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Las nuevas enseñanzas del ministro de Seguridad

Por Héctor D´Amico De la Redacción de LA NACION
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24 de marzo de 2000  

La pirueta política con la que Aldo Rico intentó dañar la imagen del presidente, Fernando de la Rúa, se convirtió, de pronto, en lo que puede ser considerado como el último blooper carapintada. Un blooper que deja algunas enseñanzas valiosas en una democracia.

Los hechos de esta historia, en síntesis, son éstos.

Rico le entregó la semana última a los periodistas una fotografía que mostraba al Presidente junto a Carlos "El Indio" Castillo, un ex matón del sindicato marítimo, investigado por varios homicidios, acusado de haber intentado asesinar a un intendente en Entre Ríos, fervoroso defensor de la última revuelta militar en el país, y en su momento hombre de confianza del propio Aldo Rico.

Por si la foto no bastaba, el ministro de Seguridad del gobierno bonaerense de Carlos Ruckauf le sugirió a los hombres de prensa que El Indio ahora formaba parte de la custodia presidencial. La mecha del escándalo estaba encendida.

Como Groucho Marx

La primera sorpresa de esta torpe maniobra de inteligencia, desbaratada ayer por la tarde al confirmarse que el hombre que está junto a De la Rúa es un oficial de la Policía Federal, y no El Indio, es que algo sustancial ha cambiado en las convicciones de Aldo Rico.

Lo previsible, siguiendo sus costumbres, es que le arrojase al Presidente un hombre de izquierda, algún ex guerrillero, no uno de derecha que, además, gozó de su aprecio. Es la primera vez que Rico utiliza munición carapintada para dañar a alguno de sus adversarios.

Llevó al límite del absurdo el viejo chiste de Groucho Marx, que jamás quiso ser aceptado como miembro de un club que contase entre sus socios a gente como él.

El dato nuevo entonces es que Barrabás se queja de los ladrones y Pinochet se entusiasma con las banderas de los derechos humanos.

Las dudas

Hay otra lección en esta historia de falsos guardaespaldas. Y es que maniobras que podían ser efectivas en otros tiempos, por ejemplo durante el Proceso de Reorganización Nacional, con la luz de la democracia se convierten en un boomerang.

El Indio, con su pesada y turbia historia procesal, aterrizó ayer por la tarde sobre el mismo ministro de Seguridad que lo había imaginado como proyectil.

Para el ciudadano común, esta operación que debió ser una operación de inteligencia, deja dos dudas muy incómodas.

¿Va a permitir el gobernador Ruckauf que el ministro que tiene a su cargo la seguridad de la geografía más violenta del país siga jugando a estos juegos?

¿Qué pueden esperar los habitantes de un país en el cual un ministro, que es jefe político directo de 45.000 hombres armados, se atreve a tanto contra el propio Presidente?

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