Las jornadas de una gestión controvertida

Balance: desde que asumió, el 10 de diciembre, una polémica constante signó los días de Rico como ministro de Seguridad.
(0)
31 de marzo de 2000  

LA PLATA.- Cuando Carlos Ruckauf fue consultado, en octubre último, sobre quién sería su ministro de Seguridad, respondió sin dudar: "Aldo Rico", y lo explicó: "Es un intendente que fue elegido por dos veces consecutivas y es el hombre con la capacidad suficiente para adiestrar y conducir una fuerza de seguridad como la que yo quiero".

Para muchos, Ruckauf había caído en la antigua trampa de suponer que un militar podía subordinar a 45.000 policías, gente de contacto cotidiano con la calle y con sus trampas, también por su profesión.

Tras jurar, el 10 de diciembre, como ministro de Seguridad de la provincia, Aldo Rico anunció el pase a retiro de la entonces cúpula policial. La conducción de la policía provincial quedó en manos del comisario general Ramón Oreste Verón.

Fue en Pinamar, el 5 de enero, que el ex carapintada amenazó a los reporteros gráficos. "A éstos les voy a mandar a la policía para que los siga", dijo. La bravata fue el primer traspié del ex carapintada.

El 4 de enero, y por espacio de 72 horas, los taxistas de La Plata paralizaron la ciudad. Reclamaban mayor seguridad tras el homicidio de un colega. Hubo dos detenidos por ese crimen y el caso se consideró, policialmente, esclarecido.

El 19 de enero, el Ministerio de Justicia publicó una estadística que aseguraba que, en diciembre de 1999, se habían esclarecido 20 de los homicidios más notorios registrados en la provincia, sobre un total de 206 producidos en algo más de un mes.

Día fatal

El 20 de marzo, Rico llamó a conferencia de prensa para anunciar la resolución del crimen y posterior descuartizamiento de una alternadora.

No fue ésa su mejor jornada. Allí mismo tiró a los leones a su viejo amigo Carlos El Indio Castillo, señalándolo como custodio del presidente Fernando de la Rúa.

Se sabe, el de la foto era un oficial de apellido Beraldi y el día en que se sacó esa foto, El Indio Castillo ya estaba preso en Paraná, por no pagar el alojamiento en un hotel.

El jueves 23, Rico viajó a Azul y allí la emprendió contra los jueces. "Prefieren irse a un country en lugar de trabajar", dijo con su conocida sorna.

Pero, posiblemente, la caída de Rico responda más a una distracción que a una malicia. Cuando decidió desprenderse de Castillo, no previó que el hombre iba a contestar con ira.

Así fue. El Indio habló de un supuesto pago a los convencionales del Modín por parte de Eduardo Duhalde, para que se aprobara la reforma constitucional en la provincia.

Los políticos de la Alianza y los jueces de todo el distrito vieron la huella en la bruma: hasta ese momento, Rico había sido acusado de todo, menos de corrupto.

A partir de allí, quedó herido de un ala.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?