La guerra de las encuestas, primera batalla rumbo a 2015

Más de un año antes de las PASO, los presidenciables recurren a sondeos para afinar su discurso y ganar influencia política
Gabriel Sued
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23 de junio de 2014  

Cuando falta más de un año para las elecciones primarias, los principales candidatos presidenciales protagonizan un enfrentamiento que puede condicionar de antemano quiénes llegarán con posibilidades a los comicios de 2015. Es un combate que se libra cada año electoral y que esta vez copó por anticipado el calendario. Es la guerra de encuestas.

Sólo en el último mes se publicaron en diarios o portales al menos diez estudios de intención de voto presidencial. A fuerza de repetición, los sondeos van configurando un escenario electoral precoz que, real o ficticio, impacta cada vez más sobre los comportamientos de los actores políticos. También, sobre empresarios y diplomáticos necesitados de contar con información fresca para definir sus próximos pasos. Es una guerra hacia el interior del poder.

Aunque con resultados dispares, que incluyen oscilaciones de más de cinco puntos en los números adjudicados a cada candidato, el escenario instalado por la mayoría de los sondeos coincide en algunas líneas: se disputan el primer lugar Sergio Massa y Daniel Scioli , claro ganador de una eventual PASO del Frente para la Victoria ante Florencio Randazzo , el más competitivo del resto de los postulantes kirchneristas. Los dos, Scioli y Massa, miden alrededor de 20 puntos y se aventajan por diferencias inferiores al margen de error reconocido por los sondeos.

Casi en el mismo pelotón, los sigue cada vez más de cerca Mauricio Macri , el que más creció en 2014. Debajo, con alrededor de 10 puntos, aparecen los candidatos del Frente Amplio UNEN, en general con Hermes Binner como favorito, a veces con Julio Cobos , el resto más atrás. Todos sumados alcanzan o superan la línea de Scioli y Massa. Pero todavía es imposible pronosticar qué porcentaje de votos de las primarias de UNEN se mantendrá en las elecciones generales.

Los candidatos mantienen con las encuestas anticipadas una relación de amor y odio. Sospechan de las que los muestran perdedores y ponderan las que los ubican arriba. Eso sí, todos siguen con atención el veredicto de esos estudios. "Nadie que esté en una campaña electoral puede darse el lujo de no estar al tanto de una serie de indicadores, aunque falte más de un año", sostiene Enrique Zuleta Puceiro, titular de la consultora OPSM. En contra de lo que puede suponerse, afirma que este año es crucial para el consumo y análisis de encuestas: "Es un momento importante porque es cuando se están decidiendo las candidaturas y gestionando los apoyos. Se define qué candidaturas son viables y cuáles no".

Graciela Römer y Federico Aurelio, autores de encuestas difundidas en el último mes, coinciden con el diagnóstico. "Hace falta una instalación temprana para tener posibilidades en la competencia", dice la socióloga, y explica que en esta etapa los estudios de intención de voto se usan para el marketing político: "Son mensajes a quienes tienen poder de decisión en los partidos. No son importantes hacia afuera, pero sí lo son hacia adentro de los partidos políticos". Integrante de la consultora Julio Aurelio, Federico Aurelio advierte que en los últimos tiempos creció el interés de la dirigencia y el uso de las encuestas para tomar decisiones electorales: "Los políticos las miran, por ejemplo, para saber a qué cargo se postulan."

Para Fabián Perechodnik, uno de los directores de Poliarquía, la guerra anticipada tiene también razones políticas. "El cierre del ciclo político que marcó el resultado electoral de 2013 hizo que se adelantara todo el proceso."

Consulta permanente

Como pasa en todo el mundo, los equipos de los principales candidatos recurren a las encuestas de forma permanente. Scioli las usa tanto para evaluar la aprobación de la gestión como para seguir de cerca su evolución electoral. Prefiere las de Management & Fit, Poliarquía y Julio Aurelio. "Son un termómetro permanente. Se miden el humor social, el impacto de medidas como la emergencia en seguridad o de situaciones como la indagatoria de [Amado] Boudou. Se miden hasta las frases o conceptos que se repiten ante la prensa", explicó a LA NACION un funcionario del gabinete del gobernador bonaerense. "En las de intención de voto –detalló la misma fuente–, lo más importante es ver la pregunta que les da a los encuestados tres opciones: «Seguramente lo votaría, posiblemente lo votaría y nunca lo votaría». Eso te marca el piso y el techo de un candidato."

El equipo de Massa usa los sondeos para ir ajustando las declaraciones del candidato. "Sirven para saber por dónde estamos decayendo, para saber qué parte del discurso gusta y cuál no. Las miramos para tener el termómetro de la gente", explicó un dirigente cercano al jefe del Frente Renovador. Tras trabajar con la consultora de Hugo Haime en los comicios de 2013, este año Massa tiene como asesor exclusivo a Sergio Bendixen.

Reticentes a entrar en el juego, cerca de Binner muestran desconfianza de los resultados de los sondeos. "Son una herramienta de uso electoral. Dan distinto de acuerdo con quién las paga. Se usan para manipular a la opinión pública", opinó la diputada Alicia Ciciliani.

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