La Iglesia ratifica su postura frente a la concertación

Se iniciarán hoy tres días de deliberaciones de los obispos
José Ignacio López
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11 de diciembre de 2001  

Dispuestos a protagonizar una actitud tan inédita como la crisis, los obispos están decididos a ratificar su ofrecimiento de erigir a la Iglesia como ámbito y garantía de un diálogo entre los sectores políticos y sociales capaz de producir un gran acuerdo patriótico que convierta la situación a la que ha llegado el país en “una oportunidad de cambio y de nuevo comienzo”.

Convencidos de que por la magnitud de la crisis “la Patria requiere algo inédito” y, como lo han dicho, que los cristianos no pueden ser peregrinos del cielo si viven “como fugitivos de la ciudad terrena”, al iniciar hoy tres días de reuniones de obispos parecían encaminados a un gesto comprometedor sin precedente.

El urgente llamamiento de la Iglesia está fundamentado en los últimos pronunciamientos del Episcopado y requerirá de toda la dirigencia política, sindical y empresarial actitudes acordes con los desafíos que plantea la crisis y abierta disposición a deponer posiciones sectoriales, especulaciones mezquinas por espacios de poder y la aceptación de que el único diálogo del que los obispos están dispuestos a ser garantes es el que supone entrega y sacrificio para el bien común.

Los fundamentos y alcances de esta extrema intervención de la jerarquía de la Iglesia son de raíz pastoral. Los obispos han dicho no hace mucho que en esta crisis no quieren ocupar un lugar que no les corresponde, pero entienden -según surge de conversaciones y gestiones que han desplegado- que cuando crecen los signos de fragmentación social y de colapso económico ofrecerse como ámbito para el encuentro es propio de quienes se identifican como promotores del diálogo y gestores de reconciliación.

“Nosotros, como ministros de reconciliación, unidad y comunión, nos comprometemos a intensificar nuestro trabajo en la reconstitución de los vínculos sociales”, dijeron al término de la asamblea plenaria de mayo.

Y el llamamiento inminente rubrica esa promesa. El ofrecimiento no apunta a obtener adhesiones retóricas, sino actitudes concretas, abierta disposición al cambio y magnanimidad, es decir, que la dirigencia esté dispuesta a sacrificios y esfuerzos en pos de grandes causas. “Creemos que esto es lo que nuestro pueblo está necesitando: que no se antepongan intereses personales o sectoriales y se piense en el bien del país y, sobre todo, en esos rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad. Es que para los obispos la gran deuda es la deuda social y de allí deviene el sentido fundacional que aspiran para el acuerdo patriótico al que sólo ofrecerán su amparo si esa deuda que no admite postergación se convierte en la prioridad fundamental de nuestro quehacer.”

Reiteración

Así lo dijeron en agosto: “Cuando los pueblos reconocieron que la crisis que sufrían era fruto del propio actuar y no perdieron su tiempo en responsabilizar de la misma sólo a los otros, pudieron enfrentarla con éxito y muchas veces realizaron una obra admirable de reconstrucción”.

¿De qué diálogo hablan los obispos cuando ofrecen a la Iglesia como lugar de encuentro, qué acuerdo es el que se promueve, cuál es el alcance y los límites de este llamamiento sin precedente? ¿Qué lo diferencia de una mera concertación de intereses sectoriales destinada sólo a encauzar una puja distributiva o de un pacto de adhesión a nuevos ajustes fiscales?

La respuesta parece estar en éste y otros párrafos de reciente factura episcopal: “¿Quién piensa en el futuro de la Argentina? ¿Cuál es el proyecto de país que oriente nuestra acción? ¿Qué hacer para generar esperanza? Es necesario que todos nos convirtamos, especialmente los dirigentes, evitando el creciente divorcio con el pueblo y dejando de lado, para siempre, la búsqueda de privilegios personales o sectoriales. Es necesario recrear la política como principal instrumento de gestión del bien común, de modo tal que sea ella la que dirija y encauce también a la economía en el marco de las instituciones republicanas vigentes”.

Los obispos definirán hoy cómo concretan su llamado. A las 9, se reunirá la comisión ejecutiva que integran los arzobispos de Paraná, Estanislao Karlic; de Rosario, Eduardo Mirás, y de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, y el secretario general, monseñor Guillermo Rodríguez Melgarejo.

Los obispos sólo avanzarán en su intervención si hallan en la dirigencia política, en empresarios y sindicalistas voluntad para encarar una propuesta ambiciosa. “La mano está tendida y el paraguas que ofrece la Iglesia está abierto, pero no para especulaciones mezquinas ni acuerdos pequeños, sino para asumir entre todos el desafío de refundar la Nación”, deslizó una fuente eclesiástica.

Han realizado consultas y recibido asesoramiento técnico de parte del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, cuyo representante residente, Carmelo Angulo Barturen, diplomático español con experiencia en materia de cooperación, ha ofrecido el resultado de experiencias de otros países que encararon ejercicios de diálogo y de búsqueda de consensos para superar crisis de magnitud.

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