La pesadilla de vivir con la economía embargada

Recesión, corralito, default, dudas
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27 de diciembre de 2001  

La recesión limitó por definición. El corralito, después, le puso un marco legal. El último feriado cambiario y bancario tensó definitivamente el nervio. Y el default, con la desconfianza que generó, terminó por maniatar la salud financiera de los argentinos.

Aunque la noticia de que desde hoy nuevamente podrán realizarse operaciones bancarias aportó cierta dosis de alivio, las complicaciones de los últimos días -la mayoría de las cuales persiste- se convirtieron en una pesadilla insufrible.

Planificar un viaje al exterior, por ejemplo, se volvió una ironía. Con el efectivo limitado, la opción parecieron ser los cheques de viajero (travellers checks). Hasta que los potenciales turistas recalaron en que sólo se pueden comprar travellers con efectivo.

A utilizar la tarjeta de débito, entonces. No. Mejor, no. Sólo Uruguay las acepta. Brasil aún estudia la posibilidad de sumarse, pero, en todo caso, surgen dudas sobre la capacidad de penetración en pueblos o ciudades no del todo desarrolladas. Si en Buenos Aires cuesta encontrar locales con las máquinas importadas...

La de crédito, ésa sí. Tiene que funcionar. En una conversación telefónica con LA NACION, fuentes de Visa aseguraron que por ahora no hay problemas con tarjetas emitidas en la Argentina. "Por ahora", aclararon. Eso quiere decir que anda todo bien.

No tanto, en verdad. Resulta que las limitaciones para girar dinero al exterior obligan a las tarjetas a utilizar un fondo que poseen del otro lado de la frontera argentina. Así es como financian los pagos a las sucursales internacionales (las compras efectuadas con tarjetas "argentinas" en otro país se cancelan aquí, pero el dinero debe llegar a donde fue gastado; con las restricciones, en la práctica, esto no sucede). El mayor problema es que tal fondo no soportaría mucho más que un mes.

Dicho de otra manera: si se extingue el fondo y desde la Argentina permanecen los inconvenientes para girar el dinero gastado por los argentinos en el exterior, por lógica, en poco tiempo nadie aceptaría pagos realizados con tarjetas emitidas aquí.

Esto de los giros restringidos también paralizó a los importadores y sacudió a los muchos argentinos que estudian en otros países. Cómo pagar la cuota de la universidad si no puede enviarse el dinero desde la Argentina. Cómo mantenerse si una visa de estudio no permite más que eso: estudiar.

Las compras por Internet también empezaron a padecer el embargo. La conocida librería virtual amazon.com, por caso, ahora envía sus libros sólo si previamente se le manda un giro. Tarjetas made in Argentina, no.

El default colaboró, claro. Y cómo. Se cortaron los préstamos en el exterior, de hecho. La desconfianza generada por el Estado se trasladó al sector privado y provocó que ya no se aceptaran las cartas de crédito.

Por supuesto que no todo el azote recayó sobre los argentinos que viven, trabajan o estudian afuera. Ni sobre los que pretenden viajar o hacer negocios en el exterior.

Los autónomos, que como todos padecieron los traumas del corralito, desde el jueves último maldijeron especialmente por el feriado bancario y cambiario. Les pagaban con cheques (¿qué valiente les iba a abonar en efectivo?), pero no estaban en condiciones de depositarlos. El peligro se potenció ante los vencimientos, aunque varios servicios tuvieron el tino de diferir los cobros.

En un contexto en el que las máquinas para tarjetas de débito no abundan, el feriado impidió que varias empresas depositaran sueldos, aguinaldos y adelantos de vacaciones, y hasta comenzaron a aparecer comercios que no aceptan pagos con tarjetas de crédito (¿en qué moneda retirarían luego el pago?, ¿cuánto valdría esa moneda?), único método que encuentran para preservar el capital...

Las limitaciones crecen de manera inversamente proporcional a la capacidad para movilizar el dinero. La incertidumbre sobre el futuro inmediato genera más intranquilidad. Y las versiones crispan los nervios. Así transcurre la vida de los argentinos, bajo la pesadilla de una economía embargada.

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