La prioridad es "administrar" el triunfo

La Presidenta ordenó a su gabinete enviar mensajes conciliadores y no exponerse a errores que puedan complicar el camino a octubre
Jesica Bossi
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15 de agosto de 2011  

Apenas vislumbró una victoria arrolladora, Cristina Kirchner bajó con precisión a sus más íntimos las palabras clave del mensaje a instalar: "humildad" y "apertura". Así se lo pidió, en una comunicación telefónica antes de verlo en el búnker, a su compañero de fórmula, Amado Boudou, y lo ratificó más tarde en su discurso en el segundo subsuelo del hotel Intercontinental, donde se emplazó el búnker.

Esa será la estrategia del Gobierno rumbo a las elecciones generales de octubre: administrar el triunfo con tono conciliador, avanzar sin grandes cambios y mostrarse "eficiente" frente a los coletazos de la crisis internacional. "No hay que hacer olas", repetía un funcionario a La Nacion, moviendo graciosamente las manos y sin disimular la euforia.

La Presidenta seguirá con la táctica de mostrarse sólo en actos de gestión y no se inmiscuirá en el barro de la campaña. De hecho, la Casa Rosada ya le impregnó al tramo final de la cruzada proselitista un estilo "amigable" –muy en sintonía con el edulcorado eslogan "La fuerza del amor"– y una apuesta estética descontracturada.

Otra vez recaerá sobre Boudou la misión clásica de recorrer el territorio, apuntalar las candidaturas locales, reunirse con los referentes de cada sección electoral de la provincia de Buenos Aires y desplegar un show político renovador que apunte al sector joven. Aun en privado, el ministro de Economía cultiva ese perfil: ayer al mediodía almorzó con familiares y amigos en el mítico Del Cielito Records, en Ituzaingó, un estudio donde grabaron bandas de peso como Los Redondos, Divididos y Los Piojos. A la noche terminó, a los saltos, en la calle junto a La Cámpora y otras agrupaciones sub-35.

Aunque no lo dirán en público, las principales espadas del Gobierno estaban extasiadas ayer con el resultado. Así se lo vio al influyente secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, con una sonrisa amplia, saludando a los abrazos a militantes. Declinó, en el apretujo, todo transpirado, hacer declaraciones a la agencia estatal Télam y se excusó, de excelente humor, ante La Nacion: "No, gracias, saben que no me gusta". El funcionario, máximo operador durante el cierre de listas, siguió con especial atención y frenéticas comunicaciones la performance en Córdoba, después del fallido acuerdo con José Manuel de la Sota que él coordinó. Ahí también se impuso la Presidenta.

"La crisis económica mundial, lo de Inglaterra, las protestas en Chile, todo eso nos terminó beneficiando. La gente ve que arde el mundo y acá no pasa nada", sostuvo, irónico, un operador kirchnerista. En rigor, la Presidenta se enfocará en los próximos días en blindar al país de los vaivenes internacionales y analiza medidas similares a las de 2009. "Igual, la retracción del comercio global, que también va a pegar acá, comenzará a sentirse en seis meses", explicó a La Nacion un funcionario del ala económica.

Con una cifra tan contundente, anoche quedó relegado el análisis sobre cómo puede reordenarse la oposición. Daban por descontado que no se buscará polarizar con ninguno y mucho menos discutir con los rivales. De hecho, la Presidenta, en la fase inicial de su speech y en un gesto poco común, felicitó a todas las fuerzas políticas que participaron. "No esperen de mí ninguna palabra que menoscabe ni que ofenda a nadie", afirmó.

Antes de los comicios, en el Gobierno tenían sondeos que, matemáticamente, ungían a Eduardo Duhalde como el candidato más fácil a vencer en la siguiente ronda. Desde lo político, la visión es otra: nunca es mejor competir con otro peronista. Un buen posicionamiento del caudillo de Lomas de Zamora daba al sector más tradicional del PJ la excusa perfecta para presionar al Gobierno a cambio de respaldo. Al menos anoche, ésa no era una preocupación en el kirchnerismo.

Pasada la madrugada, la plana mayor del Gobierno permanecía junto a Cristina Kirchner en el piso 19. En términos prácticos, el oficialismo cree que esta primaria –a diferencia de lo que ocurre en Santa Fe, donde funciona el mismo sistema– replicará las tendencias en la batalla final.

No hay pistas aún de cómo se reordenará el gabinete en un casi seguro tercer mandato kirchnerista. Dejan sus puestos el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; el de Agricultura, Julián Domínguez, y Boudou. Aunque se dijo que Julio De Vido abandonaría –después de tanto desgaste–el poderoso Ministerio de Planificación, él ya avisó a sus más íntimos su deseo de quedarse con un esquema más liviano: él como cabeza institucional y un segundo –con su aval– más operativo.

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