La Haya falló en contra de la Argentina

La Corte Internacional dictaminó que por ahora no es necesario detener la construcción de las dos pasteras de Fray Bentos
Silvia Pisani
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14 de julio de 2006  

LA HAYA.- La delegación de nuestro país soportó el varapalo como pudo: por 14 votos contra uno, la Corte Internacional de La Haya dictaminó que Uruguay siguiera adelante con la construcción de las papeleras.

Lo hizo luego de considerar que, en su demanda, la Argentina "no convenció" al organismo de que la instalación de esas dos procesadoras de pasta celulosa en el río cuyas aguas comparten "represente una amenaza inminente" para sus derechos sobre el medio ambiente y que fuera necesario suspender las obras.

"Nos hubiera gustado escuchar otra cosa. Pero no hay que desesperarse. Esto no es una derrota diplomática; se refiere sólo a la medida cautelar de suspender los trabajos. Vamos a seguir trabajando", dijo Susana Ruiz Cerutti, responsable de la delegación argentina.

El máximo tribunal de las Naciones Unidas subrayó que lo ocurrido no condiciona el fallo final y futuro sobre la legalidad del proyecto.

Y agregó que de seguir adelante corresponderá a Uruguay "asumir riesgos" cuando el fallo se produzca. No se fijó fecha, pero vale consignar que las resoluciones de ese tipo suelen demorar años.

Sobre esa base, Ruiz Cerutti subrayó que la decisión alcanzada ayer no significa que la permanencia de las plantas en frente de la costa argentina, sobre la margen uruguaya del río Uruguay, "sea un hecho irreversible", ya que el tribunal "deja abierta una puerta" para que eso se reconsidere -incluso, con su "desmantelamiento"- si en algún momento se llegaran a probar efectos "perjudiciales".

Eso, en privado y desde una oficina del imponente Palacio de la Paz, fue lo primero que se quiso trasladar a los ambientalistas reunidos en Gualeguaychú. "Necesitamos tiempo y serenidad", se dijo, en un desesperado llamado a evitar nuevos cortes de rutas.

Piquetes en la frontera

Ocurre que el dictamen incluye una recomendación expresa de "evitar nuevas medidas" que profundicen el conflicto. Y un paso en contrario, con cortes de rutas, podría complicar futuras alegaciones de nuestro país.

Desde la óptica uruguaya, la lectura del dictamen no entró en triunfalismos, pero, en cambio, sí se analizaron algunas consecuencias mayores que las que interpretó la delegación argentina.

"Esto es algo tan categórico que afecta todo lo que viene después, incluida la posibilidad de que en el futuro se desista de seguir con la causa. No tiene sentido persistir en el tribunal internacional y sí mucho más trabajar de modo bilateral", comentó a LA NACION el embajador de Uruguay en La Haya, Carlos Mora.

Todo ocurrió en menos de dos horas, ante trece jueces togados, en un tribunal presidido por la británica Rosalyn Higgins, que leyó la resolución en inglés y sin que se produjera ningún tipo de exteriorización.

Las delegaciones de cada una de las partes estuvieron separadas por apenas diez metros y sus miembros se saludaron con cortesía tanto al comenzar como una vez concluida la audiencia.

El único voto en disidencia correspondió al argentino Raúl Vinuesa, elegido por la Cancillería para integrar el tribunal como juez de parte.

Resultó llamativo que algunos de sus argumentos incomodaran a nuestra delegación, en su intento de persuadir que el contenido del fallo no es del todo adverso.

"Las circunstancias, tal como fueron presentadas ante la Corte, no permiten requerir (...) medidas provisionales", indicó la jueza, en respuesta a la demanda presentada por la Argentina el pasado 4 de mayo y reiterada en la exposición de alegatos el 8 y el 9 de junio, para suspender los trabajos por 90 días.

"No se cumplen las condiciones de urgencia y daño irreparable", agregó, al referirse a los dos elementos sustanciales que debían ser demostrados para justificar medidas cautelares, mientras se aguarda la resolución del fondo de la cuestión.

Las partes escuchaban en silencio. "Estamos muy felices. Esto es un reconocimiento de la actitud uruguaya, pero, al mismo tiempo, un reconocimiento del derecho al desarrollo", dijo después, apenas todo terminó, el jefe de la misión del país vecino, Héctor Gros Espiell.

"Para nosotros, es una decisión equilibrada. La Corte no nos dio las medidas cautelares, pero eso no significa que nuestros argumentos de fondo fueran rechazados, y se podría hablar de nuevas medidas cautelares si cabe el caso", dijo Ruiz Cerutti.

Sin embargo, parece poco probable que eso ocurra en los próximos meses.

De hecho, agotado el dictamen, las partes tuvieron la primera reunión de trabajo para la cuestión de fondo.

La intención de la Argentina es "acelerar" el proceso para determinar si Uruguay violó acuerdos bilaterales al autorizar la instalación de las dos plantas. Pero, al igual que ocurre con la posibilidad de nuevas medidas cautelares, nada determinante en el proceso de fondo es esperado para antes de que termine el año.

"Tener paciencia"

"Los derechos están garantizados; hay que tener paciencia", insistió Ruiz Cerutti.

Visto el resultado, y ante lo categórico del rechazo, entre las dudas que quedan figura si la Argentina se precipitó al concretar su pedido de medidas cautelares ante La Haya o si le hubiese valido más esperar a reunir más elementos de prueba.

"Es difícil probar daño ecológico cuando una planta aún no empezó las obras y la otra sólo concretó construcciones civiles", admitió Ruiz Cerutti.

Otras fuentes insistieron en que la situación se había vuelto "muy sensible" y que la decisión de recurrir a La Haya fue política.

Anoche, ambas delegaciones emprendieron el regreso a casa. La uruguaya partió visiblemente más contenta.

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