La intimidad política de Miguel Pichetto, a dos meses de la "vida extra" que le dio su candidatura

Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno
Su vínculo con Macri, las charlas con Peña y los compromisos que teje en secreto con gobernadores
Gustavo Ybarra
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7 de agosto de 2019  

Hiperquinético y confiado. Así pasa sus días Miguel Pichetto de cara a las elecciones primarias del próximo domingo, su primera gran prueba política desde que decidió aceptar la propuesta de Mauricio Macri y abandonar el PJ para convertirse en su compañero de fórmula.

Es que, como si de un videojuego se tratara, Pichetto sabe que está disfrutando de una "vida extra". Antes del 11 de junio, día del anuncio de su precandidatura a vicepresidente, todos los caminos parecían conducir a cuarteles de invierno una vez concluido, en diciembre, su tercer mandato consecutivo como senador por Río Negro.

"La propuesta fue como un volver a vivir para Miguel, por eso la aceptó sin dudarlo", asegura un peronista histórico que supo compartir con el rionegrino el bloque de diputados nacionales.

El primer spot de campaña de Macri y Pichetto

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Desde que asumió este nuevo desafío, su influencia en la campaña no fue poca. Al ya famoso "efecto Pichetto" de las primeras semanas, que de alguna manera hizo resucitar la campaña macrista y que se trasladó al plano económico-financiero, sus allegados le suman el impacto que su presencia tuvo en el discurso electoral.

"El Gobierno encontró por fin un verdadero defensor de la gestión, alguien que se animara a decir lo que había que decir", opinó un senador peronista al que la bronca por el salto político de Pichetto no le impidió reconocer el valor agregado que el rionegrino le aportó al macrismo.

En el entorno de Pichetto también destacan su marca registrada en el discurso de no volver al pasado que adoptó Cambiemos en las últimas semanas de campaña. Recuerdan, en ese sentido, que fue el rionegrino uno de los primeros en convocar al peronismo, sobre todo a los gobernadores, a dejar atrás el kirchnerismo; un discurso que comenzó a predicar a mediados de 2016, pero que fue cayendo en saco roto al ritmo de los errores de la gestión macrista.

El propio Pichetto se encargó de usar ese argumento como forma de justificar su salto al oficialismo. Declaraciones como "el peronismo ya no me contenía" y la interpretación de la palabra traición como una ruptura con el pasado, que le dijo a LA NACION pocos días después de haber aceptado la oferta de Macri, no hicieron más que reivindicar una prédica antikirchnerista que ya no se preocupó por ocultar una vez que Cristina Kirchner dejó el poder.

El golpe de gracia fue la imposibilidad de acordar un frente político de corte peronista de centro con Roberto Lavagna, candidato al que apoyó hasta donde pudo. El choque de egos y la desconfianza del economista con Sergio Massa terminaron por dar por tierra con el intento.

Ese fracaso, más el giro pragmático de los gobernadores hacia los votos que le aporta el kirchnerista Frente de Todos, marcó el momento de Pichetto de soltar amarras del PJ.

Ahora, su terminal ya no son los caciques peronistas. Es la Casa Rosada, más precisamente el despacho del jefe de Gabinete, Marcos Peña, con quien ha entablado una muy buena relación a pesar de la desconfianza que alguna vez existió entre ambos.

Con Peña coordina los actos y el discurso de campaña. Es el ministro coordinador la polea de transmisión con Macri, a pesar de que la relación con el Presidente es muy fluida. Se potencian entre sí, asegura un funcionario con despacho en la Casa Rosada para describir la relación.

Otra terminal del rionegrino en su condición de oficialista es el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. En este caso, la relación viene de larga data. El jefe de la cartera política fue el primer y casi único interlocutor que tuvo el rionegrino en su papel de lobista de los gobernadores peronistas en el Senado desde que el PJ pasó a la oposición.

Por todos estos motivos es que, aseguran en su entorno, la integración de Pichetto a Cambiemos no fue para nada traumática. Solo niegan, entre risas, que haya adoptado el código de vestimenta macrista. "No es un energúmeno: si va a una obra en construcción, es lógico que no va a ir vestido de traje", aseguran para rechazar que sus apariciones con saco y sin corbata o con camperas Uniqlo hayan obedecido a un mandato del manual duranbarbista.

Por el contrario, sus allegados afirman que el desembarco del rionegrino amplió "el librito" de campaña. Citan como ejemplo las reuniones con peronistas del interior, que hasta su llegada no tenían en el macrismo un interlocutor confiable.

Esa, dicen sus allegados, es una agenda que aportó y maneja de manera exclusiva Pichetto. Sobre ese esquema, agregan, el precandidato basa su confianza para decir, al extremo de ser el único que lo hizo en el oficialismo, que la elección se resolverá en primera vuelta.

No obstante, Pichetto sabe que la carrera es larga, que no se acaba este domingo y que es preferible no mostrar todas las cartas de entrada. Así, su armado en el Senado de cara a un eventual segundo gobierno de Macri avanza a paso lento, pero sólido.

Lo mismo ocurre con los caciques peronistas, con los que no ha perdido contacto, como lo demuestra el almuerzo que, casi en total reserva y desviándose de la campaña oficialista, mantuvo en Formosa el jueves pasado con Gildo Insfrán, tal vez el mas kirchnerista de los mandatarios del PJ.

"A los gobernadores no hay que molestarlos, están en campaña", pide prudencia el rionegrino cuando lo apuran para que muestre su aporte de peronismo a Cambiemos. Sabe que el tiempo no es ahora, pero que cuando los necesite ellos responderán a su llamado.

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