La fractura que hizo caer al Presidente

De la Sota presintió que Rodríguez Saá buscaría el apoyo de los gobernadores para quedarse hasta 2003
Mariano Obarrio
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31 de diciembre de 2001  

En Córdoba, desde muy temprano, el gobernador José Manuel de la Sota, decidió no concurrir a Chapadmalal. Lo resolvió cuando recibió información que indicaba que el presidente Adolfo Rodriíguez Saá planeaba desplegar allí una maniobra para extender su mandato hasta 2003, sin pasar por las elecciones del 3 de marzo, convocadas por la Asamblea Legislativa.

El desplante de De la Sota encontró un aliado en el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner. Habían acordado que resistirían los intentos de Rodríguez Saá para quedarse.

Esta división dejó al frente de gobernadores justicialista al borde de una posible fractura y al país en una inédita crisis general.

“Rodríguez Saá diseñaba un operativo que consistía en explicar las dificultades que tenía para darle seriedad, como requieren en el exterior, a un plan económico de sólo dos meses”, dijeron cerca del cordobés. El Presidente explicaría que a la fuerza necesitaba más tiempo y apoyo para suspender los comicios.

“De lo contrario, él renunciaba”, aseguraron. De la Sota, que no aceptó quedar atrapado en esa alternativa, conversó de esto con Kirchner y con sus pares Carlos Reutemann, de Santa Fe, y Rubén Marín, de La Pampa, entre otros. Kirchner convenció a su aliado Carlos Manfredotti, de Tierra del Fuego. Los dos patagónicos dejaron solo al Presidente.

“Dicen que nos convocan y nadie me llamó de la presidencia. A mí por televisión no me pueden invitar”, dijo Kirchner, por la mañana. “Si pedís apoyo, renunciá a quedarte y convocá a las elecciones”, le dijo por teléfono De la Sota a Rodríguez Saá, mientras transcurría la tensa reunión reducida en Chapadmalal.

Para Reutemann, el encuentro no tenía sentido. “No había temario preciso para conversar”, dijo, aunque justificó su ausencia en la imposibilidad de viajar por el mal tiempo.

Reutemann cuestionó desde el principio las decisiones de Rodríguez Saá no consultadas con los gobernadores. Tampoco le perdonó, como muchos, las designaciones de los santafecinos José María Vernet como canciller, Víctor Reviglio como secretario de Política Sanitaria, y de Liliana Gurdulich, en Ciencia y Técnica. Vernet y Reviglio están identificados como símbolos de la corrupción política.

Sólo ahora se acuerda...

Ante todos sus pares, Marín manifestaba su malestar. “Rodríguez Saá necesita legitimarse y entonces convocó recién ahora a los gobernadores”, despotricó, según quienes lo escucharon. “Se le licuó el poder, quedó muy herido”, sostenía.

Quienes conversaron con Marín sostenían que el pampeano pensaba que Rodríguez Saá se había quedado sin el gobierno desde el cacerolazo masivo el viernes último, que terminó con la renuncia de Carlos Grosso.

El núcleo duro del Frente Federal (provincias chicas) acudió ayer a Chapadmalal. Ese frente, que logró hace 7 días poner a Rodríguez Saá en la presidencia, estuvo representado ayer por Carlos Rovira (Misiones), Juan Carlos Romero (Salta), Angel Maza (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa), y María Alicia Lemme (San Luis). El ex presidente provisional del Senado Ramón Puerta también asistió.

El gobernador Carlos Ruckauf, de Buenos Aires, era el único presente sin pertenencia a “los federales”.

Dos miembros clave del grupo de provincias chicas, Julio Miranda (Tucumán) y Eduardo Fellner (Jujuy), también faltaron. Sin embargo, sus casos se explicarían por las malas condiciones climáticas.

Otro federal, el mandatario de Santiago del Estero, Carlos Díaz, se pronunció en un documento contra Rodríguez Saá. “Por su naturaleza transitoria se debe abocar exclusivamente a los problemas básicos”, sostuvo.

Agregó que deben valorarse cuidadosamente también “las condiciones éticas y morales de todos los funcionarios que se incorporen”, y dijo que se debía respetar “la voluntad de la Asamblea Legislativa de convocar a elecciones el 3 de marzo”.

La opinión de Díaz, curiosa por su condición de federal, convalidaba las posturas de De la Sota y de casi todos los ausentes, que le quitaron el último respaldo a Rodríguez Saá y provocaron su caída prematura.

Un sector del PJ definía anoche que Eduardo Duhalde será el sucesor. El Frente Federal resolvió abstenerse del asunto. “Acá hubo posturas muy egoístas”, dijo un allegado a Puerta, que intentó convencer al puntano de que no renunciara, y terminó dimitiendo él mismo a la sucesión transitoria. El peronismo está casi dividido.

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