La Iglesia se distanció del desembarco del sacerdote

Mariano De Vedia
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30 de noviembre de 2013  

Rápidamente tomó distancia la Iglesia del nombramiento del sacerdote Juan Carlos Molina al frente de la Sedronar, cuya acefalía había sido denunciada en un duro documento por los obispos hace tres semanas.

Apenas conocida la designación del sacerdote, que se formó con los salesianos y se dedica a la recuperación de jóvenes adictos en Santa Cruz y en el Chaco, y mantiene lazos cercanos a la ministra Alicia Kirchner, el obispo de Río Gallegos, monseñor Miguel Ángel D'Annibale, aclaró en un comunicado que Molina asume la tarea "a título personal" y "no lo hace ni en nombre ni en representación de la Iglesia Católica".

El propio D'Annibale relató que, cuando Molina recibió el ofrecimiento, lo consultó y le pidió autorización para asumir el cargo. Incluso, por pedido del propio cura, acordaron que mientras ejerciera la función se le retirarían las licencias para ejercer el ministerio sacerdotal. No podrá "celebrar los sacramentos ni presidir el culto publico de la Iglesia".

Una fuente eclesiástica explicó a LA NACION que ello "no es algo extraño" y que lo mismo ocurrió cuando asumieron responsabilidades públicas los sacerdotes Luis Farinello, de Quilmes y Francisco Nazar, de Formosa.

En tanto, el presidente de la Comisión de Pastoral Social del Episcopado, monseñor Jorge Lozano, atribuyó la designación de Molina "a su experiencia en el trabajo de recuperación de adictos y no a su condición de sacerdote".

Hace tres semanas, Lozano presentó, junto con el arzobispo José María Arancedo, el documento en el que la Iglesia denunció que "la Argentina corre el riesgo de pasar a una situación de difícil retorno" en materia de drogadicción y narcotráfico. En ese contexto, el Episcopado advirtió sobre la acefalía en la Sedronar.

"Es bueno que se haya designado a alguien, a quien no conozco, pero que presenta una experiencia en el trato con los adictos, lo que seguramente lo lleva a tener sensibilidad para percibir la grave problemática", dijo ayer Lozano, ante una consulta de LA NACION.

Insistió en restar trascendencia a la condición sacerdotal del funcionario. "Lo importante es que sea capaz", dijo el titular de Pastoral Social. Y señaló que a la experiencia del trabajo de recuperación de adictos se deben sumar otras cualidades para conducir el organismo. "No tengo por qué sospechar que no las tiene", añadió.

Quienes trabajan habitualmente en la Pastoral Nacional sobre Drogadependencia, el organismo de la Iglesia dedicado a la problemática de las adicciones, no conocen a Molina y no recuerdan que hubiera participado con ellos en acciones conjuntas. "Tiene más vínculos con los Kirchner que con los obispos", resumió una fuente eclesiástica.

Otras fuentes marcaron diferencias entre el sistema de recuperación de adictos que desarrolla el padre Molina, basado sustancialmente en quitarlos del contexto en el que están expuestos a la droga, y el que pregonan otros sectores de la Iglesia, como el equipo de curas villeros, que apuntan a crear centros barriales en la misma comunidad, con un trabajo integral para lograr la reinserción social, educativa y laboral de los jóvenes en riesgo.

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