La violencia alteró la agenda del Presidente

Estaba reunido con Lula y Chávez
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28 de febrero de 2004  

CARACAS (De un enviado especial).- Cuando estalló la violencia en las calles de esta capital, el presidente Néstor Kirchner se encontraba reunido a solas con los mandatarios Luiz Inacio Lula da Silva, del Brasil, y Hugo Chávez, de Venezuela, anfitrión de un desayuno de trabajo que sacó del primer plano la realización de la XII Cumbre del Grupo de los Quince, una asociación de 19 países en desarrollo.

El clima que rodeaba todo era denso. Los integrantes de la comitiva de Kirchner dejaron entrever que para el Presidente la represión de las fuerzas militares a los manifestantes opositores a Chávez era, a todas luces, una noticia desagradable.

Durante las horas previas, el Presidente les comentó a sus allegados su temor de que se produjeran hechos de violencia. "No quería quedar vinculado a esto. El Presidente apoya a Chávez, en tanto consolide la institucionalidad de su país; pero no convalida la represión y la situación de división que existe en la sociedad venezolana", comentó un miembro de la comitiva presidencial.

Más aún, para ciertos hombres que interpretan a Kirchner, Chávez defiende causas justas, pero avala los métodos de un dictador de los años 50.

Luego del saludo final para las fotos con Chávez y Lula, Kirchner se retiró inquieto del palacio Miraflores, sede gubernamental venezolana.

Se dirigió al hotel Hilton, donde se reunió con una delegación del grupo Techint, que le contó detalles de sus inversiones en este país, y luego almorzó con su esposa, Cristina Fernández de Kirchner; el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, y el gobernador Felipe Solá, entre otros miembros de su entorno.

No hubo operativos de seguridad especiales para Kirchner. No hizo falta: Caracas es de por sí una ciudad bloqueada por unos 10.800 efectivos de fuerzas militares y de seguridad, en la que a cada paso uno debe exhibir su credencial y en cada esquina hay corridas de uniformados.

El clima se respiraba tenso desde anteanoche. "El último fin de semana murieron cerca de aquí 172 personas durante los festejos de carnaval, por enfrentamientos entre chavistas y antichavistas", decían a los visitantes un empleado del hotel Hilton, donde se desarrolla la cumbre.

Pero ayer (como se informa en la página 4), miles de manifestantes de la Coordinadora Democrática, opositores a Chávez, intentaron marchar hasta el lugar en donde se celebra la cumbre para reclamar el apoyo al derrocamiento del ex militar golpista. Fue entonces cuando se produjo el desbande. En la barriada Maripérez, sobre la avenida del Libertador; frente a la embajada de los Estados Unidos y en la Plaza Venezuela, arreciaron tiros, gases lacrimógenos y perdigones.

Malestar de la comitiva

El saldo, como se informa por separado, fue de dos muertos y veinte heridos. Pero el malestar de los propios integrantes de la comitiva presidencial se hizo notar.

Tanto que un secretario de Estado se lamentó de que no lo dejaban estar en ningún lugar fijo del palacio de Miraflores. "De todos lados nos corren. Como si no nos conocieran", dijo. "Cuando vino Chávez a la Argentina, hasta usó el canal 7", recriminó otro funcionario argentino.

El senador Ramón Puerta (PJ-Misiones), titular de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, aconsejaba que Kirchner debía partir cuanto antes, apenas presenciara la apertura de la cumbre.

"No hay que convalidar esta violencia", decía. Pero al Presidente le quedaban todavía dos paradas clave de su agenda: la segunda parte de su reunión con Lula y otro encuentro con líderes de la oposición.

El jefe del Estado, de todos modos, tomó con humor la situación que rodeaba como telón de fondo a la cumbre venezolana. En el hotel Hilton se acercó a algunos periodistas y les dijo: "Felipe Solá me garantizó que los que reprimen no son de la policía bonaerense". El gobernador bonaerense replicó: "Este me roba todos los chistes".

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