La boda de Máxima y un dilema protocolar

Por Ovidio Bellando
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23 de diciembre de 2001  

  • Lo que no fue (I). A comienzos de diciembre, el distinguido embajador de los Países Bajos, Jan Eduard Craanen, entregó al director nacional de Ceremonial de la Cancillería, Fernando Taboada, la invitación de la Casa Real para el presidente De la Rúa y su esposa a la boda de Máxima Zorreguieta con el príncipe heredero, Guillermo Alejandro. Prestamente, Taboada subió al despacho del canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, a quien impuso de la noticia que ya se conocía por vía extraoficial. De inmediato se registró una comunicación con la Presidencia y pocos minutos después llegó la información a Olivos. Hasta aquí, los hechos de acuerdo con las normas, usos, costumbres y referencias. Si la señora de De la Rúa, como se rumorea en el tout Buenos Aires, encargó el atuendo para la ceremonia, no es de nuestro interés. Lo que despierta la curiosidad de esta columna es la solución que dará Holanda a la situación que se le presenta por los hechos acaecidos y si va a invitar ahora también al transitorio presidente Adolfo Rodríguez Saá.
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  • Lo que no fue (II). Se dijo el viernes en círculos locales que la conducción reemplazada fue censurada por los organizadores del Foro de Davos, cuya reunión anual se efectuará, en esta ocasión, a fines de enero próximo en Nueva York. Criticaron la aceptación oficial de la invitación para participar "cuando ya se preveían serias dificultades que no aconsejaban la concurrencia". Según se dijo, hubo miopía política en los que comprometieron la presencia oficial.
  • La pregunta es si habrá presencia argentina. Sin intentar vaticinios se puede pensar, dadas las afinidades electivas de los dirigentes justicialistas (Davos era una de las debilidades del ex presidente Menem), que Rodríguez Saá podría ser de la partida. Una confirmación de la mentada "miopía política" de algunos funcionarios: el lunes, cuando la suerte del gobierno de la Alianza estaba prácticamente echada, se reservaron varias suites en el famoso Plaza Hotel de Nueva York.

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  • Cesante. El viernes, a las 15, el director de Personal de la Cancillería, embajador Pedro Herrera, recordó telegráficamente a los embajadores políticos que cesaron en sus funciones y que los gastos de su retorno les serán abonados al llegar al país. El mensaje sugería que evitaran contraer compromisos económicos con despedidas. Los embajadores políticos no tienen que presentar la renuncia. Cesan junto con el gobierno que los designó.
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  • 4 y 4. Se designaron ocho embajadores políticos o art. 5° (ley del servicio exterior), como se los denomina. Cuatro radicales y cuatro justicialistas. Los primeros fueron: Juan Manuel Casella (Uruguay), Carlos Pérez Llana (Francia), Ricardo Laferriere (España) y Víctor Martínez (Perú), y los justicialistas, Hernán Cornejo (Ecuador), Roberto Lavagna (UE), quien, cuando una vez dijimos que venía del Frepaso, nos aclaró que era justicialista; Norberto Piuzzi (Marruecos) y Omar Vaquir (Kuwait). Por la afiliación partidaria del presidente transitorio, habría que pensar que el segundo cuarteto será confirmado.
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  • Reelección . La semana última, la Cancillería instruyó a varias embajadas para que inicien gestiones por la reelección en el Comité contra la Discriminación de la Mujer de la ONU, de la ex funcionaria de la administración de Menem Zelmira Regazzoli. Además, a embajadores en países del continente, su par en el organismo internacional, Arnoldo Listre, los instó a canjear apoyos en las votaciones que se presenten en cualquier área en pos de la reelección.
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