La ciudad de Kirchner no perdió su calma

La fisonomía fue como la de un día más
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26 de mayo de 2003  

RIO GALLEGOS.- Fue casi un domingo más. El frío patagónico volvió a ganar en la ciudad y en el ánimo de su gente, que no estuvo en la calle ni en los bares frente a los televisores para seguir la asunción de su gobernador a la presidencia de la Argentina.

No, la lluvia despertó a Río Gallegos -suspendió el desfile patrio del 25 de Mayo-, y después del almuerzo casi todos se quedaron en sus casas siguiendo la transmisión de la jura o durmiendo la siesta.

El pueblo del Presidente no vivió con euforia la llegada de un santacruceño a la Casa Rosada, a pesar de que desde hace días las radios propalaron con el fondo musical de "Aurora" un mensaje que decía: "¡Embanderemos la ciudad. Un día en que un santacruceño será presidente!"

La temperatura había bajado a los cuatro grados en el momento en que Néstor Kirchner juraba en el Congreso y la sensación térmica se iba más abajo del cero cuando la banda azul-celeste y blanca pasaba por primera vez sobre el pecho de "Lupo" o "Lupín", como se conoce aquí familiarmente al flamante jefe del Estado.

Que esto no se entienda como disconformidad. No, más bien fue una actitud casi típica de los lugares fríos. Quienes conozcan la Patagonia sabrán bien que las exclamaciones de júbilo o de protesta suelen darse más al Norte, como ser en la capital de Neuquén o en su cercana Zapala.

Anteanoche, el mozo Julio, del español restaurante El Horreo, se anticipaba en sus palabras a la jornada del domingo mientras servía una centolla a la gallega (salseada con crema, vino blanco y queso): "La gente está muy contenta porque sienten a Kirchner como propio y lo apoyan mucho. Este 25 de Mayo no será para nosotros uno más", comentaba Julio con convicción, pero con una serenidad que se trasladó ayer a las calles.

Por el televisor del bar Mónaco, ubicado en esa esquina, se veía llegar a Kirchner a la Casa Rosada, cómo se limpiaba la herida con el pañuelo y sólo se oía el comentario de apenas un par de parroquianos que atinaron a decir: "¡Qué mala suerte!"

El barman les comentaba a dos chilenos: "Lo importante es que saque el país adelante. Dicen que en Buenos Aires le tienen buen concepto", explicaban mientras la gente venida del otro lado de los Andes preguntaba más por Cecilia Bolocco que por la suerte de la Argentina.

"¿Y, don Antonio, qué opina?", le preguntaron a un hombre grande que tomaba vino blanco y lucía escarapelas argentinas e italianas en su solapa. "Que se viene el frío", contestó el señor grande, pensando en el tiempo.

Dos cuadras más allá, en el bar del hotel Santa Cruz, la mesa en la que Kirchner suele tomar café, la misma que se encuentra debajo del aparato de televisión, era ocupada por tres personas, algo ajenas a este pueblo porque se preguntaron entre ellas y durante la jura de ministros si Alberto Fernández era de aquí. "No, de Quilmes", respondió otro.

Ni en el bar Mónaco, aquel de la esquina más céntrica, quedaba Carlos Guardo, un ex funcionario de la administración santacruceña, frente a las imágenes de la Plaza de Mayo. También se había ido. ¿Se habrá retirado a dormir la siesta?

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Todo esto a pesar del aparato publicitario montado en pasacalles y en avisos en los periódicos locales con anuncios como los siguientes: "Helados Tito saluda a Kirchner Presidente". "En un nuevo aniversario del nacimiento de la Patria, hoy más que nunca junto al Dr. Néstor Kirchner (Servicio Integral Alem SRL)". "...al hombre que tendrá la responsabilidad de hacer realidad los sueños de la paz... (restaurante Mi Viejo)".

"La Anónima perdió un cliente, la Argentina ganó un presidente patagónico." "Hoy acompañamos a un hijo de nuestra tierra... (Honorable Concejo Deliberante)". "Porque fuiste acunado como tantos de nosotros a la luz de las estrellas... (Fomicruz SE)". "¡Mucha suerte! (José Muñiz y flia.)", eran otros de los anuncios que daban la bienvenida al mandatario.

Solo después de las siete de la tarde, como cualquier domingo antes de la comida, los autos y la gente dan la vuelta al pueblo, con más ánimo, se pudo ver algún brindis, un buen augurio y un poco de aliento para el nuevo presidente de los argentinos: "¡Vamos Lupo!"

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