La guardiana del quórum

Con máxima reserva, María Teresa García se convirtió en una gestora clave de la nueva mayoría parlamentaria
Gabriel Sued
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28 de enero de 2012  

Casi no habló en las sesiones de los últimos dos años, pero su voz es una de las más escuchadas en la Cámara de Diputados. Tampoco interviene en los debates de las comisiones, pero no se pierde ninguna reunión. Ella es la primera que sabe cuántos diputados van a asistir a las sesiones y cómo va a salir cada votación. Es la encargada de confirmar la presencia de los propios y de conocer de antemano las ausencias de los ajenos.

Con casi tres décadas de trayectoria en el peronismo bonaerense, María Teresa García es, desde hace dos años, la guardiana del quórum del oficialismo en la Cámara de Diputados. Esa es la misión que le asignó Cristina Kirchner en diciembre de 2009, cuando, tras la derrota electoral de junio de ese año, le pidió que asumiera como secretaria parlamentaria del bloque del Frente para la Victoria. "Teresa", como le dicen todos en el Congreso, acaba de ser ratificada en su puesto, después de superar con éxito dos años de minoría en la Cámara baja.

"Es un trabajadora incansable y muy eficiente, que está fuertemente comprometida ideológicamente con el proyecto de la Presidenta", la elogia el presidente de la bancada kirchnerista, Agustín Rossi. "Fue indispensable para mantener la cohesión y la mística del bloque en dos años difíciles", agrega.

Había asumido como diputada en 2005, luego de haber sido la candidata número 22 en la lista por la provincia de Buenos Aires. Venía de ser segunda del entonces ministro del Interior, Aníbal Fernández. Entraron 20 diputados, pero ella se quedó con una banca tras las renuncias de Jorge Taiana y de Sergio Massa, que habían asumido cargos en el Gobierno.

Con Cafiero

Su territorio siempre fue San Isidro, donde vive desde que nació, hace 55 años. Sus primeros pasos en la política los dio en la Renovación Peronista, de la mano de Antonio Cafiero, a quien quiere como a un padre y a quien todavía visita en su casa, todos los viernes. Don Antonio la nombró en su primer cargo público, como integrante del Consejo Provincial de la Mujer, cuando él llegó a la gobernación bonaerense, en 1987. Después del frustrado intento presidencial de su jefe, ella se convirtió en una de las "viudas políticas" del ex gobernador y debió pasar el invierno en la Legislatura bonaerense, donde, entre 1991 y 1999, presidió las comisiones de Tierras y de Medio Ambiente.

En los ocho años de gobernación de Eduardo Duhalde, nunca se alineó con el gobernador. A tal punto que en 1999, se enfrentó a la fórmula Carlos Ruckauf-Felipe Solá, ungida por el caudillo de Lomas de Zamora, y se encolumnó detrás del binomio Cafiero-Federico Scarabino, el dúo elegido por Carlos Menem. "Es muy orgánica, muy trabajadora, responde a la conducción y sabe mucho de rosca", la recuerda un compañero de ruta de aquella época.

Los dos sectores confluyeron tras la victoria de Ruckauf. Ella asumió como subsecretaria de Producción Regional bonaerense y, tras la asunción de Solá, se hizo cargo de la Secretaría de Turismo. Pero renunció en diciembre de 2003, luego de reprocharle al entonces mandatario el sesgo conservador de su nuevo gabinete. Solá interpretó que su portazo era una demostración de la lealtad que le profesaba a Scarabino, entonces saliente ministro de Gobierno y, años más tarde, el más antikirchnerista del gobierno de Daniel Scioli.

El retiro le duró poco. Enseguida, la rescató Aníbal Fernández: la nombró como secretario de Interior, una virtual viceministra. Se habían conocido en la provincia, cuando el hoy senador era ministro de Trabajo de Ruckauf. Desde la secretaría, ella ideó e implementó Mi Pueblo, un programa para el desarrollo productivo de pequeñas comunidades, que la llevó a recorrer todo el país. En ese tiempo, García solía organizar visitas al interior bonaerense con las que Fernández alimentaba sus aspiraciones para suceder a Solá en la provincia. La amistad que trabaron se mantiene hasta hoy. Cuando él era jefe de Gabinete, ella solía consultarlo desde el Congreso.

García habló por primera vez con Néstor Kirchner en abril de 2005, en un acto por Malvinas. Pero ya hacía dos años, cuando hacía campaña para Solá, que sentía que el kirchnerismo era el lugar en el que ella quería estar. "Dimos una charla con Teresa en Chascomús. Ella estaba muy entusiasmada con el proyecto. Me dijo que era como volver a ser joven", recuerda el secretario de Provincias, Luis Ilarregui, entonces secretario de Asuntos Municipales del Ministerio del Interior. La dirigente volvió a ver a Kirchner el 5 de mayo de 2010, cuando el entonces diputado fue al Congreso para votar la ley de matrimonio igualitario. Recluido en su despacho, él se impacientaba y la llamaba por teléfono: "¿Y, piba, ¿cómo venimos?", le preguntaba. Hasta que en un momento la hizo subir a su oficina. Ella, que lo trataba de usted, intentó tranquilizarlo, pero le pidió que la dejara volver al recinto. "Le soy más útil ahí que acá", le dijo.

Ocupante de uno de los codiciados despachos del tercer piso del Congreso, al lado del que ocupa Carlos Kunkel, allí recibe todo tipo de pedidos de sus colegas de bancada: desde reclamos de pasajes hasta quejas por la ubicación de las oficinas o solicitudes de medicamentos para llevar a alguna localidad lejana. "Ella siempre tiene tiempo y siempre responde con una paciencia infinita, por eso es una de las más populares del bloque", cuenta un diputado, que la llama varias veces por semana. Admiradora de Andrés Calamaro, en su celular suena la canción "Mi Gin Tonic" como tono de espera.

En la oposición, también suelen adoptarla como interlocutora. "Es una persona muy trabajadora y siempre dispuesta al diálogo", la pondera Ricardo Gil Lavedra, presidente del bloque de la UCR.

Cultora del bajo perfil, en las reuniones de comisión suele vérsela con una carpeta en la mano, donde lleva varias planillas en las que anota cada detalle. Allí tiene una columna dedicada a los opositores, con nombre y foto, para saber, a simple golpe de vista, quiénes están presentes y quiénes no. En la columna de los diputados del Frente para la Victoria tiene un casillero con sus teléfonos celulares y los de sus asistentes.

Todas las semanas confecciona la agenda que se distribuye a los diputados del bloque, con el detalle de lo que se tratará en cada comisión y con un informe de los temas para los legisladores oficialistas que lo requieren. "Es una obsesiva, es capaz de llamarte 40 veces", cuenta un diputado. El que lo sabe muy bien es Jorge Yoma, uno de los pocos que el año pasado logró sacarla de sus casillas. "Se iba al gimnasio y le apagaba el teléfono, y ella se ponía como loca", confía un kirchnerista, que vio a "Teresa" caminando llena de bronca por los pasillos.

Papel defensivo

Durante los dos años que el oficialismo estuvo en minoría, ella reunía a los diputados del bloque en la puerta de las comisiones. La orden era que se sentaban sólo cuando la oposición lograba el quórum. Cada vez que los opositores consiguieron emitir dictamen, ella presentó una observación para asegurarse que se demorara la llegada del tema al recinto. "Por el número podíamos perder una votación, pero la decisión era ganar todas las discusiones", dice García y cuenta que el quórum fue su "objetivo de militancia" en los últimos dos años.

El trabajo defensivo tuvo su contracara en las sesiones extraordinarias, en las que el bloque oficialista recobró la mayoría y tuvo asistencia casi perfecta. En la madrugada del 14 de diciembre, con todos los proyectos aprobados, ella festejó aliviada. Era el comienzo de una nueva etapa.

MARÍA TERESA GARCÍA

Diputada Nacional (FPV)

  • Edad : 55
  • Provincia : Buenos Aires
  • Es diputada desde 2009 y se encarga de administrar el bloque kirchnerista desde el año pasado. Es una peronista tradicional que tuvo como padrino a Antonio Cafiero en los años 80 y en los últimos años trabajó cerca de Aníbal Fernández.
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