La Iglesia pidió un debate integral sobre el aborto, sin violencia ni agresiones

El año pasado, en septiembre, coincidieron marchas a favor y en contra del aborto
El año pasado, en septiembre, coincidieron marchas a favor y en contra del aborto Fuente: Archivo
Mariano De Vedia
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23 de febrero de 2018  • 20:02

Ante la decisión del Gobierno de dar vía libre al debate legislativo sobre el aborto, la comisión ejecutiva del Episcopado pidió ayer que el debate parlamentario se lleve adelante en un clima de "diálogo sincero y profundo, sin descalificaciones, violencia o agresión", y que se implementen políticas públicas que establezcan como prioritarias la educación sexual integral de la ciudadanía.

"Los cristianos también queremos aportar nuestra voz, no para imponer una concepción religiosa, sino a partir de nuestras convicciones razonables y humanas", expresa el primer pronunciamiento de la Iglesia sobre este delicado tema.

La declaración del Episcopado, que encabeza el obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, mantiene un tono conciliador y está lejos de rechazar el debate que el Gobierno facilitará en el Congreso. Representa un giro del estilo de confrontación y rechazo que caracterizaron otros pronunciamientos anteriores e incluso manifestaciones públicas de sectores católicos.

"Que este debate nos encuentre preparados para un diálogo sincero y profundo que pueda responder a este drama, escuchar las distintas voces y las legítimas preocupaciones que atraviesan quienes no saben cómo actuar, sin descalificaciones, violencia o agresión", dice la declaración episcopal.

La Iglesia mantiene en forma unánime su postura en favor de la vida y en contra del aborto. Pero la inminente discusión legislativa sobre su despenalización saca a la luz estrategias diferenciadas. Se espera que sectores minoritarios, pero tal vez más ruidosos, cuestionen la decisión del Gobierno de facilitar el debate del proyecto. Sin embargo, la posición más dominante en el Episcopado, como lo refleja la declaración de ayer, es mantener un equilibrio y dejar que el debate se instale en el cauce institucional del Congreso.

"En el reciente viaje a Chile, donde se acaba de aprobar una ley a favor del aborto, el papa Francisco ni habló del tema", señaló un agudo observador eclesiástico. Otras voces, incluso, atribuyen la decisión del Gobierno a querer instalar un nuevo tema en el escenario público, que desplace de las primeras planas de los diarios la situación social y el debate por las paritarias.

En coincidencia con el documento episcopal, el obispo de Mar del Plata, Gabriel Mestre, confirmó que la Iglesia tiene una posición "clara y precisa" en defensa del cuidado de la vida y en contra del aborto, aunque se mostró abierto al debate, sin "fundamentalismos religiosos".

En tanto, un dirigente laico que conoce de cerca el pensamiento del Papa precisó a LA NACION: "Si es por el Francisco que conocemos, las cosas hay que debatirlas en su justo equilibrio, no a requerimientos de los medios. El debate por el aborto es un debate por la familia y por la vida". En ese sentido, dijo que la Iglesia debe proponer acompañar a las mujeres. "Ya existen normas que hablan de protocolos sobre embarazos no deseados, que han sido forzados".

En la Iglesia hay convicción de que el presidente Mauricio Macri, la vicepresidenta Gabriela Michetti, y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, mantienen posturas personales en contra del aborto, aunque eso no garantiza un resultado determinado. "No es bueno esconder el tema bajo la alfombra, como se hacía en los tiempos de Cristina Kirchner", observó una fuente consultada.

Pese a que muchos grupos católicos que conservan posiciones más tradicionales se movilizarán para proclamar sus posiciones, en la Iglesia gana cada vez más espacio la premisa defendida por Francisco.

"La discusión no es 'aborto sí' o 'aborto no', sino cómo acompañamos con un fuerte proceso educativo y un fuerte proceso social todo un paquete de normas que mejoren incluso las normas de adopción, para aquellas mujeres que no deseando un hijo no tengan que pasar por el proceso traumático de un aborto", comentó una fuente eclesiástica consustanciada con un pensamiento más moderado. Explicó, así, que "las mujeres pobres tienen mucho menos acompañamiento y caen en mataderos de fetos que terminan con sus vidas mismas, y las mujeres con mayores recursos se pagarán el aborto en una clínica privada. El problema es mucho más profundo y tiene que ver con la configuración de la familia en la sociedad".

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