La protesta llegó a Mataderos

Unos 200 vecinos se autoconvocaron en contra de la "usura"
Unos 200 vecinos se autoconvocaron en contra de la "usura"
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22 de enero de 2002  

Sostiene con sus manos temblorosas un ajado mapa de la República Argentina. Hace décadas solía recorrer la peatonal Florida vendiendo espacios de publicidad. Juan Carlos Laura, de 80 años, es uno de los casi 200 vecinos de Mataderos que ayer al mediodía marcharon desahuciados reclamando soluciones. "El pueblo se levantó contra el hambre y la miseria", dijo el jubilado, con el rostro rojo de furia, a LA NACION.

La semana última fueron los vecinos de Liniers, primero, y Flores, después, quienes acorralaron a los bancos de su barrio. Con la misma modalidad pacífica, la gente de Mataderos se autoconvocó en la plaza Alberdi para manifestar en contra de la "usura" de las entidades bancarias.

Cacerolas, cucharas de madera, latas y otros utensilios de cocina fueron las armas de estas amas de casa, abuelas, niños, profesionales y jubilados que salieron a la calle a reclamar "por lo que nos robaron", como explicó a LA NACION, Laura, de 30 años, madre de 3 hijos y desempleada desde hace 3 años.

"Estamos cansadas de que nos roben, nos humillen, nos denigren y nos mientan", exclamó furiosa Emilse Giuntoli, de 44 años, y madre de 3 estudiantes. "Aparte, ¿qué futuro podemos tener?", preguntó angustiada su hija Luciana López, de 18 años y futura profesora de matemáticas.

"Treinta y cinco años educando chicos para esto", dijo Haydeé mientras señalaba la marcha. Con 68 años a cuestas, esta ex docente, hoy jubilada, participó de la protesta vestida de punta en blanco bajo el rasante sol del mediodía estival. "Protestamos mucho desde la quintita propia", se quejó, "hay que comprometerse y trabajar por la causa común", sentenció la ex maestra, como si aún estuviera al frente de la clase.

Con el pisapapas en una mano y la tapa de una olla en la otra, Rosa Sargoni marchó haciendo bochinche por la avenida Jaun Bautista Alberdi. A los 51 años tiene la mirada perdida y el ceño fruncido. "Me estoy quedando sin nada después de tanto sacrificio", comentó a LA NACION. "Tengo la casa hipotecada y estoy perdiendo hasta la salud de mi esposo por tanta mala sangre", dijo con lágrimas en los ojos, "pero estamos todos en la misma. Suerte".

"Suerte", "que Dios te bendiga", "que sigas con trabajo por mucho tiempo", "buena suerte y prosperidad" son algunas de las frases con que se despidió cada uno de los vecinos de Mataderos consultados por esta cronista.

Algunos recordaban con orgullo aquella vez en que se "acordonaron" alrededor de la plaza Alberdi para impedir la mudanza de la villa 31 a ese predio. Quizás un cartel, que se exhibe en un bazar de la avenida Juan Bautista Alberdi, resuma con certeza el ánimo del barrio: "La patria agoniza. Si todos nos unimos todavía la podemos salvar".

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