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La reforma laboral puede reconfigurar el mapa sindical

Nicolás Balinotti
Nicolás Balinotti LA NACION
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16 de noviembre de 2017  • 16:31

El apretón de manos entre el Gobierno y la CGT por el proyecto de ley de reforma laboral podría derivar en una inesperada reconfiguración del mapa sindical.

Quedarían de un lado la cúpula de la CGT, como la interlocutora con la Casa Rosada, y en el otro extremo se amontonarán gremios cegetistas díscolos, las dos CTA, el sindicalismo clasista que se identifica con la izquierda y los movimientos sociales.

Pero sin dudas que el reacomodamiento de piezas más interesante se daría en la CGT, que el año próximo podría consensuar para dar de baja el triunvirato e ir hacia un liderazgo de conducción única. Además, orgánicamente, buscará recuperar protagonismo político en el rearmado del PJ, exclueyndo al kirchnerismo. Tallan en esa estrategia el sector de “los Gordos”, otros sindicalistas cercanos al macrismo como Oscar Mangone, Antonio Cassia, el bastión de gremios que comulga con el taxista Omar Viviani y los ex laderos de Gerónimo Venegas en las 62 Organizaciones Peronista, el histórico brazo político de la central obrera que hoy está desarticulado.

El sector dialoguista de la CGT, en el que están los gremios de mayor relevancia, trazó parte de su hoja de ruta política con el senador Miguel Angel Pichetto y el gobernador tucumano Juan Manzur. La liga de gobernadores prácticamente tercerizó en la CGT su postura legislativa sobre la reforma laboral. Se verá en unas semanas cuánto predicamento tienen realmente los mandatarios provinciales sobre sus legisladores.

El Gobierno echó a rodar un borrador de la reforma laboral con 145 artículos entre los que se preveían grandes cambios a la legislación vigente, algo que no se había charlado previamente entre los negociadores. Derivó en una larga y tensa negociación con la CGT, que finalmente logró despejar los puntos más resistidos, que significaban una pérdida de derechos para el empleado.

En la negociación, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca , y el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana , se ocuparon especialmente de consensuar el ítem que quizás más rechazo le generó a Hugo Moyano , a quien el Presidente todavía considera un aliado. Se trata del artículo que fomentaba la tercerización en áreas como seguridad, higiene, informática y transporte. Se alcanzó una tregua al establecer que “el tercerizado” no puede percibir menos salario que el del convenio colectivo de la actividad principal y al limitarlo sólo al transporte de pasajeros, excluyendo el de cargas, ámbito específico de Moyano. Los abogados de camioneros celebraron la modificación.

En el Gobierno, sin embargo, no creen haber domesticado a los Moyano. Mauricio Macri mantiene su vínculo con Hugo Moyano, a quien privilegia a veces con charlas a solas. Pero nadie en el oficialismo sabe cómo tratar con Pablo, número dos en el escalafón jerárquico de los camioneros y a quien Cristina Kirchner le envió el martes pasado un guiño a través de las redes sociales.

Sin participación en las negociaciones con el Gobierno a pesar de ser el secretario gremial de la CGT, Pablo Moyano se mueve casi de manera autónoma en la central obrera. Insiste ante sus colegas que desconfía de las políticas oficiales y que cree que Macri “está al acecho de las conquistas laborales”. Para el triunvirato de mando, la postura de Pablo es “inflexible”. Pero lo que más incertidumbre genera es que lo asumen como un dirigente “impredecible”.

Desde hace meses, Pablo Moyano mantiene reuniones sectoriales en su despacho del tercer piso de Azopardo 802. Pasaron por allí dirigentes sociales, cooperativistas y hasta sindicalistas que fueron candidatos por el kirchnerismo en la última elección. Su última gran jugada fue ayer al encabezar un acto en el mítico salón Felipe Vallese para cooperativistas, desde donde criticó el pacto que sellaron sus colegas con Triaca.

La estrategia de Pablo Moyano es avanzar en la construcción de una corriente similar al legendario Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) que su padre lideró en los años de Carlos Menem presidente. Sería un frente con sesgo opositor que incluiría a gremios, organizaciones sociales y entidades empresarias afectadas por las políticas de la gestión de Macri.

No sorprendería ver al hijo rebelde de Moyano encabezar en dos semanas una movilización callejera en contra del proyecto de reforma laboral. Coincidiría allí con los gremios de la Corriente Federal, los aeronáuticos, las dos CTA y dirigentes de izquierda con los que tiene buena relación, como el ferroviario Rubén Sobrero.

Mientras que el rompecabezas sindical se acomoda tras el cimbronazo por los eventuales cambios en la legislación laboral, el jueves y viernes próximo llegará desde Roma una imágen inédita: el papa Francisco participará de una cumbre mundial sindical en la que se prevé una foto con los líderes de la CGT y de las dos CTA. Simbolizará una unidad fugaz, de ocasión. Un nuevo rompecabezas sindical ya está en marcha.

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