La UCR le pone límites al Gobierno

Su conducción le dijo a De la Rúa que el aval al presupuesto no sería a libro cerrado
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19 de diciembre de 2001  

El radicalismo le puso ayer un límite al presidente Fernando de la Rúa. El jefe del Estado pidió a los máximos referentes partidarios la aprobación inmediata del presupuesto 2002 y ellos le contestaron que iban a acelerar los tiempos parlamentarios, pero que el apoyo no sería a ojos cerrados.

En un encuentro de más de tres horas en la residencia de Olivos, la cúpula de la UCR, encabezada por el titular del partido, Angel Rozas, y por el senador Raúl Alfonsín, rechazó nuevos ajustes en el presupuesto y manifestó su preocupación por la situación social.

Luego de un dramático análisis de la crisis económica que afecta al país, los radicales propusieron alternativas para destinar recursos a las urgencias sociales, a combatir el desempleo y a permitir una reactivación de la economía.

"Vamos a tratar de que salga un presupuesto con el menor impacto negativo en el estómago y en el bolsillo de la gente. Esos son los límites de la UCR", sostuvo Rozas al retirarse de la cumbre con el Gobierno.

Dos fuentes del comité nacional, un gobernador y dos legisladores que participaron del almuerzo coincidieron en señalar a LA NACION que "no se había quitado colaboración al Gobierno, pero que se marcaron las cosas que no se hacen bien".

De la Rúa recibió a los líderes radicales con un asado. Además de Rozas y Alfonsín, se sentaron a la mesa el titular del bloque del Senado, Carlos Maestro; el secretario del partido, Walter Ceballos; el diputado Jesús Rodríguez, y los gobernadores de la Alianza, Roberto Iglesias (Mendoza), Pablo Verani (Río Negro) y Sergio Montiel (Entre Ríos).

Los voceros del titular del bloque de diputados radicales, Horacio Pernasetti, informaron a LA NACION que su jefe había sido invitado, pero que no concurrió por problemas personales.

El Gobierno estuvo representado por el secretario general, Nicolás Gallo; por el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y por el ministro del Interior, Ramón Mestre.

Alfonsín fue muy enérgico a la hora de plantear que no votaría más recortes. Mientras que Maestro, más mesurado por su cercanía a la administración delarruista, propuso incorporar al presupuesto recursos adicionales, modificando los impuestos a los bienes personales y a las ganancias, para solventar planes sociales.

También se reclamó un subsidio para 2.500.000 jefes de familia. Iglesias trazó un preocupante panorama de las finanzas provinciales.

"El tratamiento del presupuesto no va a ser fácil ni rápido", le advirtieron al Presidente los líderes radicales. Pero se comprometieron a discutirlo en el Congreso, con los cambios pertinentes, luego de que De la Rúa hizo una larga exposición sobre la necesidad de regenerar la confianza con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Desde el Gobierno no mostraron demasiado interés por dar su versión del encuentro. "Fue bueno", resumió un vocero de la Casa Rosada.

"Fue sincero", agregaron algunos de los comensales consultados por LA NACION.

Estado deliberativo

Antes de ir a Olivos, los dirigentes de la UCR se juntaron en la sede del comité nacional para discutir propuestas sobre cómo superar la crisis económica. La idea de las autoridades del partido es sentarse frente al Gobierno con un discurso unificado que les permita asumir una posición de mayor fortaleza en la concertación.

Cerca de las 9.30, Rozas y Alfonsín fueron los primeros en llegar a la sede de la calle Alsina para participar de una reunión que pretendían mantener en absoluta reserva, pero que fue anticipada ayer por LA NACION.

Junto con el resto de los dirigentes, discutieron durante más de tres horas un menú de alternativas económicas y sociales, y algunas de ellas luego fueron expuestas ante el Presidente. La única coincidencia absoluta fue decirle no a la dolarización.

Salir de la convertibilidad

Rozas, ya en la quinta presidencial, insinuó que había que comenzar a pensar en salir paulatinamente de la convertibilidad porque este sistema era un corsé que no permitía crecer al país. Expuso, como variable, "pesificar" la economía o recurrir a una tercera moneda. "No se avanzó mucho en esta idea -relató uno de los participantes-, pero lo importante fue que ya se le empezó a hablar al Gobierno de un cambio de sistema económico."

Eso sí, en Olivos coincidieron en que la solución para el país, antes que económica, era política y plantearon la urgente necesidad de avanzar en un consenso lo más amplio posible, sobre todo, con la principal fuerza de la oposición: el peronismo.

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