La colorida protesta puso en evidencia una fuerte disparidad en los reclamos

Las columnas reunidas por Moyano se movilizaron en grupos fragmentados; fueron minoría los manifestantes espontáneos
Las columnas reunidas por Moyano se movilizaron en grupos fragmentados; fueron minoría los manifestantes espontáneos Fuente: LA NACION
Marcelo Veneranda
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22 de febrero de 2018  

Multitudinaria, pero desintegrada en sus propios universos. Así fue como Hugo Moyano logró una convocatoria que, pese al vacío que le hicieron el grueso de los grandes gremios de la CGT, rondó las 400.000 personas, según estimaron los organizadores. El conglomerado que ayer se desplegó a lo largo de la avenida 9 de Julio dejó en evidencia la disparidad de los grupos involucrados y sus reclamos. Y un dato que probablemente festeje el Gobierno: los ciudadanos de a pie, los que no llegaron de la mano de un sindicato o un partido político, fueron notoria minoría.

"¿Cómo querés que venga la gente con todo lo que machacaron en los medios? Antes de venir, hasta mi vieja de 84 años me preguntaba por qué venía a defender a Moyano", remarcaba Raquel Lopo Tejo, una docente de Morón que llegó para rechazar el techo en las paritarias y "el cierre de escuelas".

"A mí no me interesa quién convocó a la marcha. Acá somos todos trabajadores en contra de las reformas del Gobierno. Nosotras rondamos los 70 años y nunca vimos tanta destrucción", coreaban Cristina, Mónica y Nora, jubiladas docentes y de la salud que llegaron desde Ramos Mejía.

Pero casos como esos fueron excepcionales frente al músculo principal de la convocatoria, que lo aportaron Camioneros y sus gremios satélites, por un lado, pero también los estatales agrupados en la CTA, las organizaciones sociales y los partidos de izquierda, por el otro.

Así se retiran los manifestantes de la marcha de Moyano

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Camioneros desplegó todo lo que tenía sobre el carril central de la 9 de Julio, frente al escenario de la avenida Belgrano. Más atrás, sobre esa misma franja, se ubicaron grupos menos numerosos de telefónicos, empleados del peaje, la oposición de la conducción de la Unión Ferroviaria o el Sitraic (rival de la Uocra), entre otros.

A la izquierda del escenario, a lo largo de la calle Lima, predominaron las organizaciones piqueteras: el MTD Aníbal Verón, el Frente Popular Darío Santillán y el MTL. Las que más personas movilizaron fueron la CTEP, Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa.

A la derecha del escenario, sobre Bernardo de Irigoyen, coparon la parada las CTA de Hugo Yasky y Pablo Micheli, pero particularmente los docentes del Suteba, de Roberto Baradel. También hubo contingentes importantes del partido Miles, de Nuevo Encuentro y de la Tupac Amaru.

El quiebre se notaba a 300 metros del escenario, a partir de la calle Chile. En el centro de la avenida se pararon las columnas del Partido y el Polo Obrero, el PTS y otras organizaciones trotskistas, junto a las banderas de los despedidos del INTI y el Hospital Posadas. A la derecha, sobre Lima, la columna de La Cámpora y de Unidos y Organizados, liderada por Máximo Kirchner, se afincó bien cerca del colectivo que transportaba a las Madres de Plaza de Mayo.

Era un quiebre en el clima y en las consignas, ayudado por el hecho de que los discursos de los oradores eran casi inaudibles a esa distancia. Mientras Moyano cerraba el acto proclamando que no tenía miedo de ir preso, la izquierda coreaba el pedido de un paro general.

"Nosotros estamos acá para defender a los trabajadores", sostuvo Gabriel Solano, legislador del Partido Obrero, para marcar distancias de la cantidad de referencias que Moyano hizo sobre su situación personal y judicial.

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La misma desconexión se vivía bajo las banderas de La Cámpora. La llegada de Máximo Kirchner revolucionó a los militantes, que se arremolinaron para conseguir una selfie y permanecieron ajenos a todo lo demás. "Estamos acá para parar las políticas de ajuste de este gobierno, que vienen de la mano de persecución política, prisión y muerte", dijo a LA NACION el diputado Andrés Larroque.

El peronismo bonaerense tampoco pudo escapar a sus fricciones. Si bien los intendentes se mostraron juntos en la marcha, se movieron en dos grupos. Verónica Magario (La Matanza), Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Mario Secco (Ensenada) hicieron la previa del acto en el café del Hotel Scala junto al expresidente del PJ Fernando Espinoza. No solo se muestran más cerca de Cristina Kirchner: también movilizaron militantes con banderas a la marcha.

Terminado el acto, el mismo lugar fue elegido como punto de reunión por el nuevo titular del PJ, el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, y sus pares Alberto Descalzo (Ituzaingó) y Leo Nardini (Malvinas Argentinas), entre otros. La sorpresa la dio el massista Julio Zamora (Tigre), que busca reinsertarse sin disimulos en el PJ para enfrentar las elecciones de 2019 y no dudó en abrazarse a Menéndez.

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