Las fuerzas federales operan en el límite de sus posibilidades

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
Las FF.AA. piden autorización legislativa
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21 de diciembre de 2001  

Las fuerzas de seguridad están al límite de su capacidad operativa, enfrentándose con saqueadores que anoche no habían disminuido el pillaje pese a la renuncia del presidente Fernando de la Rúa. Las Fuerzas Armadas mandaron el mensaje el Congreso: sólo saldrán a reprimir si los legisladores lo aprueban.

"Ya usamos el 80 por ciento del personal", dijo el jefe de la Gendarmería, comandante general Hugo Miranda, un par de minutos antes de que el ahora ex ministro del Interior, Ramón Mestre, le confirmase el fin del Gobierno.

Ese 80 por ciento significa unos 12.000 efectivos empleados en la contención de disturbios en varias provincias. Tucumán y Entre Ríos eran la mayor preocupación en el Edificio Centinela. El conurbano bonaerense seguía estallando y la batalla de la Policía Federal en la Plaza de Mayo obligaba a los gendarmes a buscar posibles refuerzos hasta en oficinas administrativas.

Casi agotadas las municiones antidisturbios, anoche empezaban los preparativos para cambiar el armamento de los efectivos por fusiles.

En la última decisión del Consejo de Seguridad Interior se designaron a los comandantes que en cada provincia coordinarán las acciones de las tres fuerzas de seguridad y de las policías locales. Por la vigencia del estado de sitio y la acefalía de Gobierno, esos comandantes eran anoche los encargados de resolver en el terreno los recursos ante los saqueos y desbandes.

El comandante Miranda advirtió que frente al descontrol "puede haber un uso abundante de la fuerza". Agregó que, pese a la anterior afirmación, espera controlar que no haya abuso de fuerza.

Los jefes de las Fuerzas Armadas se reunieron ayer en forma casi permanente. Ratificaron su posición de defender la Constitución y de cumplir con las órdenes que se les den dentro de un marco legal. Eso significa que los militares reclaman que el Congreso se haga cargo de convocarlos.

Las Fuerzas Armadas habían advertido al gobierno de De la Rúa que no podría emplearlas en una tarea represiva con sólo un decreto presidencial. Anteayer, ningún oficial de importancia hablaba en favor de introducir a los militares en la refriega.

La indicación al entonces presidente Fernando de la Rúa fue que los militares estaban preparados para "destruir al enemigo, no para contener a connacionales".

Frente a una conmoción tan grande, los jefes dejan en el Congreso la responsabilidad por el posible el uso de sus armas, que no disparan balas de goma justamente.

Por lo pronto, tienen desarrollados planes de contingencia para actuar. Si se los llamase a ocupar las descontroladas calles, pedirán la designación de un comandante operativo que quede a cargo de la acción de todas las fuerzas armadas y de seguridad, tanto federales como provinciales.

Esa tarea quedaría en manos del general Eduardo Altuna, jefe de la Guarnición Buenos Aires.

En la última reunión con el ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, se conversó sobre la posibilidad que los militares reemplazasen a la Gendarmería y a la Prefectura en el control de los objetivos sensibles, como las centrales nucleares, y de los denominados objetivos de las comunidades judía y musulmana para liberar efectivos a las fuerzas de seguridad.

Reglas del estado de sitio

Para el comandante Miranda es fundamental sostener el decreto de estado de sitio para controlar la situación. "Tenemos que actuar si vemos una concentración de gente que se presume pueda iniciar un saqueo", dijo.

Aclaró el jefe de la Gendarmería dudas sobre las limitaciones en este estado de sitio: "No vamos a pararnos en cada esquina a pedir documentos, no tiene sentido ese control ni prohibir reuniones. Tampoco se impedirán manifestaciones. Sí se actuará con máxima dureza cuando se esté ante un disturbio.

"Hay que recuperar el principio de autoridad, porque hay una sensación generalizada de impunidad. Nosotros vamos a dar indicaciones mesuradas, pero no se dude de que vamos a usar toda la violencia que haga falta para hacer cesar el desborde", afirmó Miranda.

Anoche, la Gendarmería esperaba una decisión de la jueza federal María Servini de Cubría para patrullar la ciudad de Buenos Aires.

La rapiña en la Capital Federal horas después de conocerse la renuncia de De la Rúa demostraba que pacificar el país no será una tarea sencilla y menos que ocurrirá en pocas horas. Los destacamentos móviles de Córdoba y Santiago del Estero se dirigían hacia Buenos Aires.

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