La cumbre sólo fue un apretón de manos

El Presidente y Menem, lejanos
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25 de junio de 2002  

AIMOGASTA, La Rioja.- Al final no hubo reunión a solas entre Eduardo Duhalde y Carlos Menem. Pero el breve y tenso cruce entre ambos, durante la inauguración de una aceitera, alcanzó para fisurar la pared de hielo que se había formado entre ambos tras una década de enemistad. Y para abrir, de paso, la posibilidad de un próximo encuentro privado.

Esta vez, sin embargo, la cita se haría en un escenario donde Duhalde, y no Menem, será quien juegue de local: la Casa de Gobierno.

Aunque con argumentos bien distintos, así lo confirmaron a LA NACION fuentes del duhaldismo y del menemismo. "Si De la Rúa y Rodríguez Saá lo recibieron (a Menem) en la Casa Rosada, por qué no va a poder hacerlo Duhalde", dijo un estrecho colaborador del ex presidente.

Muy cerca de Duhalde también opinaron que la próxima reunión debería ser en la Casa de Gobierno, pero por otro motivo: "Menem es sólo un candidato más del PJ, y como a un candidato más es que se lo va a recibir", dijeron, con tono cortante.

En rigor, ambas partes quedaron en cierta forma satisfechas por la cita concertada de ayer: Menem volvió a ubicarse en el centro de la escena nacional, en un escenario inmejorable como es La Rioja. Y Duhalde se acercó más a su objetivo de erigirse como el concertador de la interna peronista con miras a las próximas elecciones presidenciales.

Pero la ambición del Presidente también podría significar un punto de discordia en un futuro encuentro: como jefe del PJ, Menem no está dispuesto a resignar el control del partido. "Las internas no se estatizan", sintetizó uno de sus hombres.

Poco después, cuando Duhalde ya había emprendido el regreso a Buenos Aires, Menem y sus hombres dejaron en claro cuánto puede significar esa frase. El ex presidente se reunió a solas con su amigo (y ex secretario general de la Presidencia) Alberto Kohan, con su hermano Eduardo y con los gobernadores de Jujuy, Eduardo Fellner, y de Salta, Juan Carlos Romero.

Lo mismo, con otro nombre

Según relató más tarde Kohan a LA NACION, allí se decidió crear la Comisión de Seguimiento de la interna peronista o "junta electoral". Aunque con otro nombre, admitió Kohan, se trata exactamente de la misma Comisión de Acción Política que impulsa Duhalde para erigirse como coordinador de la interna del justicialismo.

La junta electoral se formará con miembros del Consejo del PJ -que preside Menem- y estará constituida por tres gobernadores (probablemente Fellner, Romero y el pampeano Rubén Marín), tres miembros de la Mesa de Conducción del PJ, tres senadores y tres diputados del partido.

Aunque pasaron varias horas juntos, ninguno de los impulsores de la iniciativa comentó la idea con Duhalde. "¿No están pasando por arriba del Presidente con esta iniciativa?", preguntó LA NACION a un encumbrado menemista. "Duhalde está al frente del Ejecutivo. Ya tiene bastante con que entretenerse", fue su respuesta-

Ayer, los tironeos políticos mal disimulados imperaron en la inauguración de la fábrica de aceitunas Yovilar, en esta pequeña localidad rodeada de montañas, a 110 kilómetros de la capital riojana.

Aunque en un principio los empresarios que organizaron el acto habían intentado evitar que el verde oliva sólo sirviera como telón de fondo de un acto partidario, pronto se resignaron a lo que pasara. "La fiesta se nos convirtió en un mitin del PJ", confesó un alto jerárquico de Roemmers, grupo propietario de Yovilar.

Tenso almuerzo

Los empresarios fueron los testigos permanentes del primer reencuentro entre Menem y Duhalde, en una "carpa VIP" adornada con ponchos riojanos y ambientada con música funcional.

También en el recorrido por la planta. Y en el exquisito pero tenso almuerzo posterior (duomo caprese de entrada, gigot de cordero como plato principal y helado de postre, todo acompañado con vinos Luigi Bosca).

Atónitos, vieron cómo Menem se apuraba en abandonar en una 4x4 negra la pista de Anillaco, en donde aterrizó sólo cinco minutos antes que Duhalde, para no cruzarse con el Presidente.

Observaron cómo después, transformado como por arte de magia, el caudillo riojano preguntaba con supuestas ansias: "¿Llegó?", y arrojaba su copa de vino San Huberto (de las bodegas Menem) para abrazarse con efusividad con su enemigo más íntimo.

Y presenciaron, también, cómo Duhalde se sentaba al centro de una larga mesa rectangular que lo enfrentó a una maceta de cactus (original centro de mesa) y cómo Menem elegía el mismo lado, pero cuatro sillas de por medio.

El almuerzo duró más de una hora, pero no intercambiaron palabras. Duhalde apenas habló ("parece que estuviera en un casamiento donde te ubican en la mesa equivocada", bromeó uno de sus propios colaboradores) y Menem se concentró en su amigo Alberto Kohan.

El Presidente tuvo que estirarse para brindar con Menem, que amagó con mirar para otro lado justo a la hora del chinchín.

Los empresarios y las respectivas comitivas no los dejaron ni un segundo solos, y Menem y Duhalde tampoco intentaron estarlo.

Tan poco fue el nivel de intimidad que el fotógrafo presidencial, Víctor Bugge, tuvo que insistir para que los protagonistas se miraran a los ojos, tan sólo una vez. Y para la foto. "¿Sabés qué pasa? Menem no la necesita. En cambio, Duhalde o elige esta foto o elige la otra, la del helicóptero que se lo lleva de la Casa Rosada", ironizó exultante un menemista.

Después continuó el recorrido, con "mucha aceituna, nada de política", confió más tarde un duhaldista.

Intervención de Bauzá

Para que esto fuera así mucho tuvo que ver el ex ministro de Menem Eduardo Bauzá, que convenció a su jefe de que no valía la pena ir más allá del flash.

Durante la inauguración de la fábrica apenas hubo una breve reunión con el titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño, y con los gobernadores de Salta, Juan Carlos Romero; de Jujuy, Jorge Fellner, y el anfitrión, Angel Maza.

Se habló con calor de la importancia de reactivar las economías regionales, pero lo más jugoso, sugestivamente, llegó cuando Duhalde ya se había tomado una combi de regreso: en un gesto que pareció concertado, y luego de dar un cálido adiós al Presidente, Menem volvió sobre sus pasos y congregó en la carpa VIP a su hermano Eduardo, a Kohan, a Fellner y a Romero. Adrián Menem, hijo de Eduardo, miraba todo desde otra mesa.

Entre habanos, café y vino blanco, bajo una carpa que recordaba a un harem invadido por bellas promotoras, Carlos Menem volvió a reinar en exclusividad.

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