La corrupción es el próximo desafío

José Claudio Escribano
Todos parecen estar de acuerdo con el libre comercio y la flexibilización de las políticas laborales
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31 de enero de 2000  

DAVOS, Suiza.- El mundo se ha mostrado en Davos como lo que es: un concierto desafinado de hombres, de pueblos y de civilizaciones, que ha producido en los años noventa avances asombrosos en materia de libertades, economía y tecnología y ha dejado, sin embargo, al siglo XXI una herencia de problemas, entre los cuales pocos son más alarmantes que el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres.

Estimaciones académicas puestas a disposición de quienes han seguido los debates de este foro indican que las disparidades entre los países más prósperos y los más débiles se vienen agigantando, en realidad, desde hace, por lo menos, ciento ochenta años: en 1820 la relación era de tres a uno; en 1950, de 35 a 1, y en 1997, de 727 a 1.

Pero el mundo ha tenido demasiadas zozobras con las experiencias marxistas de más de setenta años, desde que los bolcheviques tomaron el poder en Rusia, en 1917. También, con las experiencias populistas, que procuraron nuevas vías de desarrollo que, en general, destruyeron el valor de la moneda, paralizaron la iniciativa privada y asociaron al Estado con la incompetencia y la corrupción.

Eso explica que, a pesar de todas las contradicciones del proceso de globalización fuertemente patrocinado por los Estados Unidos y de los cuestionamientos que se le formulan, nada parezca más posible, como conclusión de Davos, que en los próximos diez años Europa y buena parte del mundo se encolumnen bastante disciplinadamente detrás de las consignas del libre comercio, de la contención del déficit fiscal, la mayor flexibilización en las políticas laborales y, ahora sí, una lucha más en serio contra la corrupción de los gobiernos.

"La corrupción es el elemento más grave que dificulta la superación de las desigualdades", dijo ayer por la tarde Lawrence Summers, secretario del Tesoro de los Estados Unidos.

Esta nevada villa, a 1500 metros de altura sobre el nivel del mar, no pudo haber sido políticamente más cálida para el presidente argentino.

Se codeó con Bill Clinton y otras figuras estelares de la política internacional, lo buscaron algunos de los hombres de negocios más influyentes en las finanzas y la economía mundiales y se fue de regreso a Buenos Aires con la idea de que debe perseverar en la línea gubernamental que ha seguido desde el 10 de diciembre.

Curiosamente, aquí se ha expresado la sensación de que De la Rúa va más velozmente de lo que se interpreta en Buenos Aires.

La transparencia

En una mesa sobre el papel de los Estados Unidos en el siglo XXI, la secretaria de Estado, Madeleine Albright, dijo que su país seguirá luchando por valores como los que permiten decir que hoy hay en el mundo 120 países con gobiernos libremente elegidos, América latina carece al fin de dictaduras militares, Sudáfrica se desprendió del apartheid y Rusia y Europa del Este comparten un lugar entre las democracias.

"No nos olvidemos de que la democracia permite poner al descubierto a las corruptos", comentó Albright, en una nueva vuelta de tuerca a la cuestión de los fondos negros, que tantas veces vinculan a gobiernos con empresas, según lo confirma el inesperado final del ex canciller alemán Helmut Kohl.

Summers pronosticó fuertes corrientes inversoras en los países en desarrollo que debidamente se preparen para recibirlas en los próximos 25 años. Summers puntualizó que los países que más están avanzando son los que más invierten en Internet y en la renovación de sus estructuras de telecomunicaciones.

Antes que Summers, el ministro de Industria de Canadá, John Mantey, se enorgulleció públicamente de que en su país todas las escuelas están conectadas a Internet. En un lugar remoto de Nova Scotia se hizo la última conexión, para una escuela de sólo tres alumnos.

Los japoneses quieren ir más lejos todavía: Taizo Nishimuro, presidente de Toshiba, dijo que Japón espera contar para el año 2001 con una computadora para cada chico que vaya a la escuela.

Llamó la atención que tanto el presidente Clinton, en su discurso de anteayer, como el secretario del Tesoro norteamericano, ayer, hayan dedicado un par de párrafos a invitar a los sectores público y privado a contribuir al logro de nuevas vacunas.

Fue como si se hubieran puesto de acuerdo para subrayar que se están haciendo muchos esfuerzos en vastos campos de la medicina, pero quizá no tanto en el que permitiría más aceleradamente disminuir el sufrimiento y la muerte de millones de seres y acortar desigualdades. ¿No es, acaso, que los laboratorios están invirtiendo insuficientes recursos en investigaciones dedicadas a buscar una vacuna contra el SIDA?

Con la mira en la salud

Nadie, sin embargo, fue tan original en los paneles de Davos que incursionaron en cuestiones de salud como William R. Brody, presidente de la Johns Hopkins University. Brody sugirió a los gobiernos que ofrecieran reducciones de tasas impositivas por cambios de vida, como dejar de fumar o bajar los niveles de colesterol.

Sin duda, la medida sería de difícil fiscalización impositiva, pero está llena de sentido común respecto de adónde debe dirigirse parte del dinero para la salud pública. Brody previó que para el año 2020 morirá más gente por el tabaco que por cualquier otra causa.

¿Y la paz? También se ha hablado de ella con detenimiento en algunas de las 300 sesiones de trabajo que se prolongarán hasta mañana.

Paul M. Kennedy, el famoso profesor de Historia y director de Estudios de Seguridad de la Universidad de Yale, afirmó que hay cuatro amenazas principales para el mundo:

  • Lo que llamó las "guerras de drogas".
  • Los conflictos de origen cibernético.
  • El terrorismo internacional.
  • Una crisis en el norte de Africa, que pudiera expandirse a Egipto e Israel.
  • Los europeos pidieron que los Estados Unidos ofrecieran a sus países más tecnología destinada a un sistema de defensa misilística "y a precios razonables". Para hablar de la paz, justo ayer, día en que cumplió 38 años, ocupó la principal tribuna de Davos el rey de Jordania, Abdullah II, que hace un año sucedió a su padre, Hussein.

    Impresionó verdaderamente bien este joven monarca, que abogó por un entendimiento definitivo entre sirios, israelíes y palestinos y que, cuando le inquirieron qué hacer con Iraq, salió así del paso: "Pregúntenselo a la comunidad internacional".

    Cuestiones existenciales

    Aquí basta cruzar de un pasillo a otro para pasar de los problemas internacionales a las cuestiones más íntimamente existenciales. "El problema de Internet es el de la soledad -filosofó Umberto Eco-. ¿Cómo vamos a oler los cuerpos, a darnos la mano?" Alguien con pocas pulgas le espetó: "¿Y usted no cree que la lectura también sumerge en la soledad?"

    Eco se había metido con Internet, la estrella de estas jornadas. Una estrella que hace temblar a los banqueros cuando infieren que el crecimiento extraordinario que se augura al comercio electrónico podrá tornar ociosas inmensas inversiones en activos inmobiliarios.

    Y con mucha más razón si Willes Joy, fundador de Microsystem, acertara en lo que anunció en su panel: el poder actual de las computadoras se seguirá duplicando cada 18 meses y, si bien para el año 2010 el refinamiento en la tecnología de los chips habrá llegado a su límite, dos décadas más tarde, en 2030, la capacidad de nuestras PC será un millón de veces superior a la de ahora.

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