La maldición de los vices en los gobiernos peronistas, un clásico

Los ningunean, se pelean con sus jefes, renuncian, quedan expuestos a escándalos o mueren
Pablo Sirvén
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29 de junio de 2014  

No es la maldición de Tutankamón, pero se le parece bastante.

La historia de los vicepresidentes peronistas está tapizada de conflictos, ninguneos, renuncias y hasta muertes. Es una suerte de "silla eléctrica" donde quien la usa no suele pasarla del todo bien.

¿La razón? Simple: el presidente peronista asume la primera magistratura con aires de monarca y le resulta incómodo cualquiera que le haga sombra. Quiere brillar como un sol y como tal chamusca y hasta puede llegar a quemar...

Por eso tiene el cortocircuito fácil hacia su compañero de fórmula o tiende a elegirlo como un simple relleno que no pocas veces termina volviéndose en su contra.

Contribuye el hecho de que el peronismo suele seleccionar para completar la fórmula presidencial a un extrapartidario. Así lo hizo Juan Domingo Perón en su primera presidencia al tener como copiloto a Hortensio Quijano, de la Unión Cívica Radical Junta Renovadora. En 1973, la candidatura a vicepresidente de Héctor J. Cámpora recayó en el conservador popular Vicente Solano Lima, en tanto que el primer vice de Cristina Kirchner fue otro radical: Julio Cobos.

Ambos miembros del matrimonio Kirchner tuvieron problemas con los tres vicepresidentes que desfilaron por sus tres gobiernos.

Néstor cascoteó a Daniel Scioli todo lo que pudo en cuanto éste demostró diferencias en la política de tarifas y le recortó su influencia en la Secretaría de Turismo y Deporte, al despedir a tres de sus colaboradores. El ahora gobernador bonaerense desarrolla una resiliencia muy peculiar que lo ayudó a sobrellevar los desaires que el kirchnerismo le depara desde entonces.

Julio Cobos, vice del primer gobierno cristinista, pasó a ser catalogado como traidor tras su voto "no positivo" que definió a favor del campo su enfrentamiento con el Gobierno.

Para su segunda y actual gestión, Cristina Fernández quiso elegir en soledad a su compañero de fórmula y al seleccionar a Amado Boudou le demandó que pensara igual que ella. No se vio defraudada en ese aspecto, pero los problemas vinieron por otro lado: la desaprensión de Boudou para distinguir sus intereses privados de los públicos que desembocó en el reciente procesamiento que le dictó el juez Ariel Lijo como principal protagonista del caso Ciccone, sin olvidar que tiene pendiente una nueva indagatoria con Claudio Bonadio por la compra irregular de un auto.

Sólo tres vicepresidentes justicialistas llegaron a calzarse la banda presidencial en medio de circunstancias peculiares, cuando no aciagas.

El primero en alcanzar esa meta fue el mismísimo Juan Domingo Perón, que pasó de ser vice de una dictadura militar a "caballo del comisario" de ese régimen, purificado en las urnas que lo ungieron presidente constitucional, en 1946. La vicepresidenta Isabel Perón accedió al puesto máximo al morir su marido, en 1974, y sólo pudo mantenerse en el poder durante 21 meses, en los que se radicalizaron la violencia política y la inflación.

Menos cruento, pero más accidentado, fue el derrotero de Eduardo Duhalde. Después de ser compañero de fórmula de Carlos Menem durante dos años, renunció para ser gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Pero el mandatario riojano se dedicó a sabotear su candidatura presidencial y en 1999 Fernando de la Rúa le ganó las elecciones.

Sólo pudo acceder al sillón de Rivadavia tras la hecatombe de 2001, elegido como mandatario interino por el Congreso. Pero debió acortar su mandato en siete meses para aliviar la presión social tras el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.

Perón se llevó muy bien con su primer vice, Hortensio Quijano, y quiso repetir, pero el radical se murió antes de empezar el segundo mandato.

Eva Duarte, la segunda esposa del líder, quiso ser su coequiper, pero las presiones militares, a las que cedió su marido, y su enfermedad avanzada frustraron el intento.

Buena parte del segundo mandato de Perón, por lo tanto, transcurrió sin vice, hasta que en las elecciones de 1954 fue elegido para ese cargo Alberto Tessaire. No dejó un buen recuerdo en el justicialismo: tras el golpe de 1955 fue el primero en darse vuelta y en hablar pestes del gobierno que integró.

Menem transcurrió sin vice los dos últimos años de su primera gestión y durante su segundo gobierno tuvo chisporroteos serios con su nuevo vicepresidente, Carlos Ruckauf, por sus simpatías hacia Duhalde.

Podría decirse que el único vice que estuvo en armonía con su inmediato superior fue el de Cámpora. Así todo, Solano Lima tampoco pudo escapar a la maldición de los vicepresidentes de gobiernos peronistas: a los 49 días de haber empezado su gestión, en 1973, ambos renunciaron a sus cargos fagocitados por la dura interna partidaria de entonces.

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