Llegar a la verdad con el aporte de la ciencia

Luis Alberto Kvitko
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12 de marzo de 2015  

La medicina legal es una especialidad médica de neta raigambre científica. De ello no hay duda alguna. Como ciencia tienes sus conocimientos propios, sus procedimientos y sus criterios. Y entre sus múltiples campos de incumbencia se encuentra uno muy especial: la investigación de la muerte.

A tales efectos existen criterios incuestionables: a) lo fundamental es no tocar, ni mover, cambiar ni sacar ni poner nada; es decir, no hacer nada: se debe preservar el lugar; b) el primer profesional que trabaja en la escena del crimen es el médico legista, acompañado de un fotógrafo; c) nadie, excepto estos dos profesionales y, después de ellos, los integrantes de las restantes ciencias forenses, debe permanecer en el lugar; d) la escena del crimen no es exclusivamente el baño o el dormitorio donde se encuentra el cadáver, sino todo el departamento o la casa o baldío donde se encuentre.

Existen tres aforismos: a) el estudio médico-legal de la escena del crimen representa las tres cuartas partes de la autopsia; b) en la investigación criminal el tiempo que pasa es la verdad que huye, y c) no existen crímenes perfectos, existen investigaciones imperfectas.

La autopsia completa, el estudio del cadáver y sus hallazgos directos, sumados a los que arrojan los estudios complementarios (anatomopatología, laboratorio, toxicología y genética), permiten tener un conocimiento total de los elementos de juicio que llevarán a las consideraciones y, por fin, la conclusión diagnóstica del tipo de muerte violenta (suicida, homicida o accidental).

Nadie discute seriamente el empleo de las fotografías y/o filmaciones obtenidas durante el examen del cadáver en la escena del crimen, sumadas a las de la práctica de la autopsia. Más aun, ese aporte de la fotografía médico-legal, policial o judicial sirve como prueba de los profesionales actuantes en estas diligencias, sirve para que puedan probar que lo que informan en sus peritaciones es lo que realmente constataron. Más aun, siempre es de buena práctica que los médicos legistas actuantes estudien las fotografías obtenidas, pues muchas veces sucede que se descubren importantes elementos que pudieron haber pasado inadvertidos en el lugar del hecho o durante la práctica de la autopsia.

En el caso que nos ocupa se han infringido principios fundamentales que no pueden dejar de señalarse. Entre ellos, la presencia de varias personas al momento de descubrirse la muerte, que, a no dudar, aún sin intención contaminaron el lugar.

Con respecto a la discrepancia entre las peritaciones del médico forense que realizó la autopsia y los integrantes del equipo asesor de la jueza Arroyo Salgado, debo señalar que los Dres. Osvaldo Raffo y Julio Ravioli han sido integrantes del Cuerpo Médico Forense. No es posible dudar de la competencia del perito oficial ni de los mencionados, pero estos últimos han contado con toda la información de interés médico-legal y la realización de una junta médica permitirá que exista un intercambio de criterios, ya que -tal como está planteada la situación- es imprescindible que se lleve a cabo.

Finalmente, debo destacar dos cuestiones: a) quien es verdadero perito es siempre perito de la verdad. Aunque alguien lo contrate deberá tener un objetivo inmodificable: informar lo que afirma con el necesario sustento científico; contrario sensu sería un mercader vendedor de su firma, y b) que quienes no saben y, si ello es así, carecen de experiencia como médicos legistas se llamen a silencio, del mismo modo que muchos otros, sin siquiera ser médicos, declaran lo que ignoran.

El autor es experto en medicina legal

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