La contundente alerta diplomática que el Gobierno prefirió desoír

Hugo Alconada Mon
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30 de abril de 2010  

La alarma debió encenderse dentro del Gobierno, pero no fue así. Sin importar que reclamaba "la intervención de las más altas autoridades" de la Cancillería y recomendaba "hacerle un planteo serio y preciso" al presidente Hugo Chávez durante su visita a Buenos Aires. Sus motivos eran contundentes. En particular, los "serios problemas" que afectaban "los intereses argentinos" en los negocios bilaterales manejados a través de un fideicomiso. Todo eso, con detalles, y sazonado con una palabra flamígera y por demás inusual para un cable diplomático: "corrupción".

A lo largo de tres carillas, el cable titulado "Grave situación", de la embajada argentina en Venezuela CA-EVENE 020096/2005, es contundente, según se lee en una copia que obtuvo La Nacion. Su gravedad se explicita desde su encabezado –"muy urgente", "confidencial", "requiere acción"–, y las palabras incorporadas como "descriptoras": "Venezuela, exportaciones, comercio, petróleo".

Este es el cable al que aludió el entonces embajador Eduardo Sadous al detallar ante la justicia federal los supuestos pedidos de coimas que padecieron los empresarios argentinos al encarar negocios en Venezuela. Pero con una salvedad: su tipeador, autor y "enviador" fue el entonces consejero político de la embajada y diplomático de carrera, Alberto Alvarez Tufillo, según surge del cable.

Sadous aparece, sin embargo, como "firmante" y a él se debe la inclusión de la palabra "corrupción", con la que reemplazó el término "irregularidades", más políticamente correcto, por el que había optado Alvarez Tufillo para aludir a los funcionarios venezolanos, según reconstruyó La Nacion.

Así fue como tomó su forma definitiva el último y más relevante párrafo del cable emitido el 26 de enero de 2005, a las 17.25: "Los intereses económicos preexistentes (General Electric), la corrupción de los niveles medios y altos (uso de fondos del fideicomiso) y otros factores están afectando seriamente los intereses argentinos, razón por la cual se considera necesario un planteo serio y preciso ante el presidente Hugo Chávez en su visita a esa ciudad, como única forma de destrabar y regularizar el tema fideicomiso".

Pero lejos de tomar la iniciativa pública, el canciller Rafael Bielsa optó por un camino reservado ante lo que consideró la prueba definitiva de la existencia de una "diplomacia paralela" en Venezuela, que quedaba en manos del encargado de las concesiones viales, Claudio Uberti.

Bielsa se reunió con el presidente Néstor Kirchner y le planteó sus molestias. Al parecer sorprendido, su jefe le pidió que remitiera los planteos sobre el fideicomiso al ministro de Planificación y superior directo de Uberti, Julio De Vido.

"Diplomacia paralela"

Uberti no salió bien parado en ese cable diplomático. Entre otros motivos, porque Alvarez Tufillo y Sadous lo citaron por su nombre al mencionar el caso de un contrato de provisión de equipos de medicina nuclear por US$ 92 millones que el Ministerio de Salud venezolano consideró "nulo" y, por tanto, impagable.

Poco después, sin embargo, la respuesta que llegó desde el Ministerio de Planificación reafirmó las sospechas existentes dentro de la Cancillería sobre una "diplomacia paralela" y la preeminencia de De Vido y Uberti por sobre los diplomáticos.

"Decile a Sadous que se deje de joder", recordaron tanto el ex embajador como Alvarez Tufillo que fue el mensaje de Uberti desde Buenos Aires, según declararon ambos ante el juez federal Julián Ercolini. Pero con otra aclaración: el consejero político testificó que transmitió la frase sólo como mensajero, no como partícipe de la movida. Y Sadous dijo que las palabras de su segundo le merecían "la más absoluta confianza".

El cable que redactó y envió Alvarez Tufillo –que declarará otra vez en Tribunales el 12 de mayo–, con los retoques de Sadous, enumeró cuatro ejes problemáticos para los empresarios argentinos, que padecían retrasos de un año o más para cobrar sus acreencias.

Por eso, ambos diplomáticos alertaron sobre un riesgo probable con el arribo de Chávez a Buenos Aires: "La firma de un nuevo fideicomiso –sin el control argentino de esos fondos– generaría problemas aún mayores en el período 2005-2006, estando sin resolver los contratos de suministros anteriores".

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