La noticia no alteró el ritmo de la calle

Hubo poca atención al discurso de Menem
Marina Gambier
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15 de mayo de 2003  

A las 15.30 de ayer, un grupo de transeúntes se detenía ante la vidriera de la casa de electrodomésticos Frávega, ubicada en la esquina de la avenida Corrientes y Pueyrredón. Entre licuadoras y planchas de vapor se sucedían las instancias finales del partido entre el Real Madrid y la Juventus de Italia, por la semifinal de la Liga de Campeones de Europa.

Cuando a las 19.05 las pantallas sintonizaron el rostro grave de Carlos Menem anunciando desde Anillaco que desistía de participar en el ballottage del próximo domingo, los empleados del local aseguraron a LA NACION que, para entonces, no había ni un alma frente a la fila de televisores. Tampoco había espectadores mirando desde los escaparates. "Estuvo diez minutos hablando y, parece mentira, pero nadie se paró a escuchar", contó un empleado que prefirió no identificarse.

Resignación, indiferencia. Esa era la sensación que se palpaba en las calles porteñas cuando una multitud se disponía a regresar a sus hogares después de una jornada laboral. La gente hacía fila en las paradas de colectivos, en las bocas de los subterráneos, y en los bares de la City no había más ajetreo que el de todos los días.

Muchos parecían más preocupados por la humedad que por la suspensión del ballottage.

Sin políticos

En el bar La Biela, en el barrio de Recoleta, por ejemplo, el encargado Carlos Gutiérrez aseguró que ayer hubo deserción en las filas de habitués vinculados con el ambiente de la política y, en particular, del menemismo.

Dijo que los clientes, en su mayoría turistas, no prestaron demasiada atención a la emisión del spot con el discurso de renuncia de Menem.

El ambiente era relajado, aunque en algunas mesas había decepción. "Yo esperaba otra actitud de un hombre como él, que fue primer mandatario", afirmó a LA NACION Javier Castrilli, actual candidato a legislador por Nueva Dirigencia. El ex árbitro de fútbol, vestido de sport, compartía un café con un amigo, que asintió con la cabeza cada declaración que hacía. "Me parece que fue un acto de irresponsabilidad tener al país dos días en vilo. Todos esperaban un gesto de grandeza de su parte. Hoy hablé con varias personas y muchos opinaban lo mismo", agregó.

En la librería El Ateneo, de Florida y avenida Corrientes, Pablo Bonano -encargado del sector novelas- contó que los comentarios no excedieron la sorpresa: muchos intuían que Menem no alcanzaría el sillón de Rivadavia. "En estas semanas -dijo Bonano- se vendieron más ejemplares de "Argentinos", el libro del periodista Jorge Lanata, y también "Lecciones de la crisis argentina", del economista Ricardo Arriazu. Por esta zona circulan profesionales y empresarios, y escuché a algunos opinando de la payasada que Menem hizo en los últimos días. Encima, logró seguir invicto, porque el tipo siempre se jactó de no haber perdido ninguna elección."

"Es de hombre seguir"

En un local de ropa para bebes, en la zona de Once, Ariel Condomí, de Caseros, espera que se destraben las ventas porque los clientes entraban, preguntaban precios, pero prometían comprar sólo cuando pasaran las elecciones. "Estaba cantado que iba a perder por goleada -dijo mientras acomodaba buzos de frisa-. Igual, yo quería que continuara. Me parece que es de hombre seguir hasta el final."

Más categórica fue Liliana Vidal, una rubia tarotista que atiende en un puesto improvisado, a pocos metros del cementerio de la Recoleta. "La gente está chocha ahora que se bajó Menem. Ayer atendí a un muchacho y cuando le conté que había escuchado lo de la renuncia se puso contento, entre otras cosas que es mejor no repetir", contó. "Yo no lo voté, pero hay cosas de Kirchner que tampoco me gustan -destacó-. Creo que, si bien no va a pasar lo mismo que con De la Rúa, va a estar muy dirigido por Duhalde. O peor, por su mujer, Cristina."

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