Yebra De la Redacción de LA NACION
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14 de mayo de 2003  

Los tiempos políticos de Néstor Kirchner se aceleraron a ritmo vertiginoso tras el mediodía de ayer.

Convencido de que se convertirá en presidente electo de un momento a otro, ya diseñó la primera jugada decisiva de su eventual gestión: garantizar la legitimidad de su poder aunque Carlos Menem le impida obtener un aplastante triunfo en las urnas.

Kirchner sabe que no puede cometer un error en esa instancia. Buscará armar una red de apoyos multisectoriales y machacará con la idea de que el respaldo popular de su gobierno no será el 22,24 por ciento que obtuvo el 27 de abril sino el porcentaje muy superior que vaticinan las encuestas. Lo desvela la gobernabilidad.

"Si Menem deja al país sin ballottage, nos haremoscargo de inmediato. Nadie podrá dudar de que renuncia porque no tiene posibilidad de evitar una paliza", afirmó anoche a LA NACION Alberto Fernández, jefe de la campaña de Kirchner, después de pasar casi todo el día con el candidato.

El mensaje forma parte del discurso que ayer imaginaba pronunciar Kirchner en público si Menem hubiera anunciado su deserción.

"Tenemos que unir esfuerzos, en un ambiente de confianza interna y externa. No hay que dramatizar. Vamos a gobernar para todos, incluso para quienes votaron al doctor Menem", enfatizó el candidato a vicepresidente, Daniel Scioli, entrada la noche, cuando aún esperaban una definición inminente del ex presidente.

Kirchner esperó las novedades en la Casa de Santa Cruz y evitó cualquier contacto con la prensa, incluso los ya pautados, hasta que no se sepa oficialmente qué hará su rival. También postergó sus actividades oficiales de hoy, entre las que se contaba una reunión con la Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina (ADEPA).

Sólo lo obsesiona conjurar los miedos de un gobierno con debilidad de origen. "Si piensan que van a arrastrar el mantel para tirar todo por el suelo están equivocados", arengó a un grupo de sus colaboradores. Y agregó: "La legitimidad de este gobierno va a estar dada por la gestión".

La eventual decisión de Menem afectaría sus planes en más de un aspecto. Por ejemplo, no será lo mismo conformar el gabinete después del ballottage o a partir de la suspensión de los comicios. Un triunfo aplastante suele dar mayor libertad a cualquier candidato, analizaban en su entorno.

Ayer empezaron a circular nombres de posibles ministros o funcionarios (se mencionó a José Bordón, a Torcuato Di Tella, a Gustavo Beliz y a Rafael Bielsa), pero el candidato mandó desmentir todo. "No se va a hablar nada hasta que se sepa si hay o no elecciones", dijeron sus voceros.

Sorpresa e indignación

Los rumores periodísticos lo habían alertado por la mañana, durante una reunión con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias. Al salir, advirtió que Menem "es capaz de todo" y dijo que si renunciara le haría al país "un daño enorme".

"Lo que todo este tiempo traté de hacer fue conformar una alternativa frente al menemismo. Ahora no vayan a pedir que lo convenza yo de que se quede", ironizó.

Comparó a Menem con Fernando de la Rúa ("Parece ser que los que más responsabilidades han tenido con los daños institucionales, políticos y económicos que sufrió la Argentina se suelen escapar", dijo) y afirmó que si se anticipa su victoria la gobernabilidad "estará garantizada".

Después de esa reunión, se encerró en su departamento de Recoleta y habló con Eduardo Duhalde. El Presidente le dijo que la versión parecía confirmada. Había que ponerse a trabajar de inmediato.

A esas horas, operadores menemistas se comunicaron con el diputado Alberto Fernández para leerle el texto de una supuesta renuncia de Menem. Era un mensaje conciliador, en el que el ex presidente reconocía el triunfo de su rival y fomentaba un acuerdo de gobernabilidad.

Kirchner no lo creyó. "Esto puede ser una operación para que salgamos a adjudicarnos el triunfo. Que nadie hable", ordenó a sus asesores y volvió a la Casa de Santa Cruz.

Lo esperaba el intendente de Rosario, el socialista Hermes Binner. "Vine a traerle mi apoyo para la segunda vuelta electoral", ratificó el dirigente al retirarse. Decenas de diputados nacionales, legisladores y curiosos se agolpaban en la entrada de las oficinas de Kirchner.

El gobernador de Tierra del Fuego, Carlos Manfredotti, sumó su aporte. "Desearía muchísimo que se produzca el ballottage para el bien del futuro gobierno", expresó. Siete intendentes bonaerenses encabezados por Hugo Curto (Tres de Febrero) siguieron la ronda de apoyos.

Casi todos los gobernadores peronistas llamaron a los teléfonos del candidato. Creían que ya era el presidente electo, pero él seguía cauto. "Esperen, puede ser una trampa", les dijo a por lo menos dos de ellos.

Las últimas horas del día las pasó en la intimidad, con su esposa, la senadora Cristina Fernández; con Scioli (también acompañado de su mujer, Karina Rabolini) y con el diputado Fernández.

El vocero Miguel Núñez fue encomendado a dar el mensaje final en medio de la guerra de nervios. "Fue una jornada bochornosa", afirmó ante un enjambre de cámaras y micrófonos. El insólito sainete reservó para hoy otro capítulo decisivo.

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