La nueva boleta electrónica debutó con éxito y aceleró el escrutinio

La votación fue en general ágil; hubo demoras en algunas mesas por las dificultades de las personas mayores o trabas en las máquinas
Valeria Musse
Alan Soria Guadalupe
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6 de julio de 2015  

Algunas personas necesitaron asistencia porque no estaban capacitados para usar la máquina
Algunas personas necesitaron asistencia porque no estaban capacitados para usar la máquina Crédito: Ricardo Pristupluk

Las elecciones de ayer tuvieron un condimento adicional. No fue el frío ni la nostalgia de un cuarto oscuro que ya no existe. Ese agregado especial fue la intriga: los porteños votaron por primera vez con la boleta única electrónica, un nuevo sistema cuya efectividad se confirmó al tener el escrutinio casi total alrededor de las 21.

Pese al pesimismo, la jornada no presentó grandes problemas más allá de las demoras por la falta de capacitación o los desperfectos técnicos de las máquinas, según constató LA NACION en una recorrida por diferentes escuelas de la ciudad de Buenos Aires.

"Hágalo usted, yo miro", le dijo Andrés Haluza, de 77 años, a la capacitadora de la Defensoría del Pueblo que trataba de convencerlo en la escuela N° 30 Granaderos de San Martín, en Belgrano. "No, venga, pruébela", le contestó la joven, ante una mirada tímida. "Esto es algo nuevo y uno es viejo, ¿vio?", explicó a LA NACION Haluza. "Si me equivoco, votaré otra vez", agregó, antes de poner en práctica en su mesa lo que se limitó a mirar en la pantalla de capacitación.

"Ahora, espere. Lea. ¿Lo que dice en la pantalla es lo que quiso votar? Bueno, abajo dice: «Imprimir». Relea lo que sale atrás de la boleta y acérquela para verificar que el chip marca lo mismo. Nos da el troquel y ya está." Con su vocación de docente, Rosalía asistía, desde el otro lado de la máquina, a cada vecino que se acercaba a cumplir con su obligación.

"Fue fácil", dijo Sergio, vecino de Monserrat. Aunque no estaba amigado con el novedoso sistema, el señor aseguró que le gustaba más que las tradicionales boletas que lo mareaban y tenían "aspecto sucio".

"Se vota de otra forma, papi", le decía un hombre a, presumiblemente, su pequeño hijo en una escuela de Villa Lugano. El curioso niño le retrucó: "¿No era oscuro?", y el mayor volvió a aclararle: "Ahora es distinto".

La nostalgia de algunos fue otra de las protagonistas. El cuarto oscuro, tal como solíamos conocerlo, dejó de existir ayer en gran parte de la ciudad. Muy pocos salones tenían sus ventanas tapadas y la mayoría tenía las puertas abiertas. Las habitaciones eran ocupadas por los integrantes de la mesa, que compartían el mismo ambiente que el elector y la máquina para sufragar. En algunos casos, como en una escuela de Villa Lugano, había hasta siete mesas en un mismo salón.

El candidato a jefe de gobierno por Pro, Horacio Rodríguez Larreta, entró a la Facultad de Derecho de la UBA, acompañado de su equipo, decenas de periodistas y vecinos curiosos. "¡Suerte, Horacio!", le decían algunos por lo bajo como si trataran, en vano, de disimular un voto cantado. "No sé qué le festejan, esto es muy lento. Hace 15 minutos que estoy en la cola y todavía no voté", se quejó una vecina, ofuscada, a pocos metros de la mesa 239, donde votó el postulante.

Podía fallar. Como estaba previsto, no todas las máquinas funcionaron bien durante la jornada. Algunas se tildaron, otras no detectaron las boletas y algunas simplemente dejaron de andar, lo que generó algunas demoras. El gobierno porteño había informado la semana pasada que cada escuela iba a tener una cantidad de pantallas extra por si se daban esos casos. "El 25% de las disponibles en cada escuela", deslizaron en su momento. Ayer hubo máquinas de más, pero no esa cifra. En la Escuela N° 30 Granaderos de San Martín, en Palermo, por ejemplo, había 17 máquinas disponibles, pero sólo una de repuesto. La situación se repitió en la Facultad de Derecho de la UBA, en Recoleta -donde hacia el mediodía ya se habían agotado las de reserva-, y en otras instituciones.

En una escuela de Palermo, Nicolás, de 36 años, tuvo un problema inesperado: la máquina no funcionaba. Las autoridades de mesa lo invitaron a salir del aula y aguardaron que alguno de los técnicos vestidos con sus chalecos azules resolviera el error. Finalmente, la que no funcionaba era la boleta, por lo que la rompieron y le dieron una nueva.

En todas las escuelas visitadas por LA NACION, había un grupo de entre tres y cuatro personas que respondían las dudas sobre cómo votar. Se tomaban el tiempo necesario para detallar los pasos por seguir. Algunas de esas mesas hasta eran una atracción para chicos que, aunque aún estaban lejos de ser mayores de edad, querían aprender a votar.

En dos semanas, con la primera experiencia superada con éxito, los vecinos de la ciudad volverán a votar con la boleta electrónica en el ballottage.

Rosalía, la presidenta de mesa que asistía a cada votante desde el otro lado de la máquina
Rosalía, la presidenta de mesa que asistía a cada votante desde el otro lado de la máquina Crédito: Aníbal Greco

Aceptación al nuevo sistema

  • La Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires difundió ayer un sondeo que refleja una amplia aceptación de la inauguración del sistema de votación con la boleta única electrónica en las elecciones a jefe de gobierno porteño. El estudio se realizó entre 12.294 votantes de todo el distrito en 141 mesas.
  • Según el defensor del pueblo, Alejandro Amor, "más del 93 por ciento de los ciudadanos no tuvo inconvenientes para votar" con las nuevas máquinas, mientras que "más del 68 por ciento consideró al sistema más ágil que la boleta de papel". Asimismo, el informe asegura que el 90 por ciento de los votantes tardó menos de cinco minutos desde que inició la fila en su mesa correspondiente hasta que depositó la boleta en la urna. Incluso Amor agregó: "Muchos votaron en menos de un minuto".

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