La puja interna del PJ estalló en el Gobierno

Rodríguez Saá, sin respaldo
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31 de diciembre de 2001  

Adolfo Rodríguez Saá tomó la decisión de renunciar cerca de las 17, apenas advirtió que la convocatoria a los gobernadores de su partido había sido un fracaso total: de los catorce mandatarios asistieron sólo cinco.

En la residencia de Chapadmalal el clima era de tensión absoluta, confiaron dos participantes a LA NACION. Rodríguez Saá estaba destrozado y deprimido. "Yo así no puedo seguir. No voy a ser más presidente y tampoco seré gobernador. Me voy a San Luis a renunciar y a golpear una cacerola... Es lo único que me queda por hacer", dijo, terminante, y cerró una reunión que no había durado ni una hora. En esa cumbre se esperaban definiciones clave para tratar de poner freno a la peor crisis institucional del país.

Seis horas después, desde la residencia que ocupó durante sus 18 años como gobernador de San Luis, Rodríguez Saá anunció su renuncia indeclinable, que había adelantado por la tarde a los cinco hombres del PJ que le demostraron un apoyo concreto con su presencia.

Las diferencias en el justicialismo no habían podido zanjarse ni siquiera con la controvertida ley de lemas y se trasladaron al Gobierno ante la falta de una definición concreta sobre la fecha de las elecciones.

Los gobernadores Carlos Ruckauf y Juan Carlos Romero (Salta) quisieron frenarlo. No pudieron. Hicieron un último intento para que José Manuel de la Sota (Córdoba) desistiera de su postura de no apoyar a Rodríguez Saá; estaba enfurecido por las medidas que anunció el dirigente puntano durante su vertiginoso y breve paso por el poder. Pero lo que enfrentó casi de un modo terminal con Rodríguez Saá fue la ambición de éste de quedarse hasta 2003, rompiendo así el pacto que había hecho el peronismo para convocar a elecciones el 3 de marzo próximo. "Ponerlo en la presidencia fue una cag...", había dicho el gobernador anteanoche.

La desesperación y la sorpresa de los gobernadores que estaban con el todavía presidente se reflejaban en sus rostros demudados (según confiaron a LA NACION tres de los presentes). Una de las fuentes aseguró que mientras Romero buscó convencer a Rodríguez Saá de que anunciara los ajustes al presupuesto del año próximo, Ruckauf le decía: "Bueno, Adolfo no podés hacer nada más". El gobernador bonaerense, sin embargo, dijo a LA NACION que le había reprochado al todavía presidente su decisión de renunciar porque la situación era de una "gravedad extrema, casi terminal y con una guerra civil latente".

Pacto

Las dos versiones sobre esa situación pusieron en evidencia la sospecha que existe entre algunos gobernadores del Frente Federal (los que llevaron al poder a Rodríguez Saá) de que habría un pacto entre Ruckauf y De la Sota para desalojar al dirigente puntano del poder. Rodríguez Saá, sin embargo, en su discurso de renuncia, una hora antes de la medianoche, destacó el apoyo del gobernador bonaerense. Ruckauf después se quejó públicamente de que los de su propio partido habían boicoteado al presidente que ellos habían nominado en la Asamblea Legislativa, hace menos de una semana.

Rodríguez Saá esperó con poca paciencia los contactos que hacían los gobernadores peronistas, en la "tarde de perros" que se vivía en ayer en Chapadmalal. Se buscaba revertir lo que estaba pasando: renunciaba otro presidente, esta vez un peronista. En ese momento, ingresó un funcionario de la seguridad bonaerense y le avisó al mandatario que la situación era peligrosa. Afuera había un nuevo cacerolazo. Rodríguez Saá puso mala cara y, ante la falta de respuestas de los gobernadores ausentes, decidió volver a su tierra natal en el Tango 03 con la decisión tomada y con sus hombres de absoluta confianza: su hermano Alberto y Luis Lusquiños.

Néstor Kirchner (Santa Cruz) no contestó ni siquiera las insistentes llamadas de Angel Maza (La Rioja). Cuando vio por TV, antes de la medianoche, el discurso de la renuncia comentó: "Qué desastre que es... Irse a San Luis a renunciar es como hacerlo desde una posición fetal".

Carlos Reutemann (Santa Fe) tampoco dio señales y para "El Adolfo" (como le dicen a Rodríguez Saá en el PJ) no había nada que hacer. Se fue. Ramón Puerta se volvió a la Capital con Ruckauf y durante el corto vuelo le anticipó lo que después hizo público: su decisión de no hacerse cargo otra vez del poder; ni siquiera por un minuto.

Kirchner y De la Sota (quien, pese a que ayer envió un fax apoyando el presupuesto, ya no estaba dispuesto a ceder) sostenían que la llegada al poder había vuelto loco a Rodríguez Saá: nombró un gabinete de "impresentables"; anunció medidas que no consultó con los gobernadores de su partido; sus operadores armaban el operativo para quedarse hasta 2003 rompiendo con el pacto del PJ, y decían que "El Adolfo" se creía Perón con ese perfil "populista" que mostró en sus frenéticos días en el poder. Todo comenzó a derrumbarse con el cacerolazo de anteanoche.

La feroz interna del PJ se había cobrado un presidente que el partido había elegido. Su caída del fue el fiel reflejo de la pelea entre los peronistas que quieren conducir la Argentina.

Rodríguez Saá había sido el único gobernador del PJ que hace una semana pidió tomar la transición cuando ganó en el PJ la postura de convocar a elecciones. Pero después buscó mecanismos para quedarse y no llamar a elecciones el 3 de marzo. Ayer, en su discurso de renuncia, Rodríguez Saá envió un mensaje a sus pares cuando dijo que él el miércoles último había puesto en marcha el mecanismo para instrumentar las elecciones para intentar públicamente despejar las dudas acerca de las maniobras para perpetuarse. Sus dos hombres de máxima confianza dijeron a LA NACION, hace 72 horas, que apostaban a que la Justicia les permitiera quedarse hasta 2003 anulando la convocatoria de la Asamblea.

Rodríguez Saá volvió a su tierra, donde no conoce de derrotas políticas, y hasta que llegó a la residencia donde anunció su renuncia lo siguió una caravana que coreaba su nombre. Maza lo comunicó con De la Sota y discutieron fuerte: hubo insultos. Cerca de las 22, mientras su hermano Alberto retocaba el discurso de la renuncia, el todavía presidente le comunicó formalmente a Puerta su decisión. Ya no se reía como cuando asumió y enseguida les dijo a los suyos que no iba a presentarse como candidato a nada.

En el PJ ya hablaban de que Eduardo Duhalde era el hombre que podría hacerse cargo del poder.

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