Los diplomáticos no creen que deserte

Embajadores y observadores extranjeros coinciden en afirmar que les costaría creer que Menem renuncie
Jorge Elías
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13 de mayo de 2003  

En una reunión social, un diplomático europeo recordó una frase trillada de Carlos Menem: "A los tibios los vomita Dios". Quiso decir, sin connotaciones bíblicas, que no creía que fuera a desertar antes de las elecciones, por más que las encuestas bendigan a Néstor Kirchner.

No todos aprobaron su impresión: otro diplomático, de origen latinoamericano, casi aceptaba apuestas sobre tal posibilidad, seguro de que "para el ballottage, como para el tango, se necesitan dos".

La ola de rumores, y de especulaciones, sobre la virtual deserción de Menem ha generado otra ola en ámbitos diplomáticos extranjeros: la dificultad de entender, y de explicar, los usos y costumbres del país.

Pocos en el exterior creían, en realidad, que regresara. Ya en enero de 2000, después de la asunción de Fernando de la Rúa, una fuente del Departamento de Estado había advertido a LA NACION que era el final de la era Menem. La vuelta a las andadas, con las críticas al gobierno de Eduardo Duhalde, significó, a sus ojos, un giro de tuerca. O, acaso, el prólogo de una cruzada mayor.

En ello, la mayoría de los gobiernos extranjeros se ha mostrado, al menos en público, como mera espectadora. Sin intención de involucrarse en las cuestiones políticas en tanto no sean resueltas las cuestiones económicas. Como la rentabilidad escasa de las compañías que han invertido en servicios públicos, así como el futuro de los bancos, enumeraron.

El fenómeno Lula

¿Qué importancia, o peso, tienen los gobiernos extranjeros en estas circunstancias? En negociaciones con Ricardo López Murphy durante la campaña reciente, el consultor político brasileño Chico Santa Rita acusó recibo de un encargo: "Una de las tareas que me encomendaron era concertar un encuentro del candidato con Lula", dijo. Era un hecho si hubiera llegado a un acuerdo con él.

La audiencia de Kirchner con Lula, así como la cita con Ricardo Lagos en Santiago, vino a confirmar el interés de trascender fronteras, de modo de sumar apoyos afuera, acaso contra Menem, y de cosecharlos adentro.

Santa Rita, contracara de Duda Mendonça en el asesoramiento de políticos, convino en el peso de la imagen en vísperas del ballottage: "Parece que los argentinos ven en Lula a una especie de salvador de la patria", dijo.

La visita de Kirchner estuvo precedida de gestos recíprocos de ambos gobiernos: la abstención argentina en reprobar a Cuba en Ginebra, atribuida por Duhalde a una coordinación diplomática con Brasil, y el anuncio del desembolso de US$1000 millones del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social en momentos en que la Argentina, en default, tiene más débitos que créditos en el exterior.

"Me parece extraño que el presidente de Brasil tenga una influencia tan grande en las elecciones argentinas -dijo Santa Rita a LA NACION-. Eso puede deberse, por un lado, al desconocimiento de la situación real de Brasil y, por otro, imagino, a una actitud simplemente electoral."

¿Es Lula, no más? Tanto él como Lagos coinciden en un punto: el aprecio escaso, o nulo, a la posibilidad de que Menem sea presidente. En un caso, por dardos cruzados; en el otro, por el eventual respaldo, si gana, a la derecha chilena, encarnada en Joaquín Lavín, frente a la alianza gobernante, la Concertación.

De ahí que, por ejemplo, el senador Adolfo Zaldívar, presidente de la democracia cristiana chilena, cada vez más lejos de los socialistas de Lagos, haya hecho un viaje relámpago a Buenos Aires con la excusa de reunirse con Duhalde y los candidatos. Pero, curiosamente, López Murphy estaba en Junín, Adolfo Rodríguez Saá estaba en San Luis y Menem estaba un poco más lejos. ¡En Jujuy! Sólo vio a Kirchner, patagónico como él e hijo de una chilena. Un atenuante familiar si de Cecilia Bolocco, como factor político y pareja en el tango, se trata.

Una guerra en la que nadie dimite

Mientras crecen las versiones sobre la renuncia de Carlos Menem al ballottage, en la calle los candidatos siguen sin darse tregua y ayer aparecieron nuevos carteles y más merchandising electoral.

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