La Cancillería investiga al jefe de la misión en Alemania

Es por la queja anónima de una ex empleada de la representación argentina
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30 de octubre de 2000  

Un cruce de denuncias e investigaciones abiertas por la Cancillería y por la Justicia tiene como protagonista a un diplomático que batió un récord entre sus pares al cumplir más de una década con destino en Europa.

Se trata de Guillermo Andrés Pesci Bourel, embajador en Alemania, adonde llegó luego de liderar la sede diplomática argentina en Austria y de donde regresará a fines de este año, según un decreto presidencial. Su regreso daría margen al jefe del PalacioSan Martín para hacer un cambio en la primera línea de la Cancillería. Allí, son muchas las voces que se animan a ubicar desde ya en Bonn al secretario de Relaciones Exteriores, Enrique Candiotti, un diplomático que habla perfectamente el alemán. Entre ellos se cuentan varios de los hombres más cercanos al canciller.

Lo cierto es que el director de Sumarios de la Cancillería,Héctor Robledo, comenzó a investigar a Pesci Bourel luego de una denuncia anónima de una mujer que dijo ser empleada de la embajada argentina en Bonn y haber sufrido maltratos de parte del jefe de la misión.

Y, a su vez, Pesci Bourel pidió que se averiguara quién o cómo se facilitó la difusión pública de la imputación en su contra. Por ello, se presentó una demanda en la justicia civil.

Habitualmente, la Cancillería hace caso omiso de las denuncias anónimas. Pero hace seis meses, la denunciante insistió con sus quejas telefónicas y fundamentó sus dichos con documentación interna de la embajada en Alemania, que envió vía fax desde uno de los números telefónicos de la sede diplomática. Dicha documentación no fueron más que copias de facturas que Pesci Bourel habría abonado por gastos en Viena mientras debería haber estado cumpliendo funciones en Bonn.

Además, se remitió un relato en el que se acusaba al embajador de no cumplir con sus obligaciones protocolares, como, por ejemplo, la inasistencia a actos importantes del gobierno de Alemania. Según el autor, o la autora, de tal relato, el embajador solía alejarse de la jurisdicción adonde fue destinado sin justificación ni previo aviso.

El propio Pesci Bourel explicó a La Nación , en ocasión de tales acusaciones, que alguna vez había viajado a Austria, su destino diplomático anterior inmediato, ya que de ese país es oriunda su joven esposa. A la vez, rechazó la supuesta veracidad de las quejas en su contra.

Hoy, un juez argentino investiga en Buenos Aires quién o quiénes fueron los funcionarios de la Cancillería que filtraron las denuncias en su contra.

De todas maneras, en el sumario administrativo aún abierto, Robledo desestimó la mayoría de las acusaciones. "Fue un globo que alguien quiso inflar demasiado, pero que ya se pinchó", fue la metáfora utilizada por un diplomático que tuvo acceso a la investigación, cuando La Nación lo consultó sobre el caso de Pesci Bourel.

"Una disputa interna"

Calmado y sonriente, Pesci Bourel detalló cada una de las imputaciones en su contra y las refutó en un diálogo que mantuvo con La Nación , cuando el presidente Fernando de la Rúa visitó Berlín, en junio último.

"Todo lo que se dijo de mí es mentira; hasta ahora jamás había habido una queja en mi contra, pero si existieron tales denuncias, fueron las consecuencias y los artilugios más fáciles de una disputa interna", dijo el embajador, quien se negó a explayarse sobre el asunto.

Entonces, el canciller aseguró que no tomaría decisión alguna sobre el futuro del embajador en Alemania hasta que las investigaciones lleguen a su fin. La semana última, decidió su regreso.

Pues bien, en los próximos veinte días, el diplomático destinado en Bonn tendrá tiempo para hacer su descargo, luego de que Robledo eleve las conclusiones del sumario administrativo a Rodríguez Giavarini.

En rigor, si bien son muchos los sumarios administrativos abiertos hoy en la Cancillería para investigar a diplomáticos con cargos menores, no es una práctica común que éstos se inicien en torno de un embajador.

Y ello es sólo porque las posibles sanciones con que pueden punirse los compartimientos de los embajadores son mucho más graves que las que le pueden caber a un ministro o a un consejero de embajada. En esos casos, los investigados, de ser hallados responsables, pueden ser apercibidos o suspendidos, por ejemplo. Pero los embajadores están expuestos a penas que incluyen el retiro voluntario, el pase a disponibilidad o la exoneración.

Pesci Bourel, egresado del Instituto del Servicio Exterior de la Nación con elevado promedio, goza de fluidos contactos en la política y no sólo en la diplomacia. Es amigo del senador Eduardo Menem (PJ), presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara alta, desde hace más de treinta años. Y, además, fue asociado del estudio jurídico que tuvo Fernando de la Rúa en sus días de ejercicio de la abogacía.

Fue durante la gestión de Carlos Menem cuando logró, otra vez, volver a Alemania. Su arribo a la embajada de Bonn "fue un tanto traumático", según recordaron en el Consejo Superior de Embajadores.

Ocurrió que en junio de 1998, y procedente de Austria, donde era embajador, Pesci Bourel llegó a la residencia de un colega argentino, Carlos Keller Sarmiento, por entonces embajador en Bonn, que sólo se enteró de que sería reemplazado cuando el gobierno alemán otorgó el plácet para su sucesor. Desde Buenos Aires, el entonces canciller Guido Di Tella jamás había informado del recambio.

La sucesión

Dos años después, casualmente, Keller Sarmiento es visto por sus colegas como candidato al reemplazo de Pesci Bourel.

Aunque quienes cumplen funciones muy cerca de Rodríguez Giavarini apuestan todas sus fichas a Candiotti, quien no tiene la mejor relación con el secretario de Relaciones Económicas es el vicecanciller y amigo personal del jefe del Palacio San Martín, Horacio Chighizola.

Sea como fuere, y más allá de las conclusiones del sumario administrativo de la Cancillería y de la investigación del juez porteño, Pesci Bourel ya sabe que es tiempo de emprender la vuelta. Su estada en el exterior superó las costumbres diplomáticas de la Argentina.

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