Lo que se propone Rodríguez Saá

Por Paola Juárez De la Redacción de LA NACION
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26 de diciembre de 2001  

En las últimas 72 horas, las primeras de su gobierno, Adolfo Rodríguez Saá instaló en la Casa Rosada un estilo: el vértigo. También definió los tres ejes de su gestión: un ambicioso plan laboral que ya se puso en marcha, uno de austeridad (incluye recorte de sueldos y de beneficios para funcionarios) y la creación de una moneda no convertible (argentino), con la que intentará evitar la devaluación del peso.

El Presidente sólo suspendió la actividad oficial por la Nochebuena (estuvo en San Luis) y ayer volvió a su despacho para analizar qué gastos superfluos eliminará del presupuesto del año próximo, que Domingo Cavallo había enviado al Congreso sin lograr que se debatiera.

Tal era el optimismo ayer en el despacho presidencial, que uno de los hombres fuertes del Gobierno (el Presidente delega en él poder y le pide consejos) arriesgó ante LA NACION que ahora irán por la creación de dos millones de puestos de trabajo. Descuentan que Rodríguez Saá cumplirá con su primera promesa presidencial: antes de que termine enero habrá un millón de puestos de trabajo más en la Argentina.

En 48 horas, el ministro del Interior, Rodolfo Gabrielli, firmó convenios con las provincias,Fuerzas Armadas, con una organización de desocupados y con la AMIA: entregó 120 mil planes de empleo que se pagarán con bonos Lecop ($ 200) y durarán tres meses, con la opción de renovarse.

Una fuente del Ministerio del Interior señaló ayer a LA NACION que tienen la orden del Presidente de no perder ni un solo día para avanzar en planes laborales más ambiciosos que los subsidios ya instrumentados.

"Dejamos la velocidad De la Rúa para ir a 3000 kilómetros por hora", dijo a LA NACION el secretario general de la Presidencia, Luis Lusquiños, la mano derecha del Presidente, antes de que ayer se comenzaron a analizar los recortes de gastos superfluos que se harían en el presupuesto. En el Gobierno hablan de "gerenciamiento", es decir, reasignación de recursos.

"El Adolfo (como le dicen al Presidente los que integran su círculo íntimo) es un especialista en eso", contó. Justo ingresó en el despacho de la Secretaría General de la Presidencia una diputada de San Luis con un reclamo: "¿Dónde están los lápices rojos del Presidente?" No había ninguno y tuvo que irse a otro lado.

Rodríguez Saá era famoso en su provincia por usar lápices de carpintero, rojos y de punta gruesa, ideales para tachar. No abandonó esa costumbre y la llevó a la Casa Rosada. Si él tacha algo, es difícil que se dé marcha atrás con la decisión.

Con esos lápices tachó de la lista de gastos el uso de los automóviles oficiales para todos los funcionarios, beneficio que sólo puede tener él por la función que cumple. Hasta habrían quitado la custodia de algunos funcionarios que, según comentaron ayer en la Casa Rosada, era excesiva.

Después del gran impacto que produjo su anuncio de la suspensión del pago de la deuda externa por un tiempo determinado, el Presidente apuesta en lo que resta de su mandato a mostrar una gestión eficiente, activa y sobre la base de hechos concretos. Por eso, Rodríguez Saá tiene decidido sólo hablar para hacer anuncios que ya haya puesto en marcha y, así, tampoco tendría un vocero, según confiaron a LA NACION dos fuentes que están cerca del Presidente.

Rodríguez Saá tiene por delante casi 90 días para ejercer el poder, si se suman a los 60 días previstos para su mandato interino, 30 más hasta que asuma el nuevo presidente, que resultará de las elecciones presidenciales del 3 de marzo próximo.

Algunos gobernadores, entre ellos Carlos Ruckauf (Buenos Aires) y José Manuel de la Sota (Córdoba), firmes candidatos en las próximas elecciones de marzo, ya vieron con cierta preocupación los ambiciosos planes lanzados por el Presidente en sólo 72 horas de mandato. "O son imposibles los planes, o los ejecuta y vamos a tener que sacarlo de la Casa Rosada con un matafuegos", dijo un asesor de uno de esos gobernadores.

El desafío económico

La estrategia que el Presidente diseñó para su sorpresiva e inimaginable llegada al poder fue definida por él, su hermano -el ex senador Alberto- y por Lusquiños. La línea general del Gobierno será incluir a todos los sectores y comprometerlos con la salida de la crisis. Los adolfistas aseguran que el ex presidente Fernando de la Rúa se caracterizó por "expulsar" a todos de su gobierno. Ellos quieren hacer lo contrario, y en ese contexto se incluye la visita, por ejemplo, de los líderes piqueteros a la Rosada.

El Presidente cree que los mercados soportarán su audaz anuncio sobre la suspensión del pago de la deuda externa, aunque algunos funcionarios temen que con la reapertura de los bancos se produzca un rechazo enérgico a sus anuncios que comenzaron apenas asumió. El sólo admite que su gestión sufrirá una caída cuando realice el lanzamiento de la tercera moneda que circularía en el país (argentino). "Eso será lo más difícil", afirmó Rodríguez Saá ayer mientras repasaba sus próximas decisiones.

Intentará contener los reclamos de los sectores más conflictivos que se expresaron durante el gobierno delarruista: los piqueteros (con parte de ellos ya acordó al entregarles planes de empleo) y los sindicalistas. A este último sector intenta seducirlo con el llamado al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil para disponer un aumento de este sueldo, un viejo reclamo de los gremialistas.

El Presidente ratificará hoy esa decisión en su primera visita a la CGT, donde se reunirá con sus dos caras, la rebelde (que lidera Hugo Moyano) y la dialoguista (Rodolfo Daer). Según pudo saber LA NACION de una fuente con poder de decisión sobre este punto, por ahora sólo existe la intención de reabrir el Consejo del Salario, pero no de elevar el sueldo a $ 450.

Después intentará llegar a algún acuerdo con el gremio docente, que ya le hizo saber su malestar frente al cierre del Ministerio de Educación. Los gobernadores del PJ hace tiempo que le reclamaban a De la Rúa que eliminara los ministerios de Salud, Trabajo y Educación; Rodríguez Saá sólo mantuvo el de Trabajo.

El Gobierno no quiere tener en su corta estada en el poder conflictos gremiales (por eso también en el Ministerio del Interior comenzaron a cancelarse deudas con algunos gremios). También quiere evitar estallidos sociales y cortes de ruta, y ésa es una de sus prioridades; los planes de empleos (aunque se trate de subsidios de tres meses) apuntan a conseguir una imagen de "tranquilidad con trabajo" (según definió uno de sus asesores), que no tengan nada que ver con lo que se vivió en los últimos días de Fernando de la Rúa como presidente.

El otro de sus objetivos es obtener un apoyo internacional (ya recibió el respaldo de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia, Brasil y España), que le sirva para sostener su audaz apuesta de suspender el pago de la deuda externa en medio de la crítica situación económica y social.

Quedarse si lo piden

Si consigue reactivar la economía en el breve tiempo de su gobierno, aunque sea unos puntos, impulsará la instrumentación de avances informáticos como la instalación de la fibra óptica en todo el país (una fuente que trabaja en el tema señaló que ya estarían en condiciones de recibir créditos con tasas al 2 por ciento para comenzar las obras).

Todos los planes de Rodríguez Saá para sus 60 días en el poder no sólo demuestran su ambición de liderar una gestión exitosa, sino de querer quedarse en el poder. "No haremos nada para extender el período", dijo ayer Lusquiños, el hombre que sostiene que la única forma de duplicar el mandato es trabajando "60 días y 60 noches".

Sin embargo, según pudo saber LA NACION, una buena gestión del Presidente sería, según algunos de sus asesores, un argumento contundente para que los gobernadores peronistas que quieren sucederlo acuerden suspender las elecciones.

En el entorno presidencial advierten que su jefe no piensa en cómo hará para no tener que ponerle la banda a otro ("si no, no podría gobernar", dicen). Pero, al mismo tiempo, señalan que dentro de 60 días a la gente se le podrían ir las ganas de votar porque querrían que Rodríguez Saá siga. Eso sólo sería posible mediante un acuerdo político (primero en el PJ y después con los otros partidos) por el cual se suspendan los comicios. De eso se habla cerca de Rodríguez Saá.

El nuevo estilo de vértigo y grandes ambiciones de gobierno ya se instaló.

El Presidente, con su sonrisa permanente que ya compite con la típica de Ruckauf, peleará los próximos 60 días para que ese gesto no se le borre.

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