Los círculos que definirán quién será el próximo presidente

Damián Nabot
Damián Nabot LA NACION
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6 de julio de 2019  

La política argentina se define dentro de poco más de un mes entre dos círculos. El "círculo virtuoso" y el "circulo vicioso", los adjetivan en la Casa Rosada. El kirchnerismo prefiere otros calificativos, pero le presta igual atención a la dinámica circular que muestra el proceso electoral .

El primer círculo, el "virtuoso" en la terminología macrista, alude a la retroalimentación entre la tranquilidad financiera y la lenta recuperación de la imagen del presidente Mauricio Macri .

La posibilidad de una continuidad sin sobresaltos tranquiliza a los mercados y sus efectos estabilizadores favorecen, a su vez, la posición electoral del oficialismo. Ambos fenómenos se alimentan mutuamente. El kirchnerismo aporta una ayuda inesperada para el mismo circuito: se esforzó en moderar su discurso camporista para capturar al votante del medio y en su esmero alejó los peores espectros del mercado. En contra de sus deseos, el discurso asimilable de Alberto Fernández colabora con las necesidades financieras de Macri.

El segundo círculo, el "vicioso", resume el trance electoral que el Gobierno necesita desterrar para darle verosimilitud a un segundo mandato. Alude a un escenario donde el kirchnerismo logra una ventaja tan significativa en las elecciones primarias que los mercados interpretan irrecuperable para el Gobierno.

En esa circunstancia, el resultado revive los espectros y las variables financieras se desestabilizan, en desmedro de las posibilidades electorales de Macri. Es la predicción que el macrismo trabaja por erradicar del futuro, un círculo donde se retroalimentan las malas noticias para el Gobierno.

En los informes que circulan en los fondos de inversión, una brecha de 10 puntos entre la primera fórmula y la segunda es leída como irreparable. Mientras que una diferencia cercana a 5 puntos sería interpretada como una buena noticia para Juntos por el Cambio, que muestra mayor capacidad de capturar adhesiones entre los votantes de otras fuerzas.

La polarización en la provincia de Buenos Aires, el distrito más poblado, alcanza niveles astronómicos.

Hubo encuestadores que le aseguraron a la gobernadora María Eugenia Vidal que las dos fuerzas principales se llevan el 80% del electorado. Ya no existen los tercios.

En el terreno bonaerense se define la compulsa determinante y Vidal enfrenta la cuesta más empinada. Pero el final se mantiene aún abierto. De ahí las miradas suspicaces sobre los intendentes y la convicción de que, más allá de los gestos, muchos repartirán sigilosamente boletas con diferentes candidatos a gobernador. La única ley de hierro que prima es la autopreservación.

El peronismo mantiene su ventaja en la provincia, aunque el carácter forastero de Axel Kicillof conspira contra las lealtades de los barones bonaerenses. Algunos incluso todavía no olvidan que se creían predestinados para la candidatura a gobernador que finalmente le entregó Cristina Fernández de Kirchner a su último ministro de Economía. ¿Acaso el matancero Fernando Espinoza no llamó a dirigentes oficialistas y opositores para comentarles sus planes para la provincia una semana antes de enterarse de que el ungido era Kicillof? Algunos en La Matanza todavía recuerdan sus llamadas con candidez.

A lo largo de su mandato, la gobernadora Vidal optó por la negociación con los intendentes. En los criterios más restrictivos de la Casa Rosada, el buen diálogo de los barones con el gabinete bonaerense hasta podría resultar excesivo. Pero a los jefes comunales les sirvió para atravesar con comodidad envidiable los últimos cuatro años de gestión macrista.

Las penurias judiciales que enfrentó el kirchnerismo pasaron lejos de los intendentes a pesar de las obras públicas compartidas durante la gestión de Julio De Vido, el exministro de Planificación Federal que está preso.

Años atrás, por caso, uno podía descubrir en el cumpleaños del intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, a José María Olazagasti, mano derecha de De Vido, sentado a la mesa principal. Una imagen entrañable de los festejos en su casa de descanso, en un barrio de chacras de la provincia. Uno conoció la cárcel, el otro va por la reelección. Contrastes contemporáneos.

Los reposicionamientos electorales esconden sorpresas. Lo comprobó Miguel Ángel Pichetto. Después de las diferencias que se abrieron en mayo cuando parecía que la Corte Suprema frenaba el juicio por corrupción en la obra pública en Santa Cruz, el senador recibió una llamada caballerosa de Ricardo Lorenzetti para saludarlo por su candidatura a vicepresidente. Los finales abiertos están volviendo precavidos a todos los actores.

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