La insoportable levedad del ingeniero

Carlos M. Reymundo Roberts
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2 de marzo de 2016  

Por Dios, qué inauguración de sesiones más desangelada. Hay que agradecerles a nuestros bloques, que con sus gritos y abucheos a Macri le pusieron un poco de color, porque si no eso se hubiese parecido al Parlamento sueco. Es el problema de elegir como presidente a un ingeniero. El tipo habla una horita y después, a laburar. Un horror. Cómo extrañamos los ocho años de aperturas vibrantes, con stand ups de seis horas, 300 interrupciones por aplausos, lluvia de papelitos, barras en los palcos, intimidación a opositores, fiesta en la plaza y el inigualable espectáculo de cierre: cientos de bondis repletos que volvían al conurbano con la misión cumplida.

Ésa es la palabra mágica: espectáculo. A nosotros, preparar una apertura de sesiones nos llevaba meses. El discurso siempre era el mismo, pero la puesta en escena requería de la intervención de las más altas esferas del Estado. A ver: ese discurso, cada discurso, cada cadena era una política de Estado. Reparemos en lo de ayer. Se ve que a Mauricio no le gusta hablar, y debe darse cuenta de que a la gente no le gusta que hable, porque es como que se saca el trámite de encima. Se aburre. Y nos aburre a todos. Él va y dice cosas, cositas, y no actúa lo que dice: no se emociona, no grita, no habla de su secuestro, no llora. Es todo tan tedioso y tan previsible que Máximo quiso ahorrarse el garrón y se quedó en su casa.

Qué cositas dijo Macri. Dijo que la nuestra fue una era de "despilfarro y corrupción". Lo de corrupción, vaya y pase. Lo del despilfarro es grave. En todo caso, gastamos la plata porque descubrimos que el déficit es una extraordinaria herramienta de construcción política y afirmación ideológica. Dijo que fomentamos la inflación. Una falacia. Intervenimos el Indec justamente para hacer desaparecer la inflación (además, a él se le está inflacionando el dólar y no sabe cómo pararlo). Nos acusó de cómplices del narcotráfico. Otra falacia. Ni la Morsa sería capaz de afirmar semejante cosa. Dijo que se encontraron un Estado desmantelado. Bueno, peor es que no hubiesen encontrado nada. Dijo que nos faltó pensamiento estratégico. Le recuerdo los grandes aportes de la Secretaría para el Pensamiento Nacional, que encabezó Forster. Habló de una política de persecuciones. Exageración pura. Sólo perseguimos a la oposición, a los empresarios, a los medios, a la Justicia, a los caceroleros, a los que compraban dólares, a los que nos criticaban y a los que pensaban distinto. Amenazó con ser implacables con las empresas "que se quieran poner por encima de la Justicia". Ojo, Mauricio, no te metas con Hotesur porque se pudre todo, ¿OK? Y, en la única vez que subió el tono de voz, llamó a decirles "nunca más" a los golpes de Estado. Pícaro. Recontrapícaro. Se ve que nos conoce el alma.

Lo único positivo del mensaje fue que ganó la tesis Durán Barba: de la herencia recibida, poco y nada. Generalidades. Estábamos preocupados con eso. Después de gobernar 12 años siempre te queda alguna desprolijidad, alguna deuda, alguna licitación medio impresentable, algún papel comprometedor. Imposible evitar esas cosas cuando contás con hacedores como De Vido, vocacionalmente más atentos a la recaudación que a los recaudos. Mauricio fue pragmático: ni memoria ni balance. Un viejo amigo le había advertido: "Algún día te van a contar las costillas a vos".

Bueno, pasó la apertura de sesiones, pasó el discursito. Ahora asistiremos a un Congreso entreguista, que desoirá al kirchnerismo y al pueblo y trabajará para los buitres. Declaro formalmente inaugurado el período más oscuro de la historia democrática argentina.

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