La nueva UCR, entre la crítica y el oficialismo

Se espera que la flamante conducción dé aire al Gobierno, sin perder de vista las elecciones de 2003
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3 de diciembre de 2001  

Un partido masomenista , "más o menos crítico, más o menos oficialista", sintetizó un encumbrado dirigente del radicalismo bonaerense.

Aunque cambian las palabras, ése es el presentimiento que la mayoría de las fuentes consultadas por LA NACION tiene respecto de la relación que el nuevo comité nacional de la UCR entablará con el Gobierno. Las hipótesis se sustentan en distintos puntos.

  • Angel Rozas. El sucesor de Raúl Alfonsín es gobernador del Chaco. En el partido estiman que el margen para hacer críticas será muy estrecho: la delicada situación financiera del distrito condicionará al mandatario, según la mirada de los hombres consultados.
  • La única posibilidad de cambio que observan habla de un hartazgo del gobernador. "Si la provincia estalla y no le dan la plata que necesita puede endurecer su discurso y desbocarse, como cuando casi llegó a las manos con los representantes de Economía", recuerdan en alusión al fuerte cruce que Rozas tuvo en la Casa Rosada con los dos hombres de confianza de Domingo Cavallo.

  • Juan Manuel Casella. El vicepresidente primero de la UCR es considerado como un dirigente "cauto" respecto del delarruismo. En el partido basan esa teoría en el hecho de que el actual embajador en Uruguay (cargo al que renunciaría en marzo próximo) tiene a "un ministro y un viceministro" en el Gobierno y por ello cuida su relación con el oficialismo. Se refieren al hecho de que Horacio Jaunarena (titular de Defensa) y Melchor Cruchaga (segundo de Justicia), responden al casellismo.
  • Los delarruistas más acérrimos dicen, con una gran cuota de satisfacción, que la nueva conducción partidaria "echó al duhaldismo de la UCR". Se refieren a los principales referentes bonaerenses, Federico Storani y Leopoldo Moreau. Les recriminan un "silencio cómplice" respecto de las sucesivas administraciones peronistas de la provincia.

    Cuando se les señala que Casella integra con Storani y Moreau la denominada alianza chica de Buenos Aires, refuerzan su teoría al recordar que a pesar de que el embajador dejó en claro sus aspiraciones para la presidencia de la UCR, ninguno de sus aliados le dio su apoyo.

    Breve respiro para De la Rúa

    Quienes más conocen el funcionamiento del partido apuestan todas sus fichas a que el presidente Fernando de la Rúa tendrá, al menos en los próximos meses, un respiro relativo en su relación con el partido.

    Desde el día en que asumió, Rozas no se cansa de repetir que los principales ejes de su gestión serán dos: que la UCR "debe asumir" que es el partido del Gobierno y que su intención es hacer un "oficialismo sin vendas".

    De todos modos, la tranquilidad del oficialismo no tendrá la dimensión que los delarruistas habían imaginado hace algunas semanas, cuando Enrique "Coti" Nosiglia, uno de los principales operadores del delarruismo, pugnaba por imponer al gobernador Pablo Verani (Río Negro) como vicepresidente primero.

    El mandatario, el aliado más fiel del Gobierno en el bloque de los aliancistas, finalmente se sumó a la mesa de conducción del comité, pero no en el cargo que deseaba la Casa Rosada.

    Por otra parte, la actual armonía entre el oficialismo y la UCR parece tener fecha de caducidad: la cercanía de los comicios presidenciales de 2003.

    "Si el Gobierno sigue mal, algunos meses antes de las elecciones el partido, y especialmente Rozas que tiene aspiraciones de ser candidato presidencial, le soltarán la mano a la administración dellarruista", argumentan las fuentes.

    Rozas aún no ha establecido un día fijo para su paso por Buenos Aires. Confía en que las cuestiones de su provincia harán que siga viajando una vez por semana a la Capital. El búnker que hasta ahora funcionó en la Casa del Chaco, en Callao al 300, ahora se mudará a la sede partidaria de Alsina y Entre Ríos.

    Hasta que Casella renuncie a la embajada en Uruguay, en marzo próximo, Walter Ceballos, que reemplaza en su cargo a Nosiglia, funcionará como virtual secretario general de la UCR.

    Aunque los acuerdos partidarios no permitieron crear legalmente la figura de secretaría general (Ceballos asumió como secretario de relaciones institucionales), el dirigente puntano funcionará en la realidad como tal.

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