La ley audiovisual cumple cinco años sin que el mapa de medios registre cambios

La norma benefició a empresarios "amigos", pero no estimuló la multiplicidad de voces
José Crettaz
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10 de octubre de 2014  

Hace cinco años, cuando el 10 de octubre de 2009 se sancionó la ley de servicios de comunicación audiovisual , el mapa de medios de la Argentina tenía ciertas características. Hoy, con el agotamiento de un largo lustro de disputas y embestidas gubernamentales a cuestas, ese mapa de medios es casi exactamente el mismo. No hay más voces. Ni se "democratizaron" las existentes, sea eso lo que fuese.

Los pocos cambios que pueden destacarse se dieron prácticamente en una sola dirección: empresarios cercanos al Gobierno -amigos de toda la vida, como Cristóbal López; viejos contratistas del Estado, como Electroingeniería, o conocidos más recientes, como Sergio Szpolski- adquirieron algunos de los medios existentes (incluso contra lo dispuesto en la propia ley, como López) o lanzaron nuevas emisoras. En este último caso, basados sobre todo en la televisión digital estatal, que no se rige por la ley audiovisual que hoy cumple años, sino por el decreto 1148/2009, firmado por la presidenta Cristina Kirchner en agosto de 2009, justo en medio del tratamiento parlamentario de aquella norma.

No hay nuevos canales de TV legales porque el único concurso -de 2011- fracasó por falta de interesados, y desde entonces la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) sólo dio permisos precarios a canales de baja potencia que, gracias a ese trámite no previsto en la ley, pueden acceder ahora a fondos de fomento de contenidos.

En el ámbito de la radio, la Afsca se concentró en otorgar licencias a emisoras que ya transmitían y que ahora son plenamente legales o a interesados que las habían solicitado antes de la sanción de la ley. Pocas de esas emisoras pueden ser atribuidas a la nueva norma. En cambio, el organismo estatizó varias radios históricas, como LT 38 de Rafaela (transferida luego a una fundación vinculada al kirchnerismo local) o LU 19 La Voz del Comahue, de Cipolletti, ahora propiedad del estado rionegrino. Curiosamente, los criterios aplicados para intervenir esas radios (entre otras cosas, el no pago de salarios del personal por parte de los titulares de las licencias) no fueron empleados en otros casos, como el de Radio Arte Argentina (ex Radio Chaco), un conflicto que aún sigue abierto en Resistencia.

No se registró una estampida de cooperativas de servicios públicos queriendo entrar en el negocio de la TV paga, algo que les habilitó la ley de medios. La Afsca otorgó muchas licencias a esas empresas, pero habilitó el funcionamiento de algunas pocas, que además se toparon con restricciones y falta de dólares para poder importar el equipamiento necesario para dar el servicio.

En cambio, sí creció el número de medios estatales, canales de TV del gobierno nacional (como DeporTV, que emitió el Mundial de Brasil junto con Canal 7) y de gobiernos provinciales, municipios y algunas universidades nacionales (aunque,, en este caso, fuertemente dependientes en lo económico del presupuesto federal, como los Servicios de Radio y Televisión de la Universidad Nacional de Córdoba).

La prehistoria de la ley de medios argentina arranca en marzo de 2009, cuando en el Teatro Argentino de La Plata la Presidenta presentó el anteproyecto (redactado por un pequeño grupo de académicos). En ese acto, además de la mandataria, también habló el entonces jefe de Gabinete Sergio Massa. En el estrado, entre muchos otros, aplaudían el jefe de la CGT ahora opositora, Hugo Moyano, y otros dirigentes que luego se alejarían y serían expulsados del kirchnerismo.

El trámite siguió en el Congreso, donde fuerzas también opositoras dieron el quórum necesario y votaron favorablemente la norma, como el Partido Socialista, liderado por el entonces gobernador de Santa Fe, Hermes Binner; el bloque de Proyecto Sur, de Fernando "Pino" Solanas -que era diputado electo-, y Libres del Sur, tres fuerzas que hoy integran el frente UNEN. El sábado 10 de octubre a la madrugada se sancionó, promulgó y publicó en el Boletín Oficial. Casi un año después, el 31 de septiembre de 2010, se reglamentó (sólo parcialmente). Pasó otro año hasta que la Afsca definió los mecanismos de adecuación a la norma y puso a correr el plazo de un año previsto en el artículo 161.

En el medio, varias empresas, además de Clarín, los grupos Manzano-Vila y Cadena 3, entre otros, presentaron demandas judiciales contra la norma. En 2009, el propio Daniel Vila equiparó esa ley con los decretos de la última dictadura. Con el tiempo, su socio José Luis Manzano (que conoce a los Kirchner desde que él y el matrimonio integraban el menemismo en los años 90) lograría recomponer la relación con el Gobierno, que, lejos de quitarle medios, le asignó nuevas licencias para operar, por ejemplo, televisión por cable en Rosario. Poco a poco, aquellas demandas se fueron cayendo y sólo quedó la del Grupo Clarín, que llegó hasta la Corte Suprema (no sin que antes el gobierno nacional logrará recusar y remover jueces en el camino).

Antes pasó el 7-D, el 7 de diciembre de 2012, día en el que la Afsca, ya a cargo de su tercer presidente en cinco años, Martín Sabbatella, amenazó con intervenir directamente al Grupo Clarín. Hubo una nueva cautelar que protegió los activos del conglomerado, hasta que el 29 de octubre de 2013 la Corte declaró plenamente constitucionales los cuatro artículos impugnados por Clarín. Ese grupo presentó pocos días después su plan de adecuación con la propuesta de dividirse en seis unidades, que fue admitida por la Afsca, hasta anteayer. Ahora, como si fuera un juego de la oca, la ley, el Gobierno, Clarín y la sociedad toda parecen retroceder varios casilleros para volver a empezar.

Longobardi denunció que lo monitoreaban por su celular

Después del violento robo que sufrió en Barrio Parque, el periodista Marcelo Longobardi reveló ayer un condimento inquietante: contó que, mediante la App de rastreo de su teléfono iPhone "Buscá tu iPhone", en las últimas semanas alguien estuvo siguiendo y geolocalizando su equipo celular. De esa manera accedían a su propia ubicación en tiempo real. Además, el conductor de Radio Mitre detalló que recibió correos electrónicos en los que Apple le informaba sobre el rastreo y le sugería que, en caso de no ser él, cambiara la contraseña. Si bien al principio sostuvo que fue un hecho más de inseguridad, luego quedó envuelto en dudas. "En el momento pensé que era un secuestro, como no me estaban robando, sino que me estaban atacando", contó Longobardi. El hecho ocurrió sobre la calle Ombú, cerca de Sívori, anteayer, a las 13.05, cuando iba a almorzar con el director de Perfil, Jorge Fontevecchia. "El episodio fue quirúrgicamente violento, con una precisión militar. Los tipos no me parecieron dos chorritos clásicos", relató.

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