La política de seguridad será más tolerante

Desarrollarán un sistema de prevención y de control menos rígido en las manifestaciones callejeras y en los cortes de ruta "La represión será la última instancia", acordó el gabinete de Duhalde Desactivan el plan de fusionar el Ministerio de Defensa y la Secretaría de Seguridad Interior
Mariano Obarrio
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30 de junio de 2002  

El gobierno del presidente Eduardo Duhalde abandonará sus amagos de aplicar la "mano dura", que alentaron algunos de sus miembros. Luego de las dos muertes en Avellaneda, ocurridas el miércoles último por la acción de la policía bonaerense, retomará la política de tolerancia a las manifestaciones, con prevención y fuerte control policial.

Esa decisión es el resultado de un intenso debate en la Casa Rosada. Y cobra importancia porque el Bloque Nacional Piquetero trazó un plan de lucha para las próximas semanas que promete dureza: incluye marchas en todo el país, cortes de rutas, tomas de plazas y un campamento en la Plaza de Mayo el 15 de julio.

"No se reprime más. La represión sólo será la última instancia, cuando las fuerzas sean desbordadas y se torne muy necesario. Y sólo con gases, palos y balas de goma, no de plomo", describió a LA NACION una alta fuente del gabinete de Duhalde.

Hay un segundo efecto de la muerte de los piqueteros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en los incidentes del puente Pueyrredón: quedó desactivado definitivamente el proyecto de fusionar el Ministerio de Defensa y la Secretaría de Seguridad Interior, como analizó alguna vez el ministro de Defensa Horacio Jaunarena en la gestión de Fernando de la Rúa.

"Eso no existe, y menos ahora", aseguraron dos ministros a LA NACION.

El plan de lucha piquetero, que despertó en la Casa Rosada la hipótesis de complot y de una inminente lucha armada popular contra el Gobierno comenzó a ser analizado por el secretario de Seguridad Interior, Juan José Alvarez. Habrá una multitud de efectivos policiales en las calles que harán prevención con requisas permanentes de personas y de vehículos.

De ese modo, parece haber triunfado la política de las "palomas" contra la de los "halcones". Según altas fuentes de la Casa Rosada, existía antes del miércoles último una permanente disputa: Duhalde y Alvarez enarbolaban la bandera de la tolerancia, la prevención y el control, aunque sin caer en la permisividad; otros aconsejaban la mano dura. Entre éstos sobresalían el canciller Carlos Ruckauf y algunos gobernadores, como Juan Carlos Romero (Salta), Rubén Marín (La Pampa) y José Manuel de la Sota (Córdoba). En menor medida, también simpatizaban con esta línea el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, y el ministro del Interior, Jorge Matzkin.

Cerca de Duhalde advirtieron que la mano dura podría ocasionar nuevos episodios trágicos y la gestión duhaldista quedaría hoy más debilitada de lo que está. "No resistiríamos otra muerte; Duhalde debería llamar a elecciones", aseguran.

De aquí a futuro, cuando exista amenaza de desbordes el Gobierno dispondrá la presencia en la zona de las máximas autoridades de las fuerzas policiales o de seguridad, como el jefe de la Policía Federal, el subjefe o el superintendente de Seguridad Metropolitana. El superintendente Alberto Capucetti encabezó el operativo del miércoles último en la avenida General Paz, a la altura de la Panamericana. En ese lugar, recuerdan, no hubo desorden.

Análisis de la situación

En los análisis que hizo Alvarez en el gabinete se observó que no había jerarquía policial en Avellaneda. No estaban el jefe de la policía bonaerense, ni el subjefe, ni el jefe departamental. Además, no había número suficiente; eran 150 hombres. El Gobierno también promoverá la intervención en todos los desbordes provinciales de las fuerzas federales, la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura.

Para eso, notificará a todos los gobernadores y a los jueces federales de que ante las emergencias convoquen a las fuerzas federales.

"Para el plan piquetero del 9 de julio se pondrán todos los efectivos que hagan falta en la calle", aseguró un hombre de la máxima confianza del Presidente a LA NACION, en contacto permanente con Alvarez.

En las discusiones internas, el secretario de Seguridad Interior hizo notar puertas adentro, según hombres del palacio, que la Policía Federal no produjo víctimas el miércoles último y que la policía bonaerense tampoco las tuvo cuando estuvo a su cargo. Se refería especialmente al 19 y al 20 de diciembre último, cuando hubo casi treinta muertos que determinaron la renuncia del ex presidente Fernando de la Rúa.

"¿Preguntaban para qué sirve la política de tolerancia? Para que no pasara esto de Avellaneda", dijo Alvarez en esas disputas. Sin embargo, la Casa Rosada no toma esto como una victoria. Saben que Duhalde quedó golpeado y que el gobernador bonaerense, Felipe Solá, un aliado al fin, quedó en una extrema debilidad. Alvarez fue anoche a visitar a Solá, para prestarle su apoyo y analizar el futuro de la seguridad en la provincia.

En rigor, debieron reconciliarse luego de una pelea que se desató el jueves último. Solá afirmó que el secretario de Duhalde no le quiso mostrar las fotografías del diario Clarín que revelaban la supuesta responsabilidad de la policía bonaerense y que sólo se enteró por Duhalde, y tarde.

Pero Alvarez le aclaró que hasta el atardecer del jueves no tenía conocimiento de las fotos. Sólo se enteró por Atanasof, advertido por su equipo de comunicación y avisado de que existía una secuencia más probatoria en poder del matutino. Duhalde llamó a los diarios y supo el valor qué tenía esa prueba, que sería publicada anteayer. Sólo entonces llamó a Solá.

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