La crisis energética profundiza las heridas con Chile

Joaquín Morales Solá
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29 de abril de 2004  

La misión de los diplomáticos consiste en curar con palabras las heridas. Pero las heridas existen. Nunca, desde el retorno de la democracia en ambos países, la relación entre la Argentina y Chile fue tan dramáticamente tensa como en las horas que corren. Sólo ayer comenzaron a tomarse aquí medidas internas para una crisis largamente anunciada.

Sin embargo, Ricardo Lagos ha hecho un aporte a la verdad histórica: el gobierno argentino carece, como lo denunció el mandatario trasandino, de precisiones y de información previsible sobre la crisis energética. Su canciller, Soledad Alvear, presiente que el conflicto hace tambalear sus posibilidades de convertirse en la próxima presidenta de Chile. La política chilena ha entrado en erupción desde que comenzó la "guerra del gas" con los argentinos.

La política argentina hierve también, pero sólo en el círculo hermético del oficialismo. Sucede mucho; se conoce muy poco. Soledad Alvear debió venir a Buenos Aires cansada de esperar en Santiago a su colega argentino, Rafael Bielsa, quien se había comprometido con ella a "poner la cara" ante los chilenos. El Presidente nunca autorizó a su ministro a cruzar los Andes, enojado, dicen, porque se enteró por terceros de la decisión del canciller de ir a Chile.

Roberto Lavagna ya había expresado públicamente su disidencia con la política de no modificar las tarifas. El ministro Julio De Vido está a veces en desacuerdo con el secretario de Energía, Daniel Cameron. De Vido es un operador político de su presidente más que un técnico. Néstor Kirchner no quiere ni "una lámpara apagada" en los hogares argentinos, ni tampoco que haya una estufa o una cocina sin gas.

Las tarifas comenzaron a moverse. Ya lo hicieron las del gas, que se aplicarán desde mayo si tales actualizaciones no son frenadas por los jueces providenciales, y con las eléctricas podría pasar lo mismo.

Ayer se anunció desde el Gobierno el régimen de premios y castigos. Los argentinos, incluidos los pudientes, están pagando sólo un tercio del precio que la energía tiene en los países vecinos, como Brasil, Chile y Uruguay. Kirchner llegó a la misma conclusión que Lavagna: las tarifas son parte del problema.

La canciller Alvear viajó a Buenos Aires por pocas horas, se reunió a solas con Bielsa durante 15 minutos y nunca abandonó un tono protocolarmente cordial. Los argentinos echaron de menos su vieja amabilidad, su eterna simpatía cuando se paseaba por la capital argentina.El nuevo recorte de gas argentino no la sorprendió. Lo sabía. Pero no estaba dispuesta ella, ni ningún otro funcionario chileno, a explicarle a la sociedad de su país los argumentos que daban los argentinos. ¿Por qué no asume el gobierno argentino la responsabilidad de exponerles a los chilenos las razones del racionamiento?, dedujeron entonces.

Mala recepción

El nuevo recorte de las exportaciones de gas cayó peor que mal en Santiago. Las versiones de funcionarios argentinos trataron de suavizar la novedad aduciendo aquella comunicación previa y el comienzo de la primera ronda de negociaciones de la comisión bilateral, que empezó a deliberar ayer en Buenos Aires.

"Lo cierto es que el nuevo recorte fue recibido muy, pero muy mal aquí", aceptó un funcionario chileno, que no se identifica con los más críticos de la Argentina.

Era la segunda ofensa consecutiva que recibía Chile en menos de una semana. La anterior estuvo escrita en el acuerdo con Bolivia para la importación argentina de gas boliviano. El acuerdo dice que ese gas no podrá ser reenviado a Chile. "¿Qué pensarían ustedes si dos países se ponen de acuerdo para perjudicar a la Argentina?", descerrajó aquí Soledad Alvear ante funcionarios locales. Es una verdad formal, pero a medias: las importaciones de Bolivia permitirán -es cierto- descomprimir las exportaciones a Chile, aunque eso nunca será aceptado por ninguna oficina del gobierno argentino.

El problema de Chile es la volatilidad de la información que existe en la Argentina, tal como lo expresó Ricardo Lagos. La información sobre lo que sucederá con las exportaciones de gas cambia, a veces, hasta tres veces en un mismo día.

El gobierno de Lagos comenzaría a darse por satisfecho con dos condiciones: que algún funcionario argentino pida públicamente disculpas por el desconocimiento de un convenio de integración, y que argentinos y chilenos acepten "compartir los costos" de la crisis, cuya existencia, en última instancia, nadie niega.

Un poderoso líder empresario chileno, Juan Claro, se sumará hoy a las negociaciones entre argentinos y chilenos. Claro es, además, un especialista en cuestiones de gas. Funcionarios chilenos confían ahora en que los empresarios de ambos países se pongan de acuerdo más rápido que sus gobiernos para superar las incomodidades del presente.

Pedido de boicot

El presente bosqueja el futuro. Joaquín Lavín, alcalde de Santiago y líder del voluminoso sector conservador chileno, acaba de reclamar un virtual boicot a las exportaciones argentinas, subsidiadas, dijo, por una energía subvaluada. Pero la novedad estuvo en el otro lado: dirigentes de la propia Concertación gobernante comenzaron a criticar al gobierno de Lagos por ser demasiado comprensivo con la Argentina. "Hay que denunciar que los argentinos violaron tratados internacionales", explotó un diputado oficialista.

Soledad Alvear es una de las candidatas del oficialismo para suceder a Lagos en la Presidencia en las elecciones de 2005. Otra candidata es la ministra de Defensa, Michelle Bachelet. Alvear se ha colocado, por su cargo, en la primera línea de fuego de la crítica interna y externa de la coalición gobernante. La prensa chilena dio ayer por muerta a la comisión bilateral acordada por la canciller el sábado último, luego de conocerse los nuevos recortes de gas a Chile.

Diplomáticos chilenos se han propuesto darle vida pública a la comisión para desmentir aquella apreciación. Pero la Argentina tiene que hacer algo más que flamear la ley de hidrocarburos, que privilegia el abastecimiento local frente a las exportaciones.

El consumo de energía local creció no sólo por la reactivación de la economía, sino también porque el precio de la energía es muy barato. La Argentina tiene, también, que considerar a Chile como un aliado estratégico y abandonar la dosis de hipocresía que hay en el conflicto.

Veamos algunas hipocresías. El precio de las garrafas de gas, que consumen los sectores más pobres de la sociedad, está liberado y actualizado de acuerdo con el valor del dólar. El precio subsidiado del GNC sirve no sólo para el transporte público, sino también para los automóviles particulares más caros del mercado. Aquellas garrafas terminan financiando a los barrios elegantes y al transporte de lujo.

Reordenar contratos y tarifas, acordar nuevas inversiones en la explotación y transporte de gas y electricidad, confeccionar planes que contemplen la realidad y no sólo la voluntad, ayudará a reconstruir cuanto antes la maltrecha relación con Chile. Luego podría ser ya demasiado tarde.

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