Los ahorristas cambiaron los bancos por la Bolsa

El temor impulsó una ola de compras
Javier Blanco
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7 de diciembre de 2001  

La posibilidad de una próxima devaluación de la moneda o una confiscación de los depósitos, repetidamente negada desde el Gobierno, parece ser una opción cierta en la mente de los inversores y ahorristas locales que ayer no dudaron en resignar valor al emprender una desesperada fuga hacia colocaciones que juzgan como más seguras.

La conducta que adoptan es demostrativa del grado de desconfianza que los ha invadido. Y las fragmentadas imágenes que ayer pudieron recogerse lo testimonian:

  • Ahorristas que se agolpaban frente a las casas de cambio para comprar dólares hasta a $ 110 por cada US$ 100.
  • Depositantes que abandonaban los bancos para trasladar sus colocaciones a cuentas comitentes que los habilitan para adquirir acciones en la Bolsa porteña, en el convencimiento de que podrán escapar del escenario que imaginan como más probable tomando posición en papeles de empresas que se han internacionalizado o colocan la mayor parte de sus ventas en el exterior, por lo que tendrían asegurado un flujo de ingresos en divisas que, ante una devaluación local, les haría perder menos valor del que podría resignar el peso.
  • Bancos que volvieron a pugnar por hacerse de fondos, lo que muestra que la ola de desconfianza vuelve a presionar su base de depositantes.
  • Lo concreto fue que numerosos inversores (entre los que podían identificarse aquellos más sofisticados y los más novatos) se volcaron ayer a la compra de acciones y provocaron una estampida en la Bolsa de Comercio que dejó al índice Merval de las acciones líderes con una ganancia del 10,58% (fue del 4,7 al 12% a lo largo del día) y elevó el volumen de los negocios levemente por encima de los $ 25 millones, la mayor cifra del último mes y seis veces superior al monto negociado el lunes, cuando se pusieron en vigencia las restricciones al movimiento de efectivo.

    La suba fue considerada por muchos analistas como " exagerada" y fruto del escenario "de espanto e irracionalidad económica que se vive", explicó Rafael Ber, analista de la consultora privada Argentine Research.

    "La gente piensa que le pueden congelar o sacar su plazo fijo y para protegerse compra acciones con el dinero que tenía en los bancos", explicó. El furor por la compra de acciones -que ya se había insinuado anteayer- se acrecentó luego de que el FMI admitió que frenó un desembolso de US$ 1260 millones.

    Otros inversores siguen usando el camino bursátil como una opción para sacar dinero del país, aunque a un costo elevado. El método consiste en adquirir localmente activos (acciones o títulos) que pueden venderse en Nueva York para hacerse de dólares en efectivo que quedan depositados en aquel país. El mecanismo supone validar una quita, dado el diferencial de precios existentes entre ambos mercados y la elevada comisión que cobran los agentes que ofrecen esta vía.

    "La gente compra acciones porque ve que están más cerca de su mano que sus plazos fijos", señaló Darío Lewcowicz, del Banco Exprinter.

    Este movimiento se detecta cuando se observa que las empresas que cotizan aquí y en Wall Street terminaron ayer valiendo en Buenos Aires hasta un 25% más que en los Estados Unidos, donde su valor está afectado por la inmediata venta.

    De esta manera quedó claro que la imposibilidad de retirar libremente los depósitos bancarios en efectivo y el pico de desconfianza que se vivió ayudó a que electrónicamente se giraran los fondos a la Bolsa.

    Riesgo país

    La compra de algunos bonos activó una baja de 31 puntos en la tasa de riesgos, que cerró debajo de los 4000 puntos (en 3988 unidades), en una jornada en la que los precios se mostraron muy volátiles.

    Lo paradojal es que en el peor momento de la crisis la Bolsa acumula un alza del 25,19% en lo que va del mes.

    Y lo preocupante es que pese a las restricciones que existen para el retiro de depósitos, las tasas interbancarias se mantuvieron en niveles altos del orden del 25% anual en dólares, en operaciones por un día.

    El pernicioso efecto que el persistente alza del costo del dinero tiene para la actividad queda al descubierto al observarse que firmas de reconocida solvencia que pidieron recursos afrontaron tasas del 40% anual en dólares para acceder al crédito.

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