Suscriptor digital

La psicología del encubrimiento

Por Miguel Espeche Para LA NACION
(0)
31 de agosto de 2000  

Delator ("buchón", para el vulgo) o encubridor, ésa es la cuestión. No nos referimos tan sólo a la situación dramática planteada en el Senado de la Nación, en la que el senador Antonio Cafiero se vio atormentado entre la fidelidad a códigos muy particulares propios del cuerpo representativo del que forma parte, sino a la disyuntiva clásica de todo argentino, al punto que no hay escolar que no haya pasado, con mejor o peor suerte, por el "tironeo" psicológico y moral que significa testimoniar una acción dañina y tener que decidir entre la autoridad del maestro y la del transgresor que pretende encubrir su acto tras códigos de silencio.

El análisis de lo que podríamos llamar la "psicología del buchón" permite ver un quiebre entre la concepción de bien común y la autoridad encargada -supuestamente- de velar por ese bien.

El nivel de presión que puede sufrir un llamado "buchón" es enorme. Ya la palabra es francamente denigradora, sin posibilidad de rescate alguno. En esto no suele distinguirse si se trata de un delito que atenta contra la comunidad o de una acción destinada a combatir una situación tiránica, como , por ejemplo, la vivida en la Francia ocupada de la Segunda Guerra Mundial.

No es lo mismo delatar a un miembro de la Resistencia que lucha por liberar a su país que denunciar a un delincuente que hiere al bien común y a la ley justa con sus acciones.

Sin embargo, es habitual que en un país que ha vivido peleado con el concepto de autoridad al homologarlo, lamentablemente,con el autoritarismo (no en vano nuestro país ha vivido tantas tiranías), se tienda a ver con recelo el ejercicio de la justicia y a sentir como ilegítima la autoridad.

Siguiendo con el ejemplo escolar, digamos que el maestro no es visto como el que pondrá orden a una situación violenta (imaginando al alumno que pega a los más débiles, y amenaza con represalias si se lo "buchonea") sino como aquel que cercenará la libertad del alumno que desea desatar sus impulsos sin límite alguno.

Lamentablemente es comprensible que esto ocurra por la historia vivida en el país, pero los efectos psicológicos y sociales, con o sin comprensión del origen de la circunstancia, son nefastos.

Existe, en el análisis psicológico de la disyuntiva entre lo que es la delación y lo que es el encubrimiento, una aclaración importante. Se refiere, continuando con la imagen escolar, al alumno obsecuente, el "cuentero" o "chupamedias", que corre a contarle a la maestra las picardías de sus compañeros, no por un afán de justicia, sino por el deseo de ganarse un lugar de privilegio junto a ella en desmedro del lugar de los otros chicos del grado.

Un buen maestro se encargará de señalar el objetivo de ese alumno, para que no crea que dicha actitud lo hace mejor que el resto. Sin embargo, queda claro que no toda información que se coloca a la luz publica se hace con ese tipo de afán, sobre todo cuando son los intereses genuinos de la comunidad los que se ponen en juego y se perjudican con maniobras espurias.

En nuestro país, y posiblemente en muchos otros, existen innumerables códigos. Tantos, quizá, como grupos humanos o de intereses existan. Están los códigos del fútbol, los de las policías, los ya mencionados de los alumnos, los de los empresarios, los abogados, los psicólogos... y los de los legisladores, entre mil otros.

Sin embargo, se supone que dichos códigos no se contradicen con los de la ética ciudadana ligada al bien general más allá de los grupos particulares. Se trata de una ética que es esencial si de salud mental hablamos, ya que sin ella no habría parámetros ni bases para la armonía psicológica de la personas. Sin esa armonía las mentes serían un desquicio, lo que sin duda significaría una sociedad desquiciada.

Así como en las psicoterapias se considera que la salida a la luz de la conciencia es lo que sana a la persona atormentada por sus fantasmas interiores, es la luz de lo comunitario lo que sanará a quien se ve envuelto en la cruel alternativa de ser "buchón" o encubridor de una transgresión. Sólo esa luz es la que pondrá a las personas y a la ciudadanía al resguardo del desquicio.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?