La clase media recorta sus gastos

La inflación llevó en los últimos meses a gran parte de este universo a reemplazar hábitos y a bajar hasta 30% el consumo en taxis, peluquerías y restaurantes; la salida al cine, lo único que crece
José Hidalgo Pallares
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17 de febrero de 2013  

María Inés Blanc dice que ya no va a la peluquería y que ahora se tiñe el pelo por su cuenta. También que a todos en su casa les gustaba "la parada de 15 minutitos" para tomarse un café, pero que esa costumbre ahora es mucho menos habitual. María Inés ha dejado algunas primeras marcas en el supermercado y está probando alternativas de menor costo por referencia. "A veces me clavo y otras no –cuenta–. Aprovecho todos los cupones de descuento que tengo, de súper y de otros lugares y no me da vergüenza. Obvio, compro con la tarjeta el día del descuento y evito los negocios que no los tienen, y así va la vida en Argenzuela."

El testimonio de María Inés es uno de entre los cientos que, en cuestión de horas, LA NACION obtuvo al preguntar en Facebook si la inflación había llevado a recortar gastos cotidianos. Las respuestas, sin constituir una encuesta formal, muestran que una buena parte de la clase media argentina ha debido reacomodar su presupuesto, al punto de que gustos que antes podía darse de manera habitual se han convertido en poco menos que un lujo. Todo parece estar dándole la razón a Antonio Caló, líder de la CGT oficialista, que planteó el jueves la raíz del problema: "La economía está estancada", dijo, y agregó que la inflación era el impuesto que más perjudicaba a los trabajadores.

"Ufff..., recorté de todo: no más comer afuera, bajar el abono del celular, peluquería cada vez menos, caminata en lugar de taxi y buscar promociones como si una fuera un GPS humano –comentó Mariangeles Navone–. Dejar de comprar ropa para poder mantener intacta la vivienda, la educación y la alimentación de un chico de 3 años y una beba de 9 meses. Una verdadera lástima e indignación, luego de tantos años de estudio y trabajo."

Su situación casi no difiere de la de María del Carmen Palacios: "¿Querés que enumere?: taxi, restaurante, peluquería, teatro, cine, ropa de marca, gustos personales. Todos los gustos que me daba hace un tieeeeeempo [SIC], los paso de largo".

La lista de los gastos resignados es larga, pero entre los más mencionados están las salidas a comer, el taxi y las visitas a la peluquería. La excepción parece ser el cine, que en 2012, ayudado por las promociones y el furor por la tecnología 3D, registró la mayor venta de entradas del último cuarto de siglo.

Es obvio que tanto recorte ha afectado a quienes viven de esos sectores. "La situación es complicadísima", dijo un importante empresario gastronómico con varios restaurantes en la Capital Federal. "Por la inflación, a nosotros nos suben los costos, pero a su vez la gente tiene menos poder adquisitivo y, por lo tanto, también cae el consumo". Según él, en los últimos meses el consumo en restaurantes se redujo 30%, "y eso que el año pasado fue malo".

Alberto trabaja en una peluquería en Colegiales. Dice que antes atendía a 20 clientes por día y ahora no llegan a diez. "Antes venían cada mes o mes y medio; ahora vienen cada tres meses y te dicen: Cortame cortito para que dure. A los chicos los traen para el inicio de clases y los vuelven a traer sólo cuando el pelo les cubre los ojos". Esa percepción fue confirmada por el presidente de la Asociación de Patronos Peinadores y Afines (Appya), Gabriel Dalto, que agregó: "Se siente la disminución de trabajo, ha mermado el público. La mujer que antes iba una o dos veces por mes a la peluquería ahora viene cada 45 días, y lo mismo pasa con los hombres".

La tarifa de los taxis porteños es 25% más cara que en el primer semestre de 2012, lo que ha llevado a muchos a utilizarlos sólo en casos excepcionales. "La cantidad de viajes bajó muchísimo, mínimo un 30 por ciento", dijo, off the record, el dueño de un taxi, que asegura que la caída empezó incluso antes del último ajuste de las tarifas, a fines de octubre. "Todos los taxistas comentan esta situación; ahora estamos esperando que llegue marzo para ver si con las clases repunta un poquito", añadió.

En enero, según el Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato Di Tella, las expectativas de los argentinos sobre su situación económica personal y sobre la evolución de la macroeconomía (que forman parte del Índice de Confianza del Consumidor) empeoraron frente al mismo mes del año anterior. Guido Sandleris, director del CIF, dice que cuando las expectativas no son favorables la gente procura gastar menos. Sin embargo, cree que la falta de opciones de ahorro para cubrirse de la inflación y el congelamiento de precios en supermercados –que puede mover a algunos a adelantar compras– pueden impulsar el gasto. Cree, de todos modos, que este año el consumo ya no será el motor de la economía.

A la misma conclusión podría llegar quien lea las respuestas recabadas por LA NACION, varias de las cuales incluso mencionan recortes en gastos menos superfluos, como comida o ropa. Gustavo Páez, uno de los que dejó su comentario, resumió el sentir de varios: "A mí me sobra mucho mes al final del sueldo".

  • Gabriel Dalto

    Pte. Asociación de Peinadores

    "Se siente la disminución del trabajo, ha mermado el público. La mujer que antes iba una o dos veces por mes a la peluquería, ahora viene cada 45 días"
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