La declaración complicó la estrategia defensiva prevista por el vicepresidente

Boudou esperaba que Casación aceptara un recurso, pero esa opción parece ahora más lejana
Hugo Alconada Mon
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4 de diciembre de 2013  

El vicepresidente Amado Boudou quedó ayer poco menos que contra las cuerdas. No sólo porque lo complica (y mucho) el testimonio de Guillermo Reinwick con precisiones sobre cómo intermedió entre el entonces ministro de Economía y la familia Ciccone para resucitar la imprenta, sino porque su nuevo traspié judicial lo aísla aún más dentro del Gobierno.

A tal punto afectó a Boudou el testimonio de Reinwick que el abogado de Boudou, Diego Pirota, llegó a defenderlo ante la prensa de una manera insólita. Se quejó porque su cliente sigue como imputado -es decir, bajo investigación judicial- mientras que el titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, fue reubicado como "testigo".

¿Por qué parece que va a zafar Echegaray y no Boudou, si hasta ahora estaban igual de comprometidos en el "caso Ciccone"?, fue el argumento tácito de Pirota, al que secundó, a su lado, el otro letrado del vicepresidente, Eduardo Durañona.

El fastidio de ambos, claro, excede la suerte judicial que pueda correr Echegaray. Entre otros motivos, porque la declaración de Reinwick complica la defensa que ambos plantean. Se dirige a obtener su salvataje, por la vía excepcional, a través de la Cámara Nacional de Casación, es decir, el máximo tribunal penal del país.

Para eso, la defensa de Boudou necesita que al menos dos camaristas -Mariano Borinsky y Gustavo Hornos- acepten los argumentos de un recurso al que ya habían declarado "desierto" porque los abogados olvidaron argumentarlo. Pero ese salvataje excepcional, claro, es hoy, tras el testimonio de Reinwick, más costoso, más difícil de impulsar.

De todos modos, la defensa de Boudou no se quedará de brazos cruzados. Anticipó ayer cuáles podrían ser sus próximos pasos. El primero, pedir la nulidad de la declaración de Reinwick y, acaso, denunciarlo por falso testimonio. Es decir, la misma vía que escogió luego de que el director de Boldt, Guillermo Gabella, afirmara ante el juez que el socio de Boudou, José María Núñez Carmona, le reclamó que su empresa abandonara la planta de la ex Ciccone que tenía alquilada.

El problema, sin embargo, es que los testimonios de Reinwick y de Gabella ahora se refuerzan de manera recíproca. Porque si Reinwick declaró ayer que Boudou negoció con el fundador de la imprenta, Nicolás Ciccone, y que Núñez Carmona acordó luego los porcentajes que se quedaría cada uno, antes Gabella había declarado que Núñez Carmona le comunicó la novedad de manera brutal: "Compramos Ciccone".

Más aún, el testimonio de Reinwick también permite vislumbrar por qué la defensa de Boudou se esforzó tanto por sacar del expediente al juez Daniel Rafecas, al fiscal Carlos Rívolo o al fiscal antilavado Raúl Plee: había que parar la investigación antes de que fuera tarde. Antes de que la causa llegara a la fase "peligrosa". Es decir, porque iban por la buena senda.

Pero el mayor impacto del testimonio de Reinwick es hacia adelante. Porque varios de los actores de este escándalo que fueron a citados a declarar en el primer semestre de 2014 no descartaban anoche presentarse en los próximos días en los tribunales de Comodoro Py. Quieren que los dejen contar ahora lo que saben, según reconstruyó anoche LA NACION.

¿Qué pueden aportar? Más datos sobre la operatoria que expusieron Reinwick y Gabella. ¿Cuál? La que explica cómo fue posible que la ex Ciccone Calcográfica, quebrada y en la ruina, deudora de cientos de millones de pesos en impuestos, recibiera una ayuda extraordinaria del Ministerio de Economía, la AFIP, el Banco Central, la Casa de Moneda y la Secretaría de Defensa de la Competencia, entre otros organismos públicos.

Eso sí, si el testimonio de Reinwick dejó mal parado a Boudou, peor aún quedó Núñez Carmona, que ya venía mal. Tanto que uno de los letrados del vicepresidente ofreció su cabeza el año pasado al fiscal Rívolo a cambio de acordar la impunidad del ex ministro de Economía. ¿Qué podría ocurrir, entonces, ahora con "Nariga" o, como le dicen dentro de la Casa Rosada, con "Cogote"? ¿Y con Alejandro Vandenbroele, al que Reinwick redujo a poco menos que un títere de Núñez Carmona?

La declaración de ayer, claro, no cubre todas las complejas aristas del caso. Nada contó Reinwick, por ejemplo, sobre la pata financiera del escándalo. ¿Quién financió el desembarco de Vandenbroele en la "nueva" Ciccone tras el supuesto acuerdo de la familia con Boudou? ¿Fue el titular del Banco Macro, Jorge Brito? ¿Fue el ex banquero Raúl Moneta? ¿Quién?

El testimonio de Reinwick, por último, concentra toda la presión sobre su suegro, Nicolás Ciccone.

El fundador de la imprenta debe declarar mañana ante el juez Ariel Lijo. Si desmiente a su yerno, le arrojaría un salvavidas inmejorable a Boudou para atacar el testimonio de Reinwick. Pero si, por el contrario, convalida sus dichos, dejará al Vicepresidente al borde del knock-out. ¿Cuánto vale, hoy, cada palabra que diga o calle Nicolás Ciccone?

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