Vivir del cartón entre las urgencias y el avance narco

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford
En la villa Itatí, uno de los asentamientos más grandes del Gran Buenos Aires, surgió una cooperativa de reciclaje de la que viven unas 100 familias y que brinda ayuda social y escolar
Javier Fuego Simondet
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3 de diciembre de 2018  

Un grupo de recicladores inspirados por una religiosa coreana trabaja desde hace 18 años en la villa Itatí, considerada la más grande del conurbano. Abundan las historias de narcos y la precariedad hace vulnerable la salud de sus habitantes. El cartón es una forma de vida.

Al costado del Acceso Sudeste, a la altura de Don Bosco, hay una lengua de asfalto en una bajada muy pronunciada. Lleva desde esa vía rápida a "la cava", la zona más baja de la villa Itatí. Es el lugar donde se erige un galpón reconstruido tras un incendio, un espacio en el que trabaja organizadamente un grupo de cartoneros del asentamiento. Son una maquinaria de reciclado y acopio en medio de las necesidades extremas que se viven en esta villa del distrito de Quilmes.

Así es el galpón de Villa Itatí

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"La cava" también es el lugar donde, hace pocos meses, dos sicarios mataron a dos chicas en una vivienda muy cercana a "la laguna", una superficie de agua recubierta de verdín a la vera de la cual se levantan viviendas muy precarias. Allí juegan niños entre restos de basura, caballos que mastican algo de pasto y gallinas que picotean la tierra.

La Cooperativa de Cartoneros de Villa Itatí, que nació como consecuencia de la crisis económica de 2000, es una alternativa laboral para los carreros del asentamiento quilmeño. Pero ya excede ese rol y se amplió hacia lo educativo y la contención social. Están en un galpón reconstruido tras un incendio sufrido hace dos años, un lugar que siguen rearmando, repleto de cartón y plástico y con movimiento permanente. Trabajan unas cien personas en este pulmón de aire fresco en el ambiente viciado de la villa, que también ofrece ayuda escolar y contención para unos 150 chicos. La religiosa coreana Cecilia Lee es la referente mayor de esta cooperativa cartonera de Itatí, una villa considerada la más grande del conurbano, acechada por los narcos y los problemas de salud, dos factores que resaltan sus habitantes cuando identifican los principales problemas que los afectan.

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

Lee tiene 62 años, es de Corea del Sur y llegó a la Argentina en 1976. Esta hermana franciscana misionera de María vivió entre 1982 y 2000 en la Patagonia, tiempo que dividió entre Trelew y las comunidades mapuches. "Las Hermanas Franciscanas Misioneras de María vivimos en Itatí como comunidad desde el 87. La mayoría de los vecinos son cartoneros. Llegué en 2000, con una crisis muy fuerte, muchos vecinos con gran dificultad para sustentarse, para comer, porque los cartoneros viven día a día. Hicimos asambleas de las familias de cartoneros durante siete u ocho meses, semanalmente, unas 70 u 80 familias, y ahí surgió la idea de organizarse. Empezamos a hacer ollas populares y, después, el sistema de trueque. Pero con el trueque no se solucionan los problemas, entonces empezamos a acopiar juntos para después vender y así comprar aquellas cosas que no se podían conseguir en el trueque. Entonces, José ofreció su casa y así empezamos", cuenta a LA NACION la religiosa.

Mientras algunos integrantes de la cooperativa colocan chapas para completar la reconstrucción del galpón de los cartoneros, que se incendió el 10 de diciembre de 2016 por una falla eléctrica, la monja explica la dinámica de trabajo que tienen en "la cava" de Itatí. "Hay entre 25 y 28 compañeros que trabajan diariamente [en el galpón], y 70 u 80 que trabajan en la calle y traen lo que recolectan en el carro. Es un sustento para alrededor de 100 familias. Son entre 120 y 150 toneladas por mes de papel que estamos reciclando. Y estamos empezando a reciclar plástico, para que sea materia prima ya elaborada. Es trabajo genuino, una respuesta para esta crisis. En cuestiones ambientales, el trabajo de los cartoneros es muy importante y no son reconocidos", destaca. De fondo, Lee tiene un mural que recuerda la fecha del siniestro que destruyó el galpón. Cuenta que, para reconstruirlo, el gobierno provincial aportó los materiales y los cartoneros pusieron la mano de obra.

Vicente Báez es el presidente de la cooperativa de cartoneros. Tiene 53 años y vive en la villa Azul, un asentamiento que está casi pegado a Itatí. "Acá arrancamos a las ocho, con una revisión de las máquinas que vamos a usar. Yo trabajo en el sector de recuperado y reciclado de plásticos. Cuando están listas las máquinas, porque algunas tienen que levantar temperatura, empezamos. Trabajamos hasta el mediodía, comemos, y a las 13 volvemos, hasta las 17 o 17.30", señala.

"Nosotros trabajamos el día a día, ganamos todos igual y nos tenemos que mover todos por igual", dice Luis Bascur, de 59 años, delegado de la cooperativa. "Un carrero normal puede hacer entre 500 y 700 pesos, pero labura todo el día. Otros vienen una vez, quizás se hacen 200, 300 pesos. El que tiene carro a caballo hace mucho más", agrega.

Alrededor de la cooperativa cartonera se evidencia la realidad de "la cava", y de la villa Itatí en general. Un terreno bajo, propenso a las inundaciones, viviendas precarias con desagotes que van a zanjas, vecinos con problemas de salud derivados de las malas condiciones de vida y la contaminación, todo combinado con el riesgo de los narcos que buscan conservar el territorio para sus negocios. A pocos metros del galpón de los cartoneros está la casa donde se produjo el asesinato de dos chicas, en un pasillo al que los narcos no permitieron el acceso para que se pusieran luminarias, según el relato vecinal.

"Un tema de los más difíciles es el de la droga, es el mayor problema. Se ve mucho, ya no es algo oculto. Acá están los centros de noche, de chicos con riesgo de adicción y calle, que son lugares de contención", resume Bascur.

Al lado del galpón de reciclado y acopio, la cooperativa brinda apoyo escolar, con desayuno y merienda para unos 150 chicos. Trabajan 30 educadores. "Estos chicos necesitan contención y cariño, muchos están solos porque sus padres salen a trabajar todo el día", cuenta Beatriz Lusiuk, una de las coordinadoras del área de apoyo escolar.

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

Cuando a Alexis Cáceres, un joven de 21 años que trabaja en recuperación de plástico en la cooperativa, le preguntan cuál es principal problema en la villa Itatí, no duda: "La adicción. El tema de la adicción le juega en contra a mucha gente que, por ahí, viene acá [por la cooperativa] y le dan trabajo, pero por la adicción lo pierde".

"El problema mayor, no solo de Itatí, es la situación de los niños y adolescentes. Acá están concurriendo 150 niños a contraturno de la escuela, hay un centro de noche para contenerlos con juegos, deportes y comida. En esto entran la violencia, por supuesto, el consumo de sustancias seguramente relacionado con narcos, que no es ninguna novedad en este barrio y en el conurbano. Y el tema del trabajo, acá vienen todos los días a pedir trabajo", dice Lee.

La villa Itatí es un escenario frecuente para los operativos antinarcos. Entre el 1º de febrero y el 21 de noviembre, y como parte de una serie de procedimientos especiales centrados en ocho villas emblemáticas del conurbano, se secuestraron en Itatí 760 dosis de paco, 14.200 gramos de marihuana y 2300 gramos de cocaína, además se incautaron 40 armas de fuego y 12 armas blancas, y se produjeron 596 aprehensiones, según datos del Ministerio de Seguridad bonaerense a los que accedió LA NACION.

Por fuera de esos operativos, hubo otros procedimientos en el asentamiento quilmeño que derivaron en la incautación de, al menos, 2200 dosis de paco. Entre abril y septiembre de este año cayeron narcos como el apodado el Chanchero, que tenía un búnker estratégicamente ubicado en la villa; Palomo, de nacionalidad paraguaya, que fue apresado en General Rodríguez y era buscado por haber asesinado a un hombre por una disputa por la venta de drogas en Itatí; Rolo y el Negro, que vendían al menudeo en la villa; veinte personas que integraban La Banda de Arnold, y otros cinco detenidos pertenecientes a otra organización narco.

Los problemas de salud son un punto crítico para los vecinos de Itatí. Así lo cuenta Vicente Báez, el presidente de la cooperativa: "Lo más grave pasa por el tema de la salud. Es un desborde de las zanjas cada vez que llueve, no dan abasto las bombas de la estación que está en la bajada. Los desagües de los baños van directo a una zanja. Eso, cuando se desborda, va a los pasillos e inunda los patios de las casas".

La laguna de "la cava" y sus alrededores tienen algunas mejoras. Una cooperativa del barrio realiza tareas de limpieza. Según cuentan los vecinos, hace unos meses era un lugar al que prácticamente no se podía ingresar por la basura acumulada y la vegetación.

Fuente: LA NACION

También hay mejoras en la Plaza Papa Francisco, ubicada a pocos metros de la cooperativa cartonera. El gobierno bonaerense tiene dispuestos allí móviles de operativos como Cerca de Noche, de la Anses y del Opisu (Organismo Provincial de Integración Social y Urbana), una unidad especialmente dedicada a mejorar las villas como Itatí. "Hace un par de meses estamos viendo un cambio. Acá vivimos inundados, la última vez nos inundamos, pero por la bomba que no andaba. Ahora tenemos luz y seguridad, antes los chicos no podían andar después de las cinco de la tarde porque era todo tiros y corridas. Mermó bastante gracias a que la policía está acá", dice Juana Cabrera, que vive frente a la laguna de "la cava". En otros sectores de la villa, más alejados, la situación es más compleja, cuenta Marcos Núñez, que oficia de guía a través de los pasillos de Itatí.

Quilmes es un distrito que tiene más de 90 asentamientos y villas, según señaló el intendente Martiniano Molina cuando abrió las sesiones del Concejo Deliberante en 2016. Itatí tiene 57 hectáreas y la habitan 5000 familias, indica un censo que está en etapa preliminar, según informaron fuentes del gobierno de María Eugenia Vidal. Según la organización Techo, hay 13.000 familias en Itatí (datos de 2016).

El gobierno de la provincia de Buenos Aires tiene un plan de acción para realizar mejoras en esta villa quilmeña. Se realizaron desagotes de pozos con atmosféricos, trabajos de desratización y hay un proyecto para evitar inundaciones. Para el año que viene, apuntan a pavimentar 1600 metros e instalar 50 canillas comunitarias para el agua potable. Entre 2022 y 2023, de mantenerse la iniciativa, afirman que podrían cubrir toda la villa con los servicios de agua y cloacas.

"Aunque en este momento el gobierno provincial tiene su mirada puesta acá, no puede resolver en cuatro años problemas de 40 o 50 años", reflexiona Lee. Los cartoneros de Itatí luchan en el día a día para sobrevivir.

Caso testigo

Una alternativa para salir de la crisis

  • La cooperativa. En "la cava" de Itatí trabajan 25 personas en el galpón y unas 80 en la calle, recolectando cartón, papel y plásticos. Viven del reciclaje unas 100 familias. Reciclan entre 120 y 150 toneladas de papel por mes
  • Jornadas. La cooperativa funciona desde las 8 hasta las 17.30, aproximadamente. El proyecto surgió por la necesidad de organizarse a partir de la crisis económica de 2000. Hoy es una salida laboral para muchas familias de la zona
  • Plástico. Al cartón y al papel, la cooperativa sumó ahora el plástico. "Estamos empezando a reciclar plástico para que ya sea materia prima elaborada", dice Cecilia Lee, una religiosa que fue una de las impulsoras del proyecto

Precariedad y salud

Frente a la laguna de "la cava" vive Juana Cabrera, quien trabaja con la cooperativa de cartoneros de villa Itatí. Tiene 57 años, se define como integrante de una "familia cartonera" y hace 40 años que está en la villa. "En esta casa vivimos yo y mi hija de 18 años con su bebé, crío dos nietos porque mi hija estaba en consumo. Hace cinco meses que dejó, está embarazada y está trabajando en la cooperativa. Tenemos problemas de salud. Mi hija mayor tiene cáncer y está internada en este momento, tengo dos nietos chicos también internados por problemas respiratorios, el año pasado mi nuera y mi hijo agarraron tuberculosis", cuenta en la puerta de su vivienda. "No tenemos pediatra de noche. Yo tengo una hija que es convulsiva. Hasta que llegamos al hospital de Wilde, se nos muere en el camino", grafica.

Cabrera está en una zona de contaminación y acumulación de basura, enmarcada por una enorme laguna cubierta de verdín. En el lugar ahora se realizan periódicamente tareas de limpieza y se reforzó la seguridad, con un puesto de vigilancia permanente. La mujer valora el trabajo de la cooperativa cartonera. "Ya no tenemos que ir hasta 12 de Octubre y Calchaquí con los carros a caballo, o de mano, a entregar la mercadería", destaca.

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