La Argentina busca la forma de estar presente en Irak

Joaquín Morales Solá
Se enviarían gendarmes para instruir a policías y a oficiales
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19 de junio de 2003  

La Argentina posiblemente estará en Irak de formas diversas, aunque no enviará tropas de la Gendarmería para contribuir a la seguridad interior del devastado país de Medio Oriente.

Hay que ser precisos: ni el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, ni el embajador norteamericano en ese organismo, John Negroponte, le pidieron al canciller Rafael Bielsa que la Argentina enviara tropas a Irak. El pedido existió, pero fue verbal, se hizo en Washington y sucedió en los últimos días de Eduardo Duhalde.

Diplomáticos argentinos habían sondeado antes la posibilidad de que tales tropas estuvieran bajo la supervisión directa de la ONU. Eso es imposible. El delegado personal de Kofi Annan en Irak, el brasileño Sergio Vieira de Mello, no conduce ejércitos; éstos están bajo el mando de lo que la ONU llama en sus documentos la "autoridad". Se trata de un eufemismo para referirse a los generales de la coalición entre norteamericanos y británicos.

La primera objeción para colocar tropas argentinas bajo la conducción de la "autoridad" es política. Soldados argentinos estuvieron en la guerra del Golfo y en el reciente conflicto de Kosovo. En el primer caso, se trató de la ocupación de un país (Irak invadió Kuwait) y, en el segundo, de frenar el genocidio de la población musulmana.

En cambio, no se apaciguó aún en el hemisferio norte el escándalo político por la guerra en Irak: no hubo ahí que reprimir una invasión ni se estaba ante un genocidio, aunque la satrapía de Saddam Hussein era cruel y sanguinaria. Pero, ¿cuántos sátrapas gobiernan a sus anchas en Oriente, Asia y Africa?

En Washington, Londres y Madrid, capitales de los países más comprometidos con la invasión de Irak, la oposición a los partidos gobernantes está aumentando porque las supuestas armas de destrucción masiva en manos de Saddam no aparecen por ningún lado.

El segundo argumento es humano. Al revés de casi todos los casos en los que actúan tropas de paz argentinas, en Irak es frecuente la muerte de soldados extranjeros. En las últimas semanas, murieron más de 30 militares norteamericanos por obra de comandos suicidas o de francotiradores. Funcionarios argentinos temen que la eventual muerte de gendarmes termine cuestionando aquí, socialmente, a las tropas de paz, un proyecto que el gobierno de Néstor Kirchner aspira a ampliar.

Sin embargo, la propuesta verbal de Bielsa a Annan de que la Argentina está dispuesta a contribuir con ayuda humanitaria a Irak podría incluir, sí, la presencia de algunos gendarmes en condiciones de instruir a la policía iraquí y oficiales militares preparados para detectar territorios minados, entre varias cosas más. La respuesta está ahora en poder de Kofi Annan.

***

Bielsa, que ha dejado en Estados Unidos una "excelente impresión", según aseguraron funcionarios del Departamento de Estado, repitió la posición argentina ante Negroponte. El embajador norteamericano en Naciones Unidas es, de acuerdo con la tradición de Washington, un funcionario de enorme relieve que integra el Consejo de Seguridad presidencial.

Conviene detenerse en el otro conflicto abordado por Bielsa. Es cierto que la disputa con Gran Bretaña por las islas Malvinas había dejado de figurar en la política exterior argentina, aunque debe reconocerse que el ex canciller Guido Di Tella la recuperó en los últimos tiempos de su larga gestión.

Hubo entonces varias reuniones secretas en Londres y en Buenos Aires para redactar un acuerdo, que en los borradores incluía la presencia de la bandera argentina en las islas. La negociación se interrumpió cuando Carlos Menem constató que le sería imposible acceder a una segunda reelección consecutiva en 1999. Aquel acuerdo formaba parte de su proyecto electoral.

Una negociación constante con Londres por esa disputa no debería, sin embargo, malvinizar la política exterior argentina porque el resultado ha sido siempre desastroso. La reanudación de las relaciones con Gran Bretaña (impulsada por Domingo Cavallo, en sus tiempos de canciller, y concretada por el embajador Lucio García del Solar, el mayor experto argentino en la materia, revindicado ahora por Bielsa), fue virtualmente impuesta por Europa y EE.UU.

Ni Washington ni las naciones europeas podían, advirtieron, entablar tratos cercanos e intensos con la Argentina mientras ésta no normalizara su relación con Londres. Las relaciones estrechas no significan el olvido del diferendo. De hecho, España mantiene una disputa similar con Londres por el peñón de Gibraltar, pero eso no impide ni la negociación constante por el territorio en disputa ni la existencia de fuertes vínculos entre ambos países.

Sea como fuere, hay una presencia nueva de EE.UU. en América latina. Al mismo tiempo, Europa es, hasta ahora, una ausencia en la política exterior del gobierno argentino. No obstante, desde allí provino la mayor parte del importante flujo de inversiones de los 90 y allí hay miles de tenedores de bonos de la deuda argentina en default. Es el segundo destino de las exportaciones argentinas, después de Brasil.

Podría tratarse del olvido de un presidente que debió enfrentar varios problemas desde el primer día y de un canciller que sólo estuvo en Buenos Aires cuatro días hábiles desde que asumió.

Pero hay un dato que no podría atribuirse a la memoria ni a la distracción: en las cuatro carillas de la Declaración de Brasilia, firmada por Lula y Kirchner, se pueden encontrar referencias a la relación del Mercosur con la India, Perú y el ALCA. Pero no hay una sola línea ni una alusión al vuelo a la Unión Europea, con la que está en trámite un tratado de libre comercio más avanzado que el ALCA. ¿Acaso Europa ha dejado de interesar al sur de América? ¿Es posible que estemos ante un adiós de mutuo acuerdo?

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