La Rioja: el Macondo donde siempre se vuelve a debatir la re-reelección

Casas se puso al frente de la campaña por el Sí en el plebiscito
Casas se puso al frente de la campaña por el Sí en el plebiscito Crédito: Gobierno La Rioja
Lucrecia Bullrich
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27 de enero de 2019  

LA RIOJA.- Es, junto con otras, una de las provincias que el peronismo gobierna desde el retorno de la democracia. Tuvo reelección ilimitada hasta hace poco más de una década y hoy decidirá si su gobernador puede o no acceder a un tercer mandato consecutivo este año.

Con una particularidad: los resultados de esta noche están, de antemano, sujetos a dos interpretaciones que hacen que el sí y el no puedan ganar a la vez. O perder. También a la vez.

"La Rioja es Macondo". La sentencia parece fruto de una mirada reduccionista y "porteñocéntrica", pero cobra vida cuando sale de boca de riojanos. De riojanos de a pie y de dirigentes. De funcionarios en actividad y retirados (nunca del todo). De los pasillos de la política local.

El poder provincial fue cambiando de manos, pero siempre entre peronistas: Carlos Menem, Luis Beder Herrera, Ángel Maza, destituido por la Legislatura y reemplazado por su vice, Beder Herrera en 2007 y Sergio Casas, vice de Beder Herrera, se sucedieron en la gobernación sin mayores sobresaltos, salvo por la destitución de Maza, sin que el radicalismo, o cualquier otra fuerza, viera siquiera de lejos la posibilidad de acceder al poder.

"En La Rioja sí existe la alternancia. El problema es que solo existe entre peronistas", bromea un peronista, claro. Pero ¿por qué es así? ¿Por simple aptitud de los peronistas e impericia de los radicales? Las explicaciones son varias, pero difieren según quién las dé y van más allá de esa primera conclusión apurada.

El gobernador Sergio Casas busca habilitar la re-reelección
El gobernador Sergio Casas busca habilitar la re-reelección

Una explicación apunta a lo difícil que es ganarle una elección al partido de gobierno, que, como en otros lados, hace campaña con todos los resortes de la administración y con los recursos del Estado. Esa constante se verificó, siempre según denuncias de la oposición, en la campaña para la consulta popular de hoy.

En los últimos días, los celulares de radicales, macristas y varios peronistas fueron propaladoras de fotos y videos de camionetas de distintos municipios de la provincia cargando colchones, comida y electrodomésticos supuestamente dirigidos a seducir a futuros votantes del sí a la enmienda constitucional. "Esa es solo la punta del iceberg", dice un dirigente opositor a LA NACION mientras busca un video entre sus contactos en WhatsApp. "En La Rioja, como en cualquier otra provincia, las elecciones se ganan con plata, pero acá, la diferencia entre lo que gasta el gobierno y lo que gastamos nosotros es abismal", describe resignado.

Otro opositor habla del fenómeno de la "cancha inclinada" y enumera elementos más vinculados al diseño institucional de la provincia y, en particular, a las reglas del juego electoral. Apunta que aquí no hay ley de financiamiento de los partidos políticos ni espacios gratuitos de publicidad para los candidatos en campaña. Sí hay, en cambio, medios más o menos directamente controlados por el gobierno en los que la crítica al poder, la propaganda de la oposición o la simple participación de opositores tienen muy poca cabida.

Un peronista histórico señalaba otro factor: el que emparenta al peronismo, como a ninguna otra fuerza, con el "divide y reinarás". El PJ riojano es experto en crear, sobre todo en la disputa por las intendencias, falsas internas que solo buscan dividir el voto opositor. Hoy el PJ controla 17 de las 18 intendencias de la provincia. La restante es Famatina, que está al mando de un ambientalista. Ese control de las intendencias es el cimiento del poder electoral del gobernador, que, también como en otras provincias históricamente peronistas, es casi imbatible en el interior y más vulnerable en la capital y otras ciudades grandes. Y están las colectoras, que aquí sobreviven. Esa supervivencia explica, en parte, que la UCR haya obtenido muy buenos resultados en las últimas elecciones legislativas nacionales. Sin colectoras, el radical Julio Martínez le ganó a Carlos Menem por casi tres puntos.

Pobreza y empleo estatal

También juega, y muy fuerte, la pobreza. Según el último registro del Indec, del primer semestre del año pasado, el 27,3 por ciento de los argentinos son pobres. Aquí el índice baja a 23,5%, pero está entre los más altos del país. "La pobreza es el mejor aliado del peronismo y su permanencia en el poder", afirma otro histórico de la UCR riojana con despacho en Buenos Aires. La asociación entre el nivel de pobreza y lo que llama "el aparato clientelar" en manos del Estado provincial es inmediata.

Casi tanto como el vínculo que traza entre el apoyo al peronismo y la preeminencia del empleo estatal entre la población económicamente activa. Los registros más recientes ubican la cantidad de empleados públicos de la provincia en torno al 60 por ciento del total. El porcentaje trepa al 80 por ciento en departamentos del interior y si se cuenta a las personas que, sin ser empleadas del Estado, dependen de este para tener ingresos (beneficiarios de planes sociales, de programas de empleo y becarios, entre otros).

A esa realidad casi endémica se le suma el mínimo impulso a la actividad privada y a la industria, que ocupan un lejano tercer lugar entre los empleadores de la provincia, detrás de los Estados nacional, provincial y municipal y el comercio.

¿Y la oposición? O más precisamente, ¿y el radicalismo? ¿Cómo contribuye la UCR a la "alternancia solo entre peronistas"? La primera respuesta la aporta un peronista. "El problema del radicalismo es que siempre que fue opción con alguna chance lo fue con ropa prestada". La metáfora de la ropa prestada alude al apoyo, más o menos visible, del PJ a candidatos radicales. Algo de eso ocurrió en las legislativas de 2017, cuando el intendente peronista de esta capital, Alberto Paredes Urquiza, respaldó a Martínez. También a cuando en 2003, aunque con las particularidades de aquel año pos crisis, Martínez fue candidato a diputado nacional en la misma boleta que Néstor Kirchner candidato a presidente y Jorge Yoma aspirante a la gobernación.

Por fuera del PJ y la UCR, el vínculo que Mauricio Macri tejió con las provincias opositoras en los últimos tres años también aporta una pieza a las explicaciones y se da aquí como una particular forma de fuego amigo. El vínculo con Casas, por lo menos hasta que el riojano inició su carrera re-reeleccionista, fue siempre cordial y sereno.

De perfil bajo, el gobernador nunca sobresalió entre sus pares con reclamos fuertes. La estrategia dio frutos. Por primera vez desde 1988, en la última negociación del presupuesto, la provincia logró que la compensación que recibe por el punto de coparticipación que se le sacó aquel año se actualizara por inflación y este año recibirá $4000 millones.

Por otro lado, el Ministerio del Interior forjó un muy buen vínculo, regado con fondos, con el intendente capitalino, Paredes Urquiza, a quien imagina compitiendo en una interna con Martínez, aunque ni el peronista ni el radical ven con demasiadas ganas ese escenario. "Es paradójico, pero acá Peña juega para Julio [Martínez], aunque bastante poco, y Frigerio le pone toda la plata a Alberto [Paredes Urquiza]. Terminan dividiendo y haciéndole el juego a Casas", analizó un legislador experimentado.

¿Y Menem? ¿Participa del actual rompecabezas riojano? Casi nada. Se mantuvo prescindente durante el debate y la campaña por la enmienda constitucional, aunque hace casi 20 años, fue el pionero en aquello de buscar la "re-re". Salvo por un tuit de su sobrino Adrián, que defendió el plan de Casas y negó que esconda un primer paso para reinstaurar la reelección ilimitada. Más allá de su silencio y de que ya casi no visita su tierra natal, el cariño por Menem luce aquí intacto.

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